Costa Rica a ser líder mundial, una vez más

Ing. Clinton Cruickshank Smith, M.B.A


Estos días, al ritmo de la apacible reclusión al que estoy sometido, me permite meditar con mayor rigor sobre algunos aspectos fundamentales del devenir actual. En medio de la quietud, me puse a pensar en el hilo conductor o denominador común que había, por un lado, entre las razones que provocaron las impresionantes marchas de protestas que se están dando en casi todo el mundo, pero especialmente en los Estados Unidos, por el asesinato de George Floyd; y, por otro lado, el insulto que profirió un médico a toda la población negra costarricense, el pasado 25 de mayo en el programa Buen Día de Teletica Canal 7.


Y aunque son actos de distintas dimensiones e impactos, no hace falta pensar mucho para descubrir que el hilo conductor o denominador común entre ambos hechos, son los prejuicios raciales, cuyo hijo es la discriminación, y, su nieto, la injusticia.


¿Y qué son prejuicios?


Los perjuicios son preconcepciones que tiene la gente sobre una determinada persona, cosa o situación. Y esas preconcepciones suelen convertirse en “bloqueadores de la realidad”.


A pesar de que los prejuicios son una de las fuentes de mayores perjuicios o daños para los seres humanos, se les suele prestar muy poca atención y atribuir poca importancia.


Una de sus mayores secuelas es sobre “la psique” de las personas al establecer en ella, ideas preconcebidas que suelen bloquear toda objetividad, y, alejarlas de la verdad. Los prejuicios, asimismo, pueden llevar a las personas a vivir en un mundo irreal, e incluso, ficticio porque les impide ver la realidad.


Y, en el caso específico de los prejuicios raciales, son ideas preconcebidas de un persona, grupo o comunidad de personas sobre una determinada etnia o grupo racial. En el fondo este flagelo suele dañar ambas partes, porque, por un lado, causa daño al que es objeto del prejuicio, sobre todo si existe alguna relación de dependencia entre ellas; y, por otro lado, daña al prejuicioso por la clase de persona en que la convierten.


Nuestra propuesta ante el gran flagelo de los prejuicios raciales


Pero como es más importante proponer soluciones que quejarse de los hechos; me puse a considerar, ¿Qué podríamos hacer los costarricenses para eliminar los prejuicios raciales, que, como se dijo antes, son el padre de la discriminación, y el abuelo de la injusticia social? Lo anterior a fin de que sea, el amor al prójimo y la solidaridad los que nos muevan a compasión en vez que al odio; y a la generosidad en vez que al egoísmo.


A ser líder mundial, una vez más


Costa Rica es un país excepcional. Su excepcionalismo reside fundamentalmente en su visión para convertirse en país pionero y líder, y su capacidad histórica para escoger y tomar su propio camino, aun cuando significa ir en dirección contraria al resto del mundo. El caso más sobresaliente es nuestra consabida decisión de abolir el ejército y desarmarnos unilateralmente, justo después de la Segunda Guerra Mundial cuando todas las naciones del mundo, en medio del trauma de la guerra, se estaban armando hasta los dientes. Asimismo, el que tuviéramos la visión para abrazar la novísima tecnología del alumbrado eléctrico, lo que explica que San José, nuestra ciudad capital estuviera entre las tres primeras ciudades del mundo con iluminación eléctrica. Junto con Nueva York y París.


Costa Rica primer país en eliminar los prejuicios raciales


El Siglo XXI nos ofrece una nueva y extraordinaria oportunidad de volver a ser líderes, a volver a ser primeros en el mundo. O sea, para convertirnos en el primer país del mundo en eliminar los prejuicios raciales. ¿Que será fácil?, de ninguna manera, pero sí podemos, porque como país, tenemos el ADN del liderazgo.


