Costa Rica: ¿Coexistencia entre el tercer mundo y el primer mundo?

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A


Como país, en los últimos años, venimos pretendiendo vivir simultáneamente en dos mundos contrapuestos. Por un lado, aspiramos a formar parte de una serie de organizaciones que nos permitan formar parte del club exclusivo en que se encuentran los países más avanzados del mundo; club exclusivo como, por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Sin embargo, por otro lado, nos aferramos fuertemente a una serie de prácticas, vicios y privilegios a fin de seguir cuidando y favoreciendo los intereses de unos pocos en perjuicio de la gran mayoría de los costarricenses, con lo cual, asimismo, nos mantenemos aferrados al tercer mundo de donde pretendemos escapar.


Permítanme explicarme mejor con el caso más reciente que ejemplifica nuestro deseo de avanzar hacia el primer mundo sin abdicar del tercer mundo.


Desde hace ya casi 50 años, nuestro código penal tipifica la usura como un delito; lo anterior obviamente a fin de proteger a nuestros ciudadanos de los abusos y excesos de ese terrible mal que acecha a la sociedad humana desde siempre. Sin embargo, ha sido imposible castigar ese delito en nuestro país por cuanto, durante todo ese tiempo, la autoridad responsable de establecer y fijar la tasa de interés límite o máxima por encima de la cual se constituye la figura de la usura, ha sido negligente y se ha negado a cumplir su obligación. Me refiero al Banco Central de Costa Rica (BCCR).


Por lo tanto, ante los crecientes abusos que por años, una serie de entidades financieras vienen cometiendo en contra de los costarricenses, abusos que hoy han llegado a niveles intolerables; el clamor del pueblo costarricense finalmente llegó a “los oídos de la Asamblea Legislativa” que con una mayoría calificada de más de cuarenta diputados, acompañaron con su firma a sus compañeros David Gourzong Cerdas y Welmer Ramos González en un proyecto de ley para definir y establecer las tasas de intereses umbrales de las tasas de usura. Y así la Asamblea Legislativa está asumiendo la responsabilidad que corresponde al BCCR, que como se dijo, esta se ha negado a asumir.


Y como la lógica indica, la comisión que está conociendo el proyecto en el Congreso, convocó a los jerarcas del BCCR a fin de conocer su criterio técnico como autoridad experta en ese campo. ¿Y cuál fue la sorpresa?, que dicho órgano regulador recomendó que la tasa límite antes de constituir usura debería establecerse entre 57% y 60% anual. O sea, señalaron justamente los niveles de intereses que tienen en serios problemas económicos a cerca de un millón de costarricenses.


Haciendo una comparación con países de nuestra región, de otras zonas del mundo, y particularmente con los países de la OCDE; resulta que ese nivel máximo de interés recomendado por el BCCR no sólo es usurero, sino que, lo es por mucho.


Por otro lado, existe una inversión multimillonaria en “lobby” y una enorme resistencia a dicha regulación, particularmente de parte de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC) que es un poderoso sindicato bancario en que increíblemente se encuentran asociados, formando un poderoso oligopolio, y consecuentemente en colusión, ni más ni menos que la banca pública con la banca privada.


O sea, en este caso en donde se imponen los grandes intereses de unos pocos sobre los intereses del pueblo costarricense, nuestras autoridades se han dejado atrapar por un mundo totalmente contrario a las prácticas claras y transparentes de las naciones de la OCDE. Sin embargo, estas mismas autoridades cuando les conviene, nos pintan el otro mundo, tratando de asustarnos con el clásico “ya viene el coco”, refiriéndose a la misma OCDE a fin de presionarnos para imponernos alguna política. Lo anterior por cuanto, en estos días, se usa la OCDE a conveniencia para justificarlo todo.


En resumen, hoy, Costa Rica coexiste en dos mundos contrapuestos, uno en que algunos pretenden que sigamos aferrados a prácticas del tercer mundo para así, seguir satisfaciendo la gula de unos pocos; y otro, en que nos presentan la visión de una Costa Rica camino a la modernidad y con sueños y aspiraciones de entrar al club exclusivo de los países más desarrollados del mundo. Gran paradoja: ¿No es cierto?


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