El fantasma de la Mamita Yunai

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


La United Fruit Company (UFCO), llamada en la América de habla hispana, la Yunai y más tarde, “Mamita Yunai” o la Bananera; y la Provincia de Limón, por alrededor de cien años fueron como una madrastra perversa pero rica y, una hijastra maltratada respectivamente. Porque nuestro país estuvo “casado” por casi un siglo con la UFCO y le confió la crianza de una de sus hijas, su provincia caribeña.


De esta manera creció esa hija bajo el yugo de una madrastra cuyo único interés era someterla para explotarla y hacerse rica a costa de ella.


No todo lo que brilla es oro


En un principio, ante una Costa Rica pobre, la nación más pobre de Centroamérica, las boronas que caían de la mesa de la madrastra y que recibía su hijastra, eran más de lo que, en general, disponían las otras 6 hijas (provincias) que le quedaron con su padre (Costa Rica). Porque los productos y servicios de que disponía la hijastra como: Transportes, agua, luz, comisariatos con productos exóticos, ciudad bien planificada con calles amplias y pavimentadas, etc., hicieron de la hijastra, la envidia de sus hermanas. Tanto así que ir a Limón en esa época era un lujo, era ir a un lugar de ensueño para el resto de los costarricenses. Limón era el sitio preferido para pasar la luna de miel. Y “rajaban” los que tenían la capacidad de celebrarla allá.


La UFCO dueña y proveedora de todo


Se trata de una época en que la United Fruit Company (la bananera) era prácticamente todopoderosa, todo le pertenecía y todo estaba bajo se control:


  1. Los comisariatos, hoy centros comerciales o malls eran de la bananera,

  2. La luz y el agua eran de la bananera

  3. En general, las “urbanizaciones” y las viviendas eran de la bananera

  4. El transporte era de la bananera

  5. Para enterrar a los muertos había que tomar el tren de la bananera

  6. La única vía de acceso al resto del país era la del ferrocarril de la bananera

  7. Las exportaciones se hacían por los muelles de bananera

  8. En general, la fuente de empleo era la bananera.


De esta manera, esa madrastra, la United Fruit Company, o sea, la Yunai, adquirió la semejanza a una madre dueña de todo y proveedora de todo. Lo anterior explica lo de “Mamita Yunai”. Y así, lo que parecía una aparente ventaja de su hijastra frente a sus otras seis hermanas (las otras seis provincias de Costa Rica), se fue convirtiendo en una gran pesadilla, en un azote, y, en una gran desventaja por la cultura de dependencia casi total que se creó con la presencia de la bananera.


Las secuelas de esa terrible dependencia


Todo lo anterior da cuenta del ¿Por qué? la Provincia de Limón se convirtió en la más sojuzgada, maltratada, abandonada y dependiente del país. Y dicha dependencia explica en mucho, la ausencia de iniciativa privada que por muchos años afectó a esa hija, y que, en cierta forma, siguen afectando a esa provincia que es sin duda alguna, una de las mejores dotadas y más ricas de nuestro país.


Así, a fin de paliar los serios problemas socioeconómicos de la Provincia de Limón, especialmente, la falta de empleo; a partir de los años 40 del siglo pasado, los limonenses comenzaron a emigrar a otros países en busca de oportunidades, primero fue a Panamá a trabajar en el canal, y luego a los Estados Unidos en donde hay generaciones y generaciones de limonenses; y más recientemente; a trabajar en los grandes cruceros que surcan los mares. Estas casi permanentes olas de emigraciones han creado serios problemas en el seno de las familias limonenses.


La liberación de la hijastra


A principios de la década de los sesenta del siglo pasado, la Provincia de Limón va a empezar a experimentar un proceso de liberación de los yugos a los que estuvo sometida por décadas: Se nacionalizaron: El puerto, el ferrocarril, el sistema eléctrico, el suministro de agua, la excluyente zona americana, miles y miles de hectáreas de tierras que estaban acaparadas por la Bananera, etc., etc. Así y desde ese punto de vista, Limón se convirtió en la Provincia más liberada del país.


La creación de JAPDEVA


Ante los serios problemas sociales y económicos que sufría la Provincia de Limón, en 1963 con la visión de Don Hernán Garrón Salazar, se creó la Junta de Administración