Costa Rica: Un rompecabezas desarmado

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Si para algo ha servido esta crisis provocada por la pandemia del Coronavirus, es para revelarnos cuáles son las políticas que realmente funcionan y cuáles son las que no. Por años venimos diciendo que la desigualdad cuyos principales subproductos, la marginación y la exclusión social, y, consecuentemente la pobreza y la miseria son alimentados por los sistemas políticos y económicos que impulsan y promueven el capitalismo que, llevado al extremo, suele convertir en “sujeto de mercado” a una serie de bienes y servicios cuyo acceso universal debe ser garantizado por el Estado a todos sus ciudadanos. Bienes y servicios tales como la salud, los alimentos, agua potable, educación, electricidad y el crédito que, aunque es sujeto de mercado, debe observar algunas consideraciones.


Asimismo, señalo para subrayar que no basta garantizar el acceso a los mismos, sino, que es imprescindible que el Estado se asegure de que dicho acceso sea oportuno y que sean bienes y servicios de calidad.


¿Por qué Costa Rica fue un país tan igualitario en el pasado?


Porque desde la promulgación de código de las garantías sociales y la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) a partir de la cual, ninguna familia ha tenido que hipotecar su vivienda o declararse en quiebra por la enfermedad de algún pariente; como si sucede en otros países como en los Estados Unidos de América. Por la Fundación de la Segunda República y la democratización del sistema educativo con el establecimiento de escuelas y colegios en todo el territorio nacional; y por la creación de una serie de instituciones tales como el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) el cual, incluso, llevó la electricidad a los sitios más recónditos del territorio nacional como las zonas indígenas que no solo son de difícil acceso, sino, de muy baja densidad poblacional. La gesta anterior nos convirtió en el país con mayor cobertura eléctrica del mundo hispano; el Instituto Costarricense de Acueductos y alcantarillados (AyA) y luego las Asadas que hicieron accesible agua potable en cada rincón del territorio nacional; el Consejo Nacional de Producción (CNP) que protegía a los productores en contra de los abusos de los tagarotes, garantizándoles un precio mínimo de sustentación por sus productos, así como la provisión de alimentos de la canasta básica a los ciudadanos a precios asequibles por medio de sus famosos almacenes o estancos del CNP.


Y, de esta manera, dichas instituciones del Estado han sido los eslabones de una poderosa Red de Solidaridad y Protección Social que garantizaba el acceso de todos sus ciudadanos a los bienes y servicios mínimos, logrando salvaguardar o proteger los derechos fundamentales de los costarricenses. Estas políticas que fueron implementadas por muchos gobiernos, transformaron a Costa Rica en una de las naciones más igualitarias, justas y prósperas de la América Latina.


El minado y el eventual debilitamiento de nuestra Red de Solidaridad y Protección Social


Con la caída del muro de Berlín y el golpe que esta representó para el mundo bipolar de entonces, y el advenimiento de la globalización que propició un avance casi sin frenos al capitalismo salvaje, se fueron debilitando los fundamentos y “eslabones” de la Red de Solidaridad y Protección Social que con tanta visión y esfuerzo habíamos tejido y construido.


¿Y cuál es el estado actual de “los eslabones” de nuestra Red de Solidaridad y Protección Social?


Permítanme hacer una revisión de cada uno de los “eslabones” que componen nuestra Red de Solidaridad y Protección Social: En cuanto a la salud, pese a las constantes arremetidas en contra de la CCSS en los últimos años a fin de minarla y liquidarla, hemos logrado mantenerla. Y con su heroica labor actual frente a la pandemia COVID-19, esperemos que la falta de argumentos de sus enemigos le dé un respiro a esta noble institución. Espero, asimismo, que tengamos la visión y la voluntad necesaria para modernizarla para que esta responda oportunamente a las necesidades de los costarricenses. Debemos reconocer que su modernización sigue pendiente.


