Última prioridad-La Policía

Jonathan Flores Mata/Expolicía

Directivo Nacional de ANEP


A lo largo de los años, tanto en medios de comunicación, como en redes sociales, en variadas ocasiones se han expuesto las pésimas condiciones de la infraestructura de las delegaciones policiales. Y esto no solo sucede en Fuerza Pública, donde el problema es más grande, sin lugar a dudas, por su mayor población. Dicha problemática se extiende también a otros Cuerpos Policiales; como la Policía Profesional de Migración, Policía de Tránsito y Policía de Fronteras, por citar solo algunos ejemplos.


Ahora bien, pese a que los recursos de amparo, órdenes sanitarias, de clausura, y cierre, se apilan una encima de la otra, el problema no se resuelve. La excusa es la de siempre, falta de presupuesto. En efecto, se requiere de una considerable cantidad de millones de inversión, porque en materia de seguridad ciudadana no existe el gasto, solo la inversión (excepto cuando se trata de compras locas y de vehículos de lujo, como las hechas en la Administración pasada). Sin embargo, es menester preguntarnos: ¿Es imposible arreglar de una vez por todas el asunto?


Hemos visto como desfilan los gobiernos y destinan cientos de millones en carreteras, que al poco tiempo se encuentran en mal estado, en puentes “temporales”, en mejoras de rutas comerciales y viajes innecesarios de asesores de altas mandos gubernamentales. No se puede dejar de mencionar la millonada desperdiciada (si, desperdiciada) por Costa Rica en sus esfuerzos por ingresar a la OCDE, la mega construcción del búnker de la Asamblea Legislativa, y ni qué decir del absurdo proyecto del tren. Del tópico de la corrupción lo dejamos de lado, o no terminamos nunca..


Es decir, posibilidades económicas de arreglar el problema de las delegaciones policiales “cuchitriles”, que se les salen las aguas negras, con cableado eléctrico expuesto, huecos en el techo y hasta sin servicios básicos como agua potable; existen. Lo que no existe es una correcta inversión del presupuesto para dotar de condiciones dignas a las personas que arriesgan su vida a diario, para intentar conservar el orden de nuestra sociedad, tarea cada vez más difícil y peligrosa, dicho sea de paso.


Tal circunstancia evidencia que dotar a las y los policías de centros de trabajo que no expongan a más peligro a estos trabajadores y trabajadoras, no se encuentra entre las prioridades de la cuestionable clase política predominante en Costa Rica. La razón es muy sencilla de comprender: este no es un punto de agenda de la clase económicamente poderosa, que maneja a su antojo a los políticos de turno, a los que les patrocinó la campaña.


Hoy por hoy, cuando asecha el peligro indiscriminado de la pandemia por todos conocida, del covid-19, circunstancias como el hacinamiento dejan de ser un problema para la salud de los oficiales y sus familias, para convertirse en un riesgo para toda la sociedad costarricense y más allá. Cuidado, que nuestros oficiales de policía se pueden convertir en focos andantes de contagio, por la irresponsabilidad acumulada del gobierno y sus absurdas prioridades.


Hace unos días, en ANEP se recibieron fotos actuales, de hacinamientos increíbles e irresponsables, de policías en el propio centro de la capital (Policía Metropolitana), si, el lugar con más contagios a nivel nacional. Se consultó al ministro de seguridad, quien, a su vez, esquivando sus responsabilidades, delegó la respuesta al viceministro. La contestación se resume en: “…sabemos que hay problemas. Estamos en espera del préstamo del BID para arreglarlo…”


Por mientras el peligro se mantiene, seguimos esperando respuestas honestas, acciones verdaderas y tangibles, que se deje de lado la politiquería y se respete la dignidad de las y los policías de nuestro país. Y bueno, también se incrementa el riesgo de contagio a nivel nacional, si, riesgo patrocinado por el propio Gobierno de la República.


Ya es momento que se entienda que todo lo concerniente a la seguridad ciudadana debe convertirse en prioridad desinteresada, de quien quiera que sea que esté al mando del país, claro está, salvo que apoye la comisión de crímenes. Por supuesto, subsanar de una vez por todas esta constante falta de respeto a la dignidad de las y los policías, por las asquerosas delegaciones en las que se les obliga a trabajar, debe ser parte de dicha prioridad.


Mientras esa utopía se cumple, solo queda cruzar los dedos y elevar las plegarias en la fe de cada quien, para que estas vergonzosas condiciones laborales no incidan negativamente (más) y sean un elemento que impulse niveles de contagio y hospitalizaciones que se salgan del control de nuestro sistema de salud.


Saber que hay problemas no basta señor viceministro, se requieren acciones. Lamentarse luego, o pedir perdón, no servirá de nada.



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