Costa Rica su futuro está en su pasado

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


No es posible sobre-enfatizar, para llamar la atención del hecho de que hoy, nuestra amada Costa Rica se encuentra dentro de la lista de los países más desiguales del mundo; lo que debe preocuparnos a todos, sobre todo por lo que significa para el país y muy especialmente para las grandes mayorías nacionales.


Íbamos tan bien, ¿Cómo llegamos a ser tan desigual?


Es sorprendente que en pocos años pasamos de ser un país maravilloso, igualitario, de oportunidades para todos; aspectos que fueron el fundamento para la construcción de una robusta clase media; a ser una sociedad alarmante y vergonzosamente desigual.


Para explicar lo anterior, es necesario entender que desde siempre existen poderosas fuerzas al acecho que pretenden acaparar y concentrar la riqueza nacional en pocas manos; lo que exige que, los hombres y mujeres de buena voluntad que entendemos que el país es de todos; estemos vigilantes para asegurarnos de seguir construyendo permanentemente una Costa Rica que funcione para todos.

Así las cosas, debemos reconocer que, por bajar la guardia, en los últimos tiempos, venimos perdiendo la batalla frente a esas fuerzas acaparadoras.


El desmantelamiento de nuestra Red de Solidaridad e Inclusión Social


Con el argumento de que el Estado no debe meterse en algunas actividades, hemos venido destruyendo la Red de Solidaridad e Inclusión Social que con tanta claridad, visión y determinación hemos construido en el país durante los últimos 80 años.


Por otro lado, lo que pareciera no estar muy claro para muchos es que, siendo Costa Rica un país con un mercado tan pequeño, el cual no permite que suficientes actores participen en él, a fin de evitar que estos entren en colusión; o sea, que se pongan de acuerdo para manipular las condiciones y los precios de transacción; es que se necesita un Estado fuerte y vigoroso (no grande) para evitar dicha colusión que es, sin duda alguna, uno de los peores azotes de los pueblos, y, por lo tanto, un obstáculo para el desarrollo del país.


Un ejemplo que ilustra lo anterior es el comercio del cemento en Costa Rica, un producto estratégico para la construcción que es una de las actividades más dinámicas para la reactivación de la economía nacional. Y no obstante lo anterior, al funcionar en colusión por estar sometido a un duopolio, el resultado es que por años el precio del cemento en Costa Rica está entre los más altos del mundo; hecho que constituye una agresión permanente al pueblo costarricenses y al país.


Todo lo anterior unido a muchas otras políticas que han venido desprotegiendo a las grandes mayorías y beneficiando a una pequeña élite, es lo que explica que hoy estemos en la lista de los 10 países más desiguales del mundo, lo que ha aumentado significativamente la marginación y exclusión social en el país; mismas que son las hermanas mayores de la pobreza y la miseria.


Necesitamos escaleras para subir, no toboganes para bajar


En el pasado, con gran sabiduría construimos una serie de escaleras para que las familias costarricenses pudieran subirlas y ascender con la gran ilusión y esperanza de alcanzar mejores niveles de vida. Dichas escaleras representaban el ascenso hacia las oportunidades que pusimos frente a todos los costarricenses, especialmente frente a los más humildes. Es así como construimos una robusta clase media que ha sido la estabilizadora social del país. Además, fue la que marcó la diferencia entre nosotros y nuestros vecinos. Sin embargo, en los últimos años, torpemente venimos haciendo todo el esfuerzo necesario para destruir nuestra clase media; y para eso, la estamos arrojando hacia abajo desde un enorme tobogán. O sea, hoy estamos destruyendo nuestra clase media, lanzándola directamente en un tobogán hacia la pobreza.


Por eso, urge seguir construyendo escaleras y no toboganes.


El próximo cuatrienio debe ser el cuatrienio de las grandes mayorías


Por todo lo anterior, debemos dedicar por lo menos el próximo cuatrienio gubernamental a gobernar a favor de las grandes mayorías vulnerables y necesitadas del país. O sea, es preciso que dediquemos varios períodos administrativos teniendo como epicentro a estos importantes sectores nacionales. En verdad estamos ante la urgencia de gobiernos que den esperanza a las grandes masas vulnerables, a las grandes mayorías empobrecidas, al costarricense de a pie. Lo anterior, a fin de parar y reversar la dirección hacia el precipicio en que estamos cayendo como sociedad y como país.


