Costa Rica atrapada en un paradigma de grandes intereses

Actualizado: jul 18

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Existen en general, dos modelos de transportes de pasajeros en el mundo. El modelo de los Estados Unidos de América y el Modelo Europeo, compartido también por algunos países asiáticos como Japón, China, y Corea del Sur. Esos dos modelos en mucho han marcado el mundo en su manera de ver las soluciones de transportes terrestre en general, y, particularmente, del transporte de pasajeros.


El modelo de los Estados Unidos de América


A principios del Siglo pasado, los Estados Unidos tenía una red fabulosa de ferrocarriles que representaba el 48% de toda la red ferroviaria mundial. Sin embargo, terminada la Segunda Guerra Mundial, a partir de la presidencia del General Dwight Eisenhower, ese país va a apostar por una fabulosa red de supercarreteras como su modo de comunicación nacional primario, por lo que, a su vez, fue restándole importancia a su vasta red de ferrocarriles.


La influencia de la industria petrolera y la automovilística


Durante la segunda mitad del Siglo XX, dos industrias van a crecer exponencialmente, una de la mano de la otra, ambas haciéndose sumamente poderosas en los Estados Unidos, me refiero a la Industria del petróleo y la automovilística. Y ambas, como dos caras de una misma moneda, tuvieron el poder y la fortaleza necesaria para imponer sus condiciones por medio de poderosos lobbys o cabildeos, que, sumado a los precios bajos del petróleo de entonces, crearon las condiciones para ejercer su inmenso poder para imponer una visión nacional de transportes que favoreciera tanto la actividad petrolera como la industria automovilística. Fue así como, se fueron cerrando los medios de transportes masivos y colectivos como el ferrocarril, los tranvías y otros más incipientes como los trolebuses, para dar paso a los medios que funcionan a base de petróleo, especialmente los automóviles.


Y de esta manera, lograron imponer su voluntad y convertir el auto personal de gran tamaño, y de alto consumo de combustibles fósiles, en un estilo de vida, o sea, en una señal de estatus para los norteamericanos. Y fue así como, tanto la industria petrolera, como, la automovilística se garantizaron un gran éxito comercial en ese país por muchos años.


El modelo europeo


Mientras los Estados Unidos fue abandonando y cerrando su inmensa red ferroviaria y trasladándose a sus supercarreteras con el auto personal como el epicentro del desarrollo del transporte de pasajeros en ese país; por el contrario, Europa siguió no sólo extendiendo su red de ferrocarriles, sino, invirtiendo en el desarrollo de sistemas integrados e intermodales eficientes de transportes de pasajeros en sus grandes ciudades, y, en el desarrollo de ferrocarriles de mediano y largo alcance a velocidades crecientemente mayores.


Y como se dijo antes, a este modelo se adhirieron algunos países asiáticos, especialmente Japón, y en los últimos años, Corea del Sur y la China Popular con base a las nuevas tecnologías ferroviarias desarrolladas, especialmente por los europeos.


Es así como surgen una serie de trenes fabulosos de alta velocidad que en el transporte de centro de ciudad a centro de ciudad comenzaron a ganarle a los aviones. Vale mencionar al famoso TGV francés, el APT y el HST británicos, el ICE alemán, el AVE español, el ETR 500 italiano, entre otros; y en Asia, varias generaciones de Tren Bala o Shinkansen japonés.


El modelo que adoptó Costa Rica


Nuestro país desafortunadamente adoptó el modelo de los Estados Unidos, o sea, fue cerrando sus ferrocarriles para promover y estimular consciente o inconscientemente el problemático estatus del automóvil personal.


El Ferrocarril al Atlántico


Tan temprano en nuestra vida republicana como fue en el año 1871 que el General Tomás Guardia firmó el primer contrato para construir el Ferrocarril al Atlántico. Y después de varios atrasos, el mismo fue terminado en 1890 durante el gobierno del Presidente José Joaquín Rodríguez.


Y 82 años después, o sea, en 1982 durante el gobierno del Presidente Rodrigo Carazo Odio, se va a electrificar alrededor de 112 km. de vía férrea entre Moín (Limón) y San Cristóbal (Río Frío). Se trata de la llamada Línea Bananera.


