Actitud vs titulitis y titulomanía

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


He venido observando una tendencia o moda que se está imponiendo en nuestra sociedad en general y que francamente es muy preocupante. Se trata de la hoy tan difundida moda que vengo llamando del “Titulitis” y “Titulomanía”. Porque hoy pareciera que la mayor aspiración de las personas es llegar a obtener tres y hasta 4 títulos que los acredite como Máster, e incluso, y ojalá, un par de doctorados. Lo anterior aun cuando no tienen la actitud ni el conocimiento necesario que respalden dichas credenciales.


Señalo para aclarar que estoy totalmente a favor de la superación académica e intelectual de las personas; es más, tengo la firme convicción de que estas son fundamentales para el desarrollo personal y consecuentemente, para el desarrollo de nuestra sociedad. Sin embargo, desde hace algún tiempo para acá, se ha vuelto más importante coleccionar títulos que obtener el conocimiento que estos acreditan.


El asunto es que, con tantos másteres y doctorados, nuestro país debería ser una maravilla, con una visión muy clara de su futuro y hacia a dónde se dirige y, del nivel de bienestar de ese futuro. Sin embargo, lo que observamos es que, como sociedad, estamos involucionando y retrocediendo. O sea, pareciera que la enorme inversión en educación (cercana al 8% del PIB) que con gran esfuerzo hacemos los costarricenses, no está dando los frutos ni los beneficios que esperamos de ese gran sacrificio ciudadano; sino, más bien, todo indica que dicha inversión está teniendo rendimientos decrecientes.


LA EDUCACIÓN, PIEDRA ANGULAR DEL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS


Pareciera una necedad decir que “la educación es la piedra angular del desarrollo de los pueblos”, pero es preferible insistir en este concepto fundamental porque no pareciera que estamos realmente conscientes de lo que en el fondo significa dicha máxima; o sea, del verdadero valor que en ella se encierra. Afirmo lo anterior ante la imposibilidad de entender ¿Por qué tenemos tan descuidada y en tan baja prioridad a la educación nacional?


Por todo lo anterior, es urgente que hagamos una revisión integral y exhaustiva de nuestro sistema educativo: sus concepciones, metas y objetivos, currículums y programas, sistemas de evaluación y mediciones de desempeño, etc. Todo lo anterior con vista a la siguiente realidad:


“La calidad de la educación de una nación es directamente proporcional

a su nivel de desarrollo”.


EL PODER DE LA ACTITUD


En general se puede decir que actitud es la disposición, comportamiento o manera de actuar de una persona ante cierto hecho o circunstancia. La actitud es uno de los aspectos más poderosos de nuestra vida, porque tiene el poder de definir lo que somos.


El gran Winston Churchill decía lo siguiente sobre la actitud:


La actitud es una pequeña cosa que hace

una gran diferencia


El Dr. Myles Munroe, q.d.D.g, en su libro “El Espíritu del Liderazgo” señala lo siguiente sobre la actitud:


La actitud determina en mucho la vida de las personas.

Puede llevarlos al éxito o al fracaso.

La actitud es la manifestación visible de quién cada uno cree que es.

Es más, en el fondo, una persona es su actitud, y su actitud es la persona.

La diferencia entre un seguidor y un líder es la actitud.

La actitud no se aprende. Cada uno es lo que piensa de sí mismo.

O sea, así como piensas de sí mismo, así eres y así actúas.


Como se puede ver, la actitud es fundamental en la vida de toda persona. Sin embargo, siendo lo que suele definirnos a todos, es curioso que nuestro sistema educativo no lo tome en cuenta para nada, aunque lo es todo.


Noten que, en una entrevista de trabajo, la mayoría de los entrevistadores suelen tomar en cuenta casi exclusivamente el currículum vitae del entrevistado. Sin embargo, éste dice muy poco o casi nada de su actitud, aspecto que sin duda alguna es siempre más importante que el currículum que suele registrar básicamente conocimiento.


Por eso, hoy más aún ante la creciente proliferación de la moda del titulitis ytitulomanía, un currículum puede tener un valor máximo de 25% de la calificación, y la actitud 75%. Lo anterior porque una persona con actitud puede adquirir conocimiento en un tiempo prudencial, mientras que una persona con conocimiento, pero sin actitud difícilmente podrá llegar a tener actitud.


¿Y CÓMO SE CAMBIA UNA ACTITUD?


Aunque no es fácil cambiar de actitud, no estamos condenados a vivir con nuestras actitudes actuales. Sí, podemos cambiar. El Dr. Myles Munroe lo explica de la siguiente manera:


Para que una persona cambie de actitud, debe cambiar sus creencias;

y para cambiar sus creencias, debes cambiar lo que piensas (o sea, debe cambiar sus pensamientos sobre sí mismo y sobre la vida).

Y lo que piensa depende de lo que sabe, o sea, de sus conocimientos.


Por eso, toda persona debe tener cuidado de los conocimientos que está adquiriendo y dando por buenos, porque de ellos depende su actitud ante la vida.


Lo anterior pone en perspectiva, la educación y formación que estamos dando a nuestros niños y jóvenes. Porque de esos conocimientos que van adquiriendo, dependerán sus creencias, y consecuentemente, su actitud. De modo que la actitud es el reflejo de la manera en que cada uno enfrenta la vida o a una circunstancia particular. El éxito y el fracaso, la fortaleza y la debilidad, son todos reflejos de la actitud de las personas.


Por tanto, la actitud es un elemento determinante en todo ser humano. Y siendo así, como se dijo antes, es curioso que se le dé tan poca importancia en nuestra sociedad actual.


Lo anterior explica en mucho porque el titulitis y titulomanía marcan y señalan la prioridad en la vida de muchos estudiantes e incluso, de tantos profesionales de hoy.


Concluyo emitiendo una fuerte voz de alerta sobre la necesidad de que todos y cada uno de nosotros, y nuestra sociedad como un todo, le pongamos más atención a la actitud, porque esta es muy poderosa, tanto así que en el fondo es la que nos define para bien y para mal. Asimismo, tengamos en cuenta que no son los títulos los que nos hace grandes profesionales, somos los profesionales los que engrandecemos nuestros títulos. Por lo tanto, abandonemos la fraudulenta e inútil moda del titulitis y titulomanía.

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