Costa Rica: de los Héroes de Guerra a los Héroes de Paz

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Nuestro concepto de heroísmo históricamente ha sido asociado casi exclusivamente a los héroes de guerra o a los de las historietas como Superman, Batman y Robin, y a figuras mitológicas y similares. Pocas veces solemos reconocer heroísmo en hazañas o proezas que de alguna manera no involucre acciones o conquistas asociadas a alguna gesta o acción bélica. Lo anterior explica en mucho el ¿Por qué?, en nuestro país tenemos relativamente pocos héroes, y los que tenemos, son fruto de valiosas hazañas realizadas en épocas remotas, o sea, durante el período de la conquista, y los demás casi desde el principio mismo de la fundación de la República. Y, explica, asimismo, que no tengamos ninguno reconocido como tal por proezas realizadas en los últimos 160 años.


Nuestros héroes pre-republicanos fueron reyes indígenas valientes e indómitos como: Garabito y Pablo Presbere. Y nuestros héroes republicanos son: Juan Rafael Mora Porras (Don Juanito), Juan Santa María (el Erizo), Francisca Carrasco (Pancha) y Nicolás Aguilar Murillo; que, por cierto, todos son héroes de la guerra de 1856.


Por todo lo anterior, y de acuerdo al paradigma de aceptación casi universal de que los héroes son el fruto de grandes gestas bélicas, los costarricenses no tendríamos la posibilidad de volver a tener héroes, dado que, en primer lugar, no tenemos ejército para pelear guerras de las cuales eventualmente podrían salir nuevos paladines, y porque, aunque a mi juicio, hemos producido unas cuantas figuras heroicas durante el pasado Siglo XX, de acuerdo con los criterios convencionales, su heroísmo no es tipificado como tal, no calza es ese arquetipo.


Costa Rica y su nueva generación de héroes


Por todo lo anterior, es preciso que, en el caso especial de Costa Rica, un país sin ejército; hagamos un cambio de paradigma con respecto a lo que significa heroísmo para los costarricenses. Porque a través del tiempo hemos producido algunas figuras, no muchas, por cierto, cuya gesta y contribución al país sin duda, ha sido heroica. O sea, los costarricenses tenemos que asimilar el hecho de que nuestros héroes o heroínas nunca volverán a ser “Héroes de Guerra” a lo Garabito, Juan Santamaría o a lo Pancha Carrasco; serán “Héroes de Paz”, a lo José Figueres Ferrer quien es y será nuestro más connotado “Héroe de Paz” al haber eliminado para siempre en nuestro país, el principal instrumento que promueve la guerra, el ejército. Y para poner esa gran proeza en su verdadera dimensión, basta recordar que se dio poco después de concluida la Segunda Guerra Mundial en que el mundo estaba aún sufriendo el trauma de la guerra, y en que la mayoría de los países estaban armándose para defenderse ante la posibilidad de otro conflicto similar. Ese es el contexto que le da el carácter de gran hazaña a la decisión visionaria y heroica que tomamos los costarricenses de abolir nuestro ejército.


Otro aspecto inédito de la gesta de José Figueres es que él ha sido único general de la historia de la humanidad que tuvo la visión, la nobleza y el desprendimiento de deshacerse del mismísimo instrumento, o sea, el ejército que le posibilitó su llegada al poder. La norma fue y sigue siendo mantener y fortificar el ejército para permanecer en el poder. Don Pepe hizo justamente lo contrario. Y eso es heroísmo puro llevado a un grado sublime. Sin embargo, y paradójicamente, no lo hemos reconocido como tal, porque seguimos con el vetusto paradigma de los “Héroes de Guerra” de valerosas batallas. Sin embargo, estos ya no constituyen una nomenclatura propia del pueblo costarricense.


Otro de nuestro “Héroe de Paz” es el Dr. Oscar Arias Sánchez quien, interpretando fielmente la gran vocación pacifista de nuestro pueblo y la conveniencia nacional de que se erradiquen todos los conflictos bélicos de la región centroamericana; con gran valentía y determinación, se enfrentó a los líderes de grandes potencias mundiales que estaban expresa y abiertamente en contra de la pacificación de la región, y con una extraordinaria capacidad negociadora, forjó la paz en Centroamérica. Su profunda convicción, su liderazgo y heroísmo; le fueron reconocidos por la comunidad internacional que por medio del Comité Noruego del Nobel le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1987, un gran orgullo para el pueblo costarricense y para todos los pueblos de buena voluntad.

Lo interesante es que fue prácticamente a partir de allí que, el mundo se enteró de la existencia de una pequeña nación, la excepcional Costa Rica que, ya, desde hacía casi 40 años atrás, de manera unilateral e incondicional había decidido abolir su ejército. Por eso, es impresionante constatar el hilo conductor entre las hazañas o proezas de los dos grandes costarricenses que considero nuestros dos héroes de nuestra era moderna: Don Pepe Figueres y Don Oscar Arias.

La importancia de los héroes y heroínas


Los héroes y heroínas son figuras excepcionales que han protagonizado epopeyas o gestas históricas e inéditas de gran valor en favor de la patria e incluso, de la humanidad. Acciones extraordinarias que producen una marca endeble en la historia de una nación y del mundo; hazañas que sirven de inspiración, modelo y referencia permanente para la sociedad, especialmente para las nuevas generaciones. Esa es sin duda alguna la trascendental importancia de nuestros héroes.


Finalmente, quiero llamar la atención sobre una de las prácticas que urge desarraigar de nuestro comportamiento como costarricenses, o sea, de nuestra “psique colectiva”; se trata de la terrible costumbre de ver y concentrarnos solamente en los defectos de los demás para “bajarnos el piso” entre nosotros. En otras palabras, la costumbre de no dar crédito a nadie en nada y por nada. Doña Perla, mi madre nos decía siempre que no olvidemos que cada vez que apuntamos el dedo índice acusador hacia alguien, nuestro dedo pulgar que es el primer dedo y el más robusto de todos, siempre apunta hacia nosotros. Moraleja, no hay ninguno libre de pecado, ni uno solo, todos cometemos errores, sin excepción alguna.


Concluyo, subrayando para enfatizar una vez más, la necesidad de que tomemos buena nota del cambio que deberá darse en nuestro país para determinar los nuevos parámetros que nos conviene adoptar a fin de apreciar y calificar los actos heroicos y a los héroes nacionales. Porque nuestros criterios tienen que ser totalmente distintos a los que gravitan en derredor de acciones bélicas, y, más bien, fundamentarse en gestas de extraordinario y excepcional valor cívico que potencien el bien común entre los costarricense y entre la raza humana. Por eso, y dichosamente a nosotros como costarricenses nos corresponde mirar hacia el futuro hacia los “Héroes de Paz” y nunca más, hacia los “Héroes de Guerra”.