Costa Rica vs Narcotráfico ¿Se sigue el camino correcto?

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional ANEP


Dentro de los tópicos que más preocupan actualmente a la población, indudablemente se encuentra lo concerniente a la materia de seguridad ciudadana. Aún más allá, se percibe una consternación por lo que refiere a las estructuras del crimen organizado, más específicamente, a las que se dedican al narcotráfico. Acorde al bloque de legalidad que rige nuestro estado de derecho, existen dos entidades encargadas de la investigación y represión de la narcoactividad en Costa Rica, el Organismo de Investigación Judicial (O.I.J) y la Policía de Control de Drogas (P.C.D.). Siendo el O.I.J. un órgano que investiga diversos delitos, la mayor carga de la responsabilidad debería recaer, según considera el suscrito, en la P.C.D., adscrita al Ministerio de Seguridad Pública. Pero la lucha contra este flagelo de las drogas depende de más instituciones, y el cumplimiento de tareas que penden de los tres poderes de la república. Por ello es necesario cuestionar:


¿Está realizando nuestro país los mejores esfuerzos en la lucha contra el trasiego de psicotrópicos?


Evidentemente, cada persona mantendrá una posición, sea favorable o no, acorde a los datos que adquiere a través de los medios de comunicación, y, en casos particulares, como el de este humilde servidor, al conocimiento y experiencia que el día a día nos obsequia, gracias al constante roce con los integrantes de los distintos cuerpos policiales en el país (la gente de campo que hace el trabajo). Mi muy firme opinión es sencilla; NO, nuestro Estado, con un plan antidrogas reciclado, sin políticas de seguridad ciudadanas ni criminales, ha demostrado ejecutar un trabajo mediocre en la lucha contra el narcotráfico.


Me disculpo previamente si lo radical de mi respuesta hiere susceptibilidades, no obstante, repito, la experiencia en el área, formación académica y la recopilación de data, a diario, me permiten sostener ante quien sea mi criterio, que por supuesto me dispondré a fundamentar.


Veamos: Según las estadísticas del O.I.J, a partir del año 2013 comienza una escalada de homicidios en Costa Rica. Hasta llegar al punto de tener un lamentable récord de años consecutivos con cifras que alcanzan la pandemia. Si bien es cierto, tenemos dentro de esos números muertes provocadas por riñas, asaltos, violencia intrafamiliar y demás, (situación que no ofrece ningún consuelo) es innegable que el aplastante porcentaje de los asesinatos en nuestro país de “paz” (sarcasmo), son producto de la compenetración del crimen organizado.


Para comprender bien el panorama existen circunstancias que es necesario conocer. Explico muy a groso modo: la cocaína, es mayormente producida en Colombia, Bolivia y Perú, el mercado meta es los Estados Unidos, en dónde se consume y se envía a Europa donde se vende a precios exorbitantes. De manera que, la droga debe ser transportada de Sudamérica a Norteamérica, atravesando toda América Central. Es por ello que constantemente se escucha a diferentes expertos (lo he dicho antes, aún no se cómo se consigue ese título) decir que nuestro país sirve como ruta de paso del narco. Ahora, el contexto socioeconómico de Costa Rica y la inexperiencia en estos temas, de parte de las autoridades, permitió que la narco-actividad creciera en nuestro territorio. Pasó esta bella nación de ser una simple ruta de paso, a convertirse en una zona de almacenamiento, bodegaje, reclutamiento, recarga logística, toda una base de operaciones, y recientemente hasta proveedor directo hasta Europa.


Con esta tenebrosa evolución de estos entes criminales se presentó un fortalecimiento de las bandas narco locales, los delincuentes “made in CR” aprendieron a sostener estructuras lucrativas con la venta de drogas locales. En muchos casos económicamente “patrocinadas” por los carteles internacionales. Es por eso que se presentan las guerras por territorios de venta y distribución, y la pila de muertos sigue incrementándose. En otras palabras, muchos homicidios son producto de bandas locales, que lucran con marihuana y crack mayoritariamente, pues el negocio grande y más reluciente está en manos de los ya mencionados carteles internacionales.


