Apm Terminals ¿Nuestra “Mamita Yunai” del Siglo XXI?

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


He venido observando y analizando desde hace algunos años, la situación de los puertos del país en el Caribe, las decisiones que se han tomado al respecto, y confieso que no puedo más que horrorizarme por las políticas que se vienen implementando en nuestros puertos que representan una de las actividades más importantes y estratégicas para el país.


Nuestros puertos del Caribe y el largo camino hacia la emancipación nacional


Basta revisar nuestra historia patria para constatar la existencia de un largo y tortuoso camino que venimos recorriendo hacia nuestra verdadera emancipación. Porque la independencia nacional, no necesariamente es sinónimo de emancipación y control sobre las actividades básicas y fundamentales para el desarrollo nacional. Me explico, aún muchos años después de la declaratoria de nuestra independencia, nuestro país seguía manteniendo una serie de actividades estratégicas fuera la supervisión o control del Estado. Veamos algunas de estas:


  1. Los bancos costarricenses

  2. La electricidad y las telecomunicaciones

  3. Los ferrocarriles del Caribe

  4. El sistema de transporte público (tranvías)

  5. Los puertos

  6. Una provincia entera y un tercio de otra, prácticamente cedidas a la Compañía Bananera o Mamita Yunai (la Provincia de Limón y la parte Sur de la Provincias de Puntarenas); para señalar algunas.


El problema no era que estuvieran en manos privadas, sino que, eran monopolios prácticamente sin intervención ni control alguno del Estado costarricense.


Luego, vino un período en que tomamos conciencia de que muchas de esas actividades deberían estar bajo el control o supervisión del Estado. Y así entramos en un período de nacionalizaciones en que:


  1. Se nacionalizó la Banca y se creó una importante red nacional bancaria en todo el país

  2. Se creó el ICE para que se encargara del sistema eléctrico y más tarde de las telecomunicaciones.

  3. Se tomó control sobre los sistemas de transporte público, incluyendo los Ferrocarriles del Caribe, mal llamado al Atlántico.

  4. Se tomó control sobre los puertos del Caribe, invirtiendo en ellos y convirtiéndolos en uno de los complejos portuarios más eficientes de la América Latina.

  5. A consecuencia de lo anterior, la provincia de Limón y parte de la de Puntarenas se convirtieron en las regiones más liberadas de Costa Rica, dado que el país tomó control y comenzó a supervisar las principales actividades que se daban en estas zonas, etc.


Luego vino un período en que se vio la necesidad de abrir y participar al sector privado, en muchas de las actividades que realizaba el Estado en forma de monopolio. Actividades tales como:


  1. La bancaria

  2. Los seguros

  3. Las telecomunicaciones,

  4. La generación eléctrica con algunas restricciones

  5. La portuaria

  6. Las carreteras

  7. La educación superior, entre otras.


Dicha apertura forzó a las instituciones del Estado a mejorar para ser más eficientes y competitivas, y sin duda alguna, esto vino a elevar el nivel de los servicios que reciben los ciudadanos quienes son en última instancia la razón de ser de la prestación de los mismos. O sea, fue bueno sacar a las instituciones del Estado de la modorra o sopor en que se encontraban. Esto sin duda alguna, repercutió en la calidad de los servicios que recibían los costarricenses.


Algunas políticas antipatrióticas


Contrario a las condiciones de libre competencia que se suelen dar en algunos países grandes, señalo para recordar que, el diminuto tamaño de nuestro país, de su población, y consecuentemente de su mercado; impide la existencia de suficientes agentes o jugadores privados compitiendo en él; condición sine-qua-non o sin la cual no es posible la libre competencia. De tal manera que, ante el reducido número de participantes que pueden actuar en un mercado tan reducido, los pocos agentes inevitablemente tienden a entrar en colusión, o sea, suelen ponerse de acuerdo, y de esta manera convierten el mercado en un oligopolio. Por eso, para evitar la colusión que es uno de los peores azotes de los pueblos, el Estado costarricense suele ser uno de los participantes en dicho mercado, a fin de evitar la colusión entre los otros agentes que participan en el mercado.


Aquí nos estamos refiriendo a los casos de servicios estratégicos en que es indispensable salvaguardar muy celosamente el interés público.


El extraño caso de los puertos del Caribe


Llama poderosamente la atención que en pleno Siglo XXI, en materia portuaria estemos involucionando y regresando al triste período en nuestra historia que no quisiéramos recordar los costarricenses y mucho menos los limonenses: la época de la Mamita Yunai.


Por años se le ha mentido al pueblo costarricenses diciéndoles que nuestros puertos del Caribe en manos de JAPDEVA son un desastre. Esa ha sido de las peores mentiras que alevosamente se ha difundido, y que desgraciadamente, ha penetrado la psique colectiva de nuestro pueblo. Porque es todo lo contrario, por años y para orgullo nacional, nuestros puertos del Caribe han sido clasificados entre los 12 mejores y más eficientes de la América Latina, entre aproximadamente 130 puertos. Y, además, han sido sumamente competitivo en tarifas.


Y consecuentemente, al sustituir la verdad por la mentira durante tantos años, la mayoría de los costarricenses llegaron a creer esa mentira; y así se crearon las condiciones para que inventáramos a APM Terminals, asegurando de paso que sería mucho más eficiente en operación y precio que la para entonces muy “vilipendiada y desprestigiada” JAPDEVA. Hoy poco a poco Costa Rica está no sólo descubriendo la verdad ante el colapso de nuestras carreteras a consecuencia de las largas filas de camiones que se dan casi a diario con la operación de la nueva terminal, sino, y lo que es peor, su eficiencia que se debió traducir en menores tarifas, más bien ha resultado en un fiasco, pues resulta que APM Terminal cobra una tarifa más del doble del que cobraba JAPDEVA por el mismo servicio. Y, por cierto, la misma tiende a subir semestralmente por disposición del contrato.


¿Y por qué no hemos dejado que JAPDEVA compita con APM Terminals?


Otro extraño misterio es que, por ejemplo, en la actividad bancaria, la de los seguros, la de las telecomunicaciones y otras; acertadamente pusimos a nuestras empresas nacionales a competir. Sin embargo, en actividad portuaria no permitimos que JAPDEVA compita con APM Terminals. Si en verdad ésta es tan ineficiente como pregonaban algunos, entonces dejémosla competir de acuerdo con la política que hemos seguido con muchas otras actividades en el país. Pero no, por alguna muy extraña razón, preferimos liquidarla brutalmente para favorecer a una empresa extranjera que a la fecha ha probado ser mucho más ineficiente que JAPDEVA en todo.


¿Es APM Terminals nuestra nueva Mamita Yunai del Siglo XXI?


Tal ha sido el desastre que vivimos con el complejo portuario del país en el Caribe que algunos se han atrevido a proponer como solución, que se ignore algunos compromisos que tiene APM Terminals estipulados en el contrato, y que se le entregue las instalaciones portuarias nacionales actualmente en manos de JAPDEVA. De tal manera que, todo este desastre auto-infringido nos pone en el umbral de caer en manos de lo que sería nuestra Mamita Yunai del Siglo XXI: APM Terminals.


Concluyo declarando con gran tristeza una vez más: ¡Pobrecita Costa Rica!, ¡Pobrecito mi país! La Mamita Yunai, cuan fantasma sale de su tumba y nos acecha una vez más.

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