El Ferrocarril al Pacífico


El primer contrato con financiamiento para construir el Ferrocarril al Pacífico se celebró en 1895 durante el gobierno del Presidente Rafael Yglesias Castro, y su construcción terminó en 1910 durante el gobierno de don Ricardo Jiménez Oreamuno.


Luego, en 1930 concluyó la electrificación el Ferrocarril al Pacífico durante el gobierno del Presidente Cleto González Víquez.


El MOPT un ministerio de carreteras


A partir de 1982, Costa Rica contaba con alrededor de 210 km de vía férrea electrificada entre la totalidad del Ferrocarril al Pacífico (98 km) y parte del Ferrocarril al Atlántico (112 Km). Lo anterior significa que podíamos transportar miles de toneladas de carga y miles de pasajeros con energía renovables producida en nuestro país. Sin embargo, ambos sistemas de electrificación fueron cerradas y abandonadas a finales del Siglo XX, tanto así que hoy, todo lo que se transporta en Costa Rica, se hace a base de hidrocarburos.


Desde finales de los años 20 tuvimos la visión de electrificar el Ferrocarril al Pacífico cuando contábamos con muy pocos recursos energéticos renovables, pero, paradójicamente, hoy cuando pretendemos avanzar hacia la meta de convertirnos en uno de los primeros países “Carbono Neutral”, hemos eliminado los 210 km de vía férrea electrificada, y consecuentemente, consumimos cada año más hidrocarburos porque, como se dijo antes, contrario al siglo pasado, hoy en pleno Siglo XXI, todo lo que transportamos en el país, es mediante combustibles fósiles.


Es curioso que a pesar de que la actividad de transporte se realiza por agua, por ferrocarril, por carreteras y por aire; en el caso de nuestro país, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes “MOPT”, sería más fielmente representado por las siglas el “MOPC”, sustituyendo “T” por una “C” para denominarse Ministerio de Obras Públicas y Carreteras; porque históricamente, ese ministerio no le ha dado importancia a los otros medios de transportes como son: Por ferrocarril, por agua, y si acaso, lo indispensable por aire, porque los aeropuertos son necesarios para el ingreso de turistas al país.


Buses eléctricos y/o carros eléctricos


Otra prueba de que hemos sido víctimas del modelo copiado de los Estados Unidos es que seguimos estimulando y promoviendo el estilo de vida basado en el estatus del automóvil personal.


Tomemos en cuenta que el auto personal nos ha traído 2 grandes flagelos; por un lado, el problema de la gran polución o contaminación ambiental en nuestras principales ciudades; y por otro, el serio problema de movilidad o colapso vial.


Con la promoción del carro eléctrico se resuelve el problema ambiental, no así el del colapso vial; porque un carro eléctrico produce tanta presa como uno que consume combustibles fósiles.


Por todo lo anterior, urge que nos destetemos del modelo de los Estados Unidos y que comencemos a crear consciencia de la necesidad de avanzar hacia los medios de transportes más colectivos y menos individuales. Por eso, más que promover y dar incentivos para los carros eléctricos, debemos desarrollar y promover los medios colectivos ecológicos mediante alianzas con los empresarios autobuseros que operan líneas urbanas y semiurbanas para crear una red de buses eléctricos o trolebuses. O sea, para realizar una reconversión de la inmensa flota de autobuses que consumen combustibles fósiles y convertirlos para que consuman energías renovables. Así lograríamos matar 4 pájaros con el mismo tiro: Disminuir la contaminación en nuestras ciudades, bajar la factura petrolera, disminuir la contaminación sónica y avanzar hacia nuestra meta de convertirnos en uno de los primeros países carbono neutral del mundo.


Concluyo insistiendo en la necesidad de que nuestro país crea y promueva una cultura de transportes colectivo para todos, para lo cual, será necesario crear una cómoda red intermodal de transportes de pasajeros en base de energías renovables, no sólo en la GAM, sino en sus principales ciudades, a fin de ir disminuyendo su huella de carbono para avanzar firmemente hacia nuestra meta de convertirnos en uno de los primeros países carbono neutral del mundo.