¿Qué futuro nos espera si la demanda del consumo de cocaína aumenta en nuestro país y los narcos evolucionan aún más?


Bueno, el destino fatídico al que nos enfrentaríamos ante esa hipotética situación me da calosfríos, ojalá no debamos enfrentarnos nunca a esas circunstancias, o el país se nos va de las manos definitivamente. –“Mucho ojo”; la producción está y seguirá en un creciente apogeo.


Es obligatorio analizar, si en verdad el gobierno actúa con el coraje y la fuerza necesaria, o si por el contrario demuestra pleitesía ante lo que acontece. La sana crítica, la lógica y el sentido común nos señalan que es trascendental y prioritario fortalecer con mayor presupuesto a la Policía de Control de Drogas, dotarlos de equipo especializado, recurso móvil, y, sobre todo, lo más importante, recurso humano, altamente capacitado y con condiciones laborales óptimas, que los recubran con un blindaje anticorrupción y les motive a efectuar su trabajo de la mejor forma. Sin embargo, observamos que la realidad es otra, documentos oficiales proporcionados por el mismo Ministerio de Seguridad Pública nos muestras que solo existen 155 plazas policiales en la PCD, y algunas de ellas no son de investigadores. A eso le sumamos que, en los últimos 5 años, mientras la pandemia se mantiene, este cuerpo policial tuvo un crecimiento nulo de plazas. La conclusión es sencilla, lejos de evolucionar en una policía especializada y fortalecida este importante cuerpo policial se está debilitando, a niveles alarmantes si lo comparamos con el crecimiento imparable del narcotráfico, contra el que luchan.


Por otro lado, es curioso observar hechos que, al analizarlos de fondo solo contribuyen al aumento de riesgo de la penetración de narco estructuras, y que han acontecido con la complicidad de los gobiernos de turno. Ejemplos claros y tangibles son las miles de excusas, “negligencias” y faltas de “presupuesto” para poner a operar escáneres a tiempo completo en los muelles. Ah, y no olvidemos cuando por razones aún no conocidas Costa Rica salió del programa internacional de revisión de contenedores que potenciaba la lucha contra el contrabando en esta modalidad de transporte comercial. Si, es por eso que llegamos a convertirnos en un deshonroso proveedor de cocaína directo a Europa. El permitir que, en la mayor frontera del país, por donde más entra y sale gente de nuestro territorio, se comience a quitar paulatinamente la policía estatal, y se sustituya por una empresa de seguridad privada (ah, por cierto, dicha empresa tiene abierta una causa en la fiscalía por tráfico ilegal, que coincidencia y que preocupante). A todo esto, se le suma la resistencia del gobierno de decretar el problema de las drogas como de salud pública, los programas reciclados del ICD, y la carencia de aprobación de proyectos de ley que persigan el dinero proveniente de actividades ilícitas. Ah, y lo olvidaba, faltaba mencionar la desmotivación y enorme deserción en cuerpos policiales, (en Fuerza Pública por ejemplo alcanza las 40 personas por mes), producto de las malas condiciones laborales y las tácitas rebajas salariales que han sufrido, un riesgo más creado que puede generar corrupción. Piénselo ciudadano: ¿A quienes favorece todo este escenario?


En resumen, la guerra contra las drogas para esta generación está perdida; de eso estoy convencido, el objetivo es prevenir que ocurra lo mismo con la generación que se aproxima a un futuro casi inmediato. Si seguimos haciendo lo mismo, los resultados (fallidos) seguirán siendo iguales, y el tema policial debe ser prioritario. Se requiere de un fortalecimiento integral de los cuerpos policiales y servidores motivados. Así como la atención de políticas serias que contribuyan, con bases técnicas y no populistas, a la lucha contra el narco-tráfico, por todos los frentes posibles, seguridad antes que negocios, debería ser la consiga de una clase políticas comprometida con la seguridad. ¡Costa Rica lo necesita, es urgente!

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