El emprendimiento: una perspectiva sindical

Actualizado: jul 18

Lic. Benjamín Sevilla García

Secretario de Juventud, ANEP


La figura del emprendimiento es abordada por diferentes áreas de conocimiento y cada una de ellas nos presenta una visión fragmentada de lo que implica, de ahí la necesidad de optar por un enfoque interdisciplinario que nos aproxime al verdadero significado. Asunto que no es tan sencillo y menos en un momento de crisis como el que experimenta el mundo.


Pese a lo anterior, la mayoría de expertos en la materia coinciden en que el emprendimiento y el estudio de la persona emprendedora se desarrolla con mayor fuerza por tres grandes áreas del saber: la sociología, cuyo enfoque tienen relación con los factores sociales que afectan la actividad de emprendimiento y las consecuencias para la vida en sociedad; la psicología, que explora en los aspectos cognitivos del individuo, la conducta y la personalidad, indicando que la persona emprendedora tiene ciertas características únicas e irrepetibles que le hacen apto para ello, y; la economía, cuyo enfoque es el crecimiento económico, la creación de empresas.


Puede que todos estemos de acuerdo con que la creación de empresas supone un crecimiento económico, porque la actividad empresarial genera empleo y posibilita la innovación. Sin embargo, estos aspectos deben comprenderse como elementos para garantizar el bienestar social y no sólo como una opción para el crecimiento económico. Es decir, el emprendimiento tiene la particularidad de modificar las estructuras económicas, precisamente porque tiene como pilar las igualdades, un aspecto que va más allá de la igualdad ante la ley y que se extiende a una igualdad de oportunidades y de resultados.

No se trata de una idea trasnochada, las personas tienen la capacidad de generar ideas novedosas, de identificar las oportunidades en los mercados para su eventual explotación, pero requieren el acompañamiento institucional para su desarrollo. Quizá esta es la idea que diferencia un emprendimiento como actividad para hacer plata, de un emprendimiento que además incluya al ser humano como el eje central de su accionar.


La perspectiva sindical, en estos asuntos, no obedece a cuestiones de “izquierda o derecha”, me parece que tiene que ver con “humanismo cristiano”. No es oponerse a la innovación, a la flexibilidad competitiva o a la generación de empleo, es pensar qué tipo de empleo se está generando con esta actividad y cuál es el valor que el ser humano tiene frente a la misma.


La búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, de nuevos productos o de mejoramiento de los existentes implica costes económicos y en un momento como el actual, en medio de una crisis como la que atravesamos el apoyo y el acompañamiento institucional es fundamental.


De manera que, los costarricenses no carecen de creatividad o de ideas innovadoras, pero se requieren factores que faciliten la actividad. Es decir, apoyo financiero, facilidades de financiación con intereses “humanizados” y el respaldo para tener acceso a la tecnología del momento.


Finalmente, se requiere poner en marcha iniciativas con potencial de desarrollo, pensadas en el marco de una crisis sanitaria y en este escenario, el emprendimiento supone una extraordinaria oportunidad que esperamos las autoridades estatales logren promover.


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