En cuanto a los estancos del CNP, estos fueron cerrados hace ya muchos años, obligando a todos los costarricenses a acudir a los súper y supermercados para la compra de su diario, lo cual representa un gran reto para muchos ciudadanos, dado que Costa Rica se ha convertido en uno de los países más caros de la América Latina. Y con respecto a lo que queda del CNP, curiosamente sólo unos días antes de la llegada de la pandemia al país, le oí al nuevo Ministro de Hacienda anunciar su posible venta o concesión, con lo cual se pretendía terminar de liquidarla. La epidemia COVID-19 permitió a tirios y troyanos darse cuenta del papel estratégico que sigue jugando dicha institución para mantener la paz social en nuestro país. No obstante, se impone, asimismo, una modernización del CNP.


A pesar de que en Costa Rica sobra agua y mucha, no le hemos dado al AyA el verdadero valor estratégico que esta tiene como institución. Y por eso, esta crisis dejó al desnudo sus deficiencias y falencias. Porque sin duda alguna, el agua es por mucho, el bien más importante que tenemos, por ser vital para nuestra mismísima existencia.


Para el pueblo costarricense, y, por ende, para todo gobierno, el AyA deberá ser, si no la primera, debe estar entre las principales instituciones nacionales. Y desde ese punto de vista, al frente de ella, se deberá procurar que estén siempre los mejores y más capaces hombres o mujeres del país. Porque con el agua no se puede ni se debe jugar.


Durante esta crisis, a muchos costarricenses les decimos que es imprescindible que se laven las manos, sin embargo, no le garantizamos el agua necesaria para hacerlo. Urge colocar al AyA en el centro de nuestra atención.


En cuanto a la educación, esta nos cuesta alrededor del 8% del Producto Interno Bruto (PIB), sin embargo, su calidad actual deja mucho que desear. La educación es la piedra angular sobre la cual se asienta el presente y el futuro de nuestro país, y, por lo tanto, esta no puede fallar. Para nuestra desgracia, la educación es otra de las actividades estratégicas cuya importancia solemos minimizar al poner su rectoría en las manos de casi cualquiera. Esto debe cambiar.

Sobre la electricidad, el acceso a la misma es excelente, en verdad tenemos una cobertura que es envidia de muchos países, el problema es su precio. Porque este se ha convertido en una piedra en los zapatos, no sólo de los pobres y de la clase media, sino de los empresarios cuya competitividad se ve amenazada por los altos precios de nuestra electricidad en comparación con los de otros países que incluso, tienen que generarla con derivados de hidrocarburos importados al no tener la ventaja que tiene Costa Rica de contar con casi 100% de su generación eléctrica con base de recursos renovables, especialmente, el agua, el viento y la geotermia.


Es hora de entrar seriamente a este muy serio y a la vez, extraño fenómeno de precios excesivamente altos de la electricidad costarricense.


Sobre el crédito, es asombroso lo que ocurre en nuestro país. Se creó la banca pública para dar acceso a todos los costarricenses a créditos a intereses justos. Sin embargo, hoy a vista y paciencia de los costarricenses, de nuestros gobernantes y con la complacencia del Banco Central; nuestra banca pública está en colusión con la banca privada en la Asociación Bancaria Costarricense (ABC), poniéndose de acuerdo para fijar tarifas de usura a los costarricenses. Urge darle coto a esta “increíble” situación.


Concluyo señalando que, a pesar de tener todas las condiciones y los recursos para ser uno de los países más prósperos e igualitarios de nuestro hemisferio y más allá, hoy estamos en la lista de los 10 países más desiguales del mundo; y la marginación, la exclusión; la pobreza y la miseria aumentan cada día ante nuestros propios ojos. Y todo lo anterior porque nuestra Costa Rica es como un gran rompecabezas desarmado, a pesar de que tenemos todas las piezas listas para armarlo y para sacar adelante al país.


Que el fin de esta pandemia sea el renacer de una nueva Costa Rica, más próspera, más inclusiva, más solidaria, y, más igualitaria para que sea una Costa Rica que funcione para todos.



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