Benemeritazgo de la Fuerza Pública: ¿Reconocimiento a la Labor Policial o hipocresía Política?

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional de ANEP


Recibir el excepcional título de: “Benemérito de la Patria”, es un gigantesco honor; que no cualquier persona física, o institución, puede darse el lujo de obtener. Para comprender el calibre de este reconocimiento basta con voltear la vista hacia el Cuerpo de Bomberos de Costa Rica, o la Cruz Roja, ambas instituciones declaradas beneméritas, pues no hay duda alguna, de la nobleza de sus destacadas actuaciones a nivel social.


En vista de ello, es que el galardón de este título a la Fuerza Pública, aprobado recientemente en la Asamblea Legislativa con 41 votos a favor (el 100% de los legisladores presentes), infla de orgullo el pecho de muchas personas que tienen en alta estima al Ministerio de Seguridad Pública. Y también ha servido para escuchar los acostumbrados discursos gastados de políticos afirmando dar su apoyo a los héroes de azul.


En esa misma línea, es posible conjeturar que, el otorgar la distinción de institución benemérita de la patria, a nuestra policía administrativa, hasta el año 2019, constituye un resabio, en el reconocimiento de la importancia de las funciones de tan destacado cuerpo policial; sin embargo, como se enuncia popularmente: “mejor tarde que nunca”.


Ahora bien, para aquellos que tenemos el honor de compartir a diario, con los seres humanos que portan la distinguida casaca policial (en su momento este servidor estuvo en esa posición); lo acaecido merece ser visto con una óptica menos simplista que la de subirse a la carroza del triunfo al decir: “estoy de acuerdo, es justo, apoyo…”; y analizar, bajo el contexto actual, lo que realmente significa para los policías, el ser parte de una institución declarada Benemérita de la Patria.


Es justo en este punto donde se abre la polémica, que nuestra amada democracia nos permite compartir. No cabe duda alguna, que un cuerpo policial cuyos integrantes se enfrentan a diario con los más insolentes y violentos delincuentes, arriesgan su integridad al luchar contra estructuras de crimen organizado, les toca estar siempre en medio de los conflictos, peleas vecinales, trifulcas de barras de fútbol, violencias domésticas y multitudes de fervientes manifestantes que reclaman la pésima administración gubernamental, todo por una recompensa salarial exigua, como mínimo, merece el reconocimiento de marras, es innegable.


Pero, me pregunto: ¿Tan trascendente distinción realmente tiene algún efecto de motivación en los uniformados?


¿Es un verdadero reconocimiento a su importancia social, a sus funciones, o al sacrificio que su trabajo conlleva?


¿O se trata solo de un acto de la clase política para arrojarse flores con el discurso de que apoyan la gestión que hacen los policías?


Un oficial de policía, por el simple hecho de serlo, renuncia “ipso facto” al disfrute pleno de derechos como: ser electo en puestos de elección popular, la jornada mínima de trabajo, un ambiente familiar estable, el derecho a la salud y por si todo eso fuera poco, al riesgo inminente de también perder la vida (entre otros derechos que los trabajadores normales si ostentan). A eso se le suma la enorme responsabilidad social que la población costarricense demanda de los servidores policiales. Todo esto debería tener una recompensa salarial alta (es decir, exponer la vida debería pagarse bien ¿O no?); la lamentable respuesta ya todos la conocemos; NO, el salario de un oficial de policía es miserable e indigno, en comparación con lo que su labor le exige.


Los cuerpos policiales han pedido ser excluidos de la aplicación de la Ley 9635, que les ha minado por mucho su poder adquisitivo (si, aún más) el gobierno y diputados dijeron NO. Se ha pedido apoyo para un proyecto de pensión anticipada, por el desgaste que la función policial conlleva (se tienen estudios técnicos al respecto), legisladores y ejecutivo han dicho NO. La esperanza de ganar un poco mejor con el Manual de Puestos, NO, el gobierno lo tiene congelado hasta nuevo aviso. ¿Alguna iniciativa impulsada por Presidencia o la Asamblea para mejorar las condiciones del personal de Fuerza Pública? NO, ninguna.

Y es que, los valientes hombres y mujeres que a diario le cuidan la espalda (y hasta más) a la clase política, vienen experimentando, de manera paulatina, como se les está empujando a vivir en condiciones sociales, económicas y personales cada vez más desfavorables, tanto en su ámbito personal como laboral. Sobre cómo esta circunstancia empodera y favorece al hampa, es otro gran tema del que podemos conversar luego.


El quid del asunto <como solía decir un gran amigo> es que observamos a una clase política que no mueve un solo dedo para buscar realmente solucionar los sufrimientos que pasan quienes se pintan de azul con el pesado, exigente y rígido uniforme policial; pero que se aplaude a sí misma por concertar el acuerdo de entregar un título de Benemeritazgo. Con el mayor sarcasmo del mundo: “¡Perdonen por considerar esta acción como una hipocresía política!”


Ante tal panorama se sientan las bases para que los servidores que de verdad sienten lo que ser policía significa, miren con indiferencia la entrega del título de Benemérita de la Patria a la Fuerza Pública, le resten importancia, y muchos hasta le dediquen una seña obscena. En virtud de que dicha distinción, en el plano de la realidad diaria, que experimenta el ser de carne y hueso que cumple las funciones policiales, no significa NADA, ni trae consigo modificación alguna, que le permita celebrar.


La desintegración familiar, endeudamiento, ofrecimientos ilícitos, peligro a la vida, acoso laboral, desigualdad y nombramientos a dedo, han sido, son y seguirán siendo parte de la cotidianeidad de la Fuerza Pública, sean o no declarados Beneméritos de la Patria.


Damas y caballeros de la Presidencia de la República, padres y madres de la Patria, si de verdad quieren darle honor, a quien honor merece, como lo son las y los policías, muestren con acciones tangibles que al menos comprenden lo que el sacrificio de ser oficial significa. Hasta que eso no suceda…les quedó muy bonito el título: ¡Gracias por nada!