Ese énfasis no significa de modo alguno, dejar de apoyar el esfuerzo productivo nacional; todo lo contrario, significa convocar al país e invitar a todos los sectores nacionales para que, con el apoyo del Estado; un Estado facilitador y no obstructor, aumentemos sustancialmente la actividad productiva nacional, a fin de crear más oportunidades y, consecuentemente, más riqueza para todos los costarricenses.


Apoyar a los débiles no significa debilitar a los fuertes


Apoyar a los débiles no significa debilitar a los fuertes, significa apoyar a los fuertes para aprovechar su fortaleza para robustecer a los débiles a fin de que todos sean más fuertes. Es hora de acabar con el maniqueísmo en donde unos sectores son los buenos y otros son los malos. Y, asimismo, acabar con la disputa fútil e inútil entre empresarios y trabajadores, cuando ambos son las dos caras de la misma moneda. Nuestra responsabilidad mantener brillando a ambas caras de esa monera.


Sí, basta de sembrar cizaña entre los distintos sectores del pueblo costarricense, trabajemos juntos para volver a construir una nueva visión-país que nos incluya a todos, una visión de una Costa Rica que ilusione y dé esperanza a todos; en fin, una nueva Costa Rica que funcione para todos.


Y en ese sentido, el futuro de nuestro país está en su pasado, porque en el pasado no muy lejano, fuimos capaces de construir un camino propio, fuimos capaces de ser pioneros en muchos campos con el asombro y admiración de otras naciones que nos tomaron como modelo; fuimos líderes mundiales en muchos campos. Esa extraordinaria capacidad nos convirtió en un país excepcional, que, a pesar de ser de bajos ingresos, nos hizo disfrutar de condiciones e índices sociales muy propias de países ricos y poderosos.


Desempolvamos y volvamos a nuestro gran secreto que siempre ha sido, construir más y más escaleras de ascenso, o sea, crear oportunidades para todos. Por eso sé que, si lo hicimos en el pasado y con menos recursos y menos conocimientos; sin duda alguna, lo podemos volver a hacer. Por eso, sin duda alguna puedo afirmar que el futuro de Costa Rica está en su pasado. Y, por lo tanto, debemos copiar de nosotros mismos, o sea, de la Costa Rica del pasado no muy lejano.


Nuestra mayor limitación, la ausencia de visión y liderazgo


Es curioso y paradójico que hoy en que hay tanta academia y abunda el conocimiento por doquier; exista tan poca visión y liderazgo en el país. Porque el pueblo de Costa Rica anhela líderes confiables y predecibles con quienes trabajar para sacar el país adelante. Hoy existe una gran escasez de verdaderos líderes, de líderes preparados para enfrentar los grandes retos y desafíos de la actual Costa Rica. Lo que abundan y sobran son “pretendientes”, o sea, aspirantes al liderazgo.


Hoy, Costa Rica es un país muy complejo, y esa complejidad requiere y exige líderes preparados para la complejidad. Y ahí está el problema.


Con lo anterior no estoy diciendo que en estos tiempos carecemos del todo de líderes; lo que en realidad estoy afirmando es que los líderes preparados para enfrentar la creciente complejidad del país son una especie sumamente escasa; y, por lo tanto, se trata de una llamada de atención para que no sigamos tratando la elección de nuestros gobernantes con la ligereza y superficialidad con que venimos haciéndolo.


Concluyo recomendando que, a la hora de elegir a nuestros gobernantes, siempre asumamos que habrá una gran crisis durante el período en que les tocará gobernar, y, por lo tanto, debemos de preguntarnos de previo, si la persona que pretendemos elegir posee la personalidad, las condiciones, y la capacidad necesaria de enfrentar una verdadera crisis. De esta manera nos aseguraremos de estar eligiendo a una persona preparada para las peores circunstancias que podrían presentarse durante su gestión, porque si está preparada para lo peor, lo estará para lo mejor.


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