Costa Rica hacia una democracia productiva

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


En el pasado, nuestro país ha sido primero y líder en muchos campos en la América Latina, e incluso, en el mundo. Y ese liderazgo nos hizo marcar rumbo y señalar camino a muchas otras naciones. Y justamente por eso podemos hablar con orgullo del “excepcionalismo costarricense”. Sin embargo, aunque seguimos teniendo los genes del liderazgo en nuestro ADN, en los últimos años nos desviamos, perdimos nuestro derrotero, y nos convertimos en un país seguidor y copión.


Por lo tanto, nos urge recuperar dicho liderazgo, al cual está indisolublemente unida nuestra grandeza como nación. Y como no se vale sólo señalar sin proponer, permítanme plantear la siguiente propuesta para que Costa Rica retome su papel de país líder en el consorcio de las naciones.


Pero antes quisiera mencionar para recordar, que aparte de ser una democracia política, desde hace 150 años, nuestro país, asimismo, tomó la decisión de convertirse en una democracia educativa al declarar la educación primaria, gratuita y obligatoria.


Hoy, mi propuesta consiste en que Costa Rica se convierta en lo que vengo llamando una “democracia productiva”.


¿Y qué es una democracia productiva?


Es aquella democracia en que todos los ciudadanos de una nación, sin excepción alguna, tienen la misma oportunidad de producir o emprender, sin mayor limitación que no sea la impuesta por el esfuerzo que cada uno está dispuesto a realizar para lograrlo.


En esencia, la idea es convertir a Costa Rica en una enorme incubadora de negocios, que promueva y facilite el emprendedurismo en todo el territorio nacional.

Por lo tanto, para que nos convirtamos en una verdadera democracia productiva, es necesario transformar al Estado costarricense en un poderoso promotor, impulsor y facilitador del emprendedurismo nacional. Pero también, tendremos que provocar profundos cambios de visión en algunas de nuestras instituciones, y, sobre todo, en las que tienen que ver con nuestro sistema educativo, de seguridad social y financiero.


De la “E” para formar empleados a la “E” para formar emprendedores


En el pasado cuando el Estado costarricense estaba en pleno crecimiento, una de sus principales necesidades tanto para el sector privado, como para el sector público, era la de tener más empleados. Esto incluía profesionales en todos los campos. Por lo tanto, para cubrir esa gran necesidad de entonces, nuestro sistema de enseñanza comenzó a educar con la “E” para formar empleados. Sin embargo, en los últimos años, ese paradigma cambió porque el Estado costarricense comenzó a tener otra necesidad, o sea, la necesidad de emprendedores; sobre todo, a nivel de micro, pequeña y mediana empresa.


Y si bien es cierto, que desde hace varios años venimos hablando en Costa Rica de la necesidad de crear más micro, pequeñas, y medianas empresas (MiPymes); la verdad es que nos quedamos más en la retórica que en la acción, porque no hemos hecho lo propio para promover e impulsar las MiPymes con el compromiso y la determinación que requieren las necesidades actuales y el nuevo entorno nacional. Y, consecuentemente, aún hoy, siguen pendientes los cambios institucionales necesarios para impulsarlas. O sea, nuestro esfuerzo en todos estos años ha sido menos que tibio.


La necesidad de cambios en nuestro sistema educativo


Señalo para recordar que nuestro sistema educativo está llamado a ser el eje o epicentro en derredor del cual ha de gravitar los cambios culturales fundamentales o de envergadura en nuestro país. Sin embargo, en este caso, seguimos educando para la misma necesidad del pasado, o sea, con el paradigma de la “E” para formar empleados.


Lo anterior, a pesar de la imperiosa necesidad de transformar nuestro sistema de enseñanza para pasar de educar con la “E” para formar empleados a educar con la “E” para formar emprendedores.


Por eso, es preciso iniciar urgentemente el proceso de cambio y realizar los ajustes necesarios para adecuar nuestro sistema educativo al nuevo paradigma, o sea, a la nueva necesidad nacional, que como se dijo antes, es de educar con la “E” para formar emprendedores o de emprendedurismo.


La tragedia actual de nuestros jóvenes


Hasta hace algunos años, bastaba estudiar y obtener un título para tener asegurado un empleo. Sin embargo, hoy, aunque sigue siendo indispensable estudiar y certificarse; dicha condición ya no es suficiente para garantizar un empleo a los nuevos graduados. Porque como se dijo antes, nuestro sistema educativo se mantiene educando para formar empleados para un mercado en que hay cada día menos empleos.


Por todo anterior, permítanme repetir para subrayar, que urge una profunda transformación educativa en nuestro país, a fin de comenzar a educar con la “E” de emprendedurismo, para así, dotar a los jóvenes de una nueva visión y de un renovado espíritu: el espíritu emprendedor.


Financiamiento y acompañamiento para los emprendimientos


Sin embargo, no basta transformar nuestro sistema de enseñanza, es preciso, asimismo, realizar una serie de cambios colaterales que posibiliten y faciliten el desarrollo del nuevo paradigma. Por lo tanto, será necesario introducir cambios en la estructura financiera nacional, especialmente en los bancos, para convertirlos en verdaderos facilitadores de créditos en condiciones especiales para los nuevos emprendimientos; un ajuste diferenciado en la cuota patronal que se paga a la Caja Costarricense de Seguro Social; y, además, readecuar la misión de algunas instituciones como el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), para que se conviertan, asimismo, en órganos de acompañamiento técnico y logístico de emprendedurismo, principalmente para apoyar a los emprendedores jóvenes.


Nuestro gran reto y desafío: La cultura de la “tramitomanía”


Sin duda alguna, uno de los obstáculos o valladares que se encuentran en medio del camino para lograr el establecimiento de una democracia productiva en Costa Rica, es nuestra creciente tramitología, a la que suelo llamar “tramitomanía”; dado que los costarricenses tenemos el terrible vicio, y, hemos desarrollado la odiosa manía de establecer y exigir trámites innecesarios que tienden a ahogar todo esfuerzo por emprender.


Pues sí, a esa espantosa manía nacional, tendremos necesariamente que encontrarle solución, y muy pronto.


Algunos beneficios de una democracia productiva


Los siguientes son sólo algunos de los beneficios que obtendríamos al convertirnos en una democracia productiva:


  1. Una economía nacional mucho más fuerte, robusta y dinámica.

  2. Un aumento considerable del PIB per cápita, y consecuentemente, de la riqueza nacional.

  3. Una economía menos sensible a los ciclos económicos.

  4. Una disminución notable de la informalidad

  5. Una reducción significativa de la pobreza nacional, etc.


Finalmente, si logramos realizar los cambios y ajustes necesarios, tanto educativos, como institucionales, para que, como se dijo antes, el Estado costarricense se convierta en un verdadero promotor, impulsor y facilitador de emprendimientos; en relativamente poco tiempo, podríamos volver a ser líderes, y ser primeros una vez más, al convertirnos en la primera democracia productiva de la América Latina.