Nuestra arma secreta es la niñez costarricense


Hay una verdad incuestionable y es que, en general, todos los padres desean lo mejor para sus hijos. De tal manera que los padres suelen proveerles de:


  1. El mejor techo posible,

  2. Vestimenta y comida.

  3. La mejor educación posible y en todos los niveles, etc.


Sin embargo, descuidamos lo más importante: su alma al cual exponemos e incluso, solemos ayudar a envenenar e intoxicar, transmitiéndoles toda clase de prejuicios.


Reconozcámoslo, los prejuicios de los niños no son más que el reflejo de los prejuicios de sus padres. O sea, dime cuán prejuicioso es un niño o una joven, y te diré cuán prejuiciosos son sus padres.


Hacia una niñez sin prejuicios


Cuando criamos a nuestra niñez con prejuicios de cualquier tipo, pero en especial, con prejuicios raciales, estamos creando en ellos, desde muy temprana edad, enormes desventajas como personas, como seres humanos. Porque desde muy jóvenes se les está intoxicando o envenenando su alma con esa ponzoña.


Por eso, el hogar debe ser la primera línea de combate en contra del estigma de los prejuicios.


Los prejuicios y la ignorancia


Otra de las características de los prejuicios es que suelen viajar en compañía de la ignorancia. O sea, las personas con altos grados de prejuicios, especialmente, de prejuicios raciales, suelen ser la gente más ignorante, o sea, la gente más inculta. Lo anterior porque parte de las características de ser culto, es tener la menor cantidad de ideas preconcebidas posible, porque la misma cultura de las personas cultas, valga la redundancia, suele vaciarlas de prejuicios o de ideas preconcebidas.


Por eso, en cuanto a los prejuicios raciales, mi máxima desde siempre ha sido: “Dime cuán prejuiciosa es una persona, y te diré cuan culta es”. Y, por cierto, a través de los años, he visto cumplir esta máxima inexorablemente. Y no importa cuantos títulos o doctorados tienen esas personas, en el fondo, su cultura o falta de ella subyace debajo de esos títulos.


Entiendo que mucha gente no ha podido librarse de los prejuicios con que fueron sellados desde su niñez, por eso los invita a hacerse una profunda introspección para liberarse de ellos, porque ese sello mantiene intoxicada su alma, lo que los empequeñece como seres humanos.


Mantener el alma de nuestros hijos vacía del veneno de los prejuicios es una tarea fundamental de los padres de familia si desean de verdad librarlos de ese terrible tóxico, especialmente, el de los prejuicios raciales. Pero ojo: Los hijos no aprenden por lo que les dicen u ordenan sus padres, aprenden de lo que ven hacer a sus padres.


La labor de nuestro sistema educativo


Es urgente que introduzcamos en nuestros programas educativos el contenido necesario para atacar desde ahí, la pandemia de los prejuicios raciales.


Con la misma determinación con que en el pasado eliminamos el sarampión, la viruela y la malaria¸ podemos y debemos hoy derrotar la plaga del prejuicio racial. Tengo la firme convicción de que, si de verdad iniciamos un esfuerzo conjunto entre hogares y escuelas; a la vuelta de algunos años se verá el milagro. Y, nos tocará oír a los niños y jóvenes amonestando a sus padres por sus deslices, y Costa Rica se convertiría en el primer país libre de prejuicios raciales. Por supuesto que he simplificado un proceso complejo por motivo de espacio, pero sí es posible.


Concluyo, señalando que los beneficios que generará la eliminación de los prejuicios raciales serán incalculables, porque aparte de la espectacular imagen internacional que nos daría; desde el punto de vista económico, sería de gran rédito porque nos permitiría incorporar todas las potencialidades, destrezas, y habilidades de la totalidad de nuestra población compuesta por esa enorme y rica multietnicidad y pluriculturalidad al producto Interno Bruto, no como hoy en que somos como una mesa que tambalea por tener alguna de sus patas cojas.


Cuando todos aprendemos a apreciar y a celebrar las riquezas de las diferencias étnicas, el racismo será un mal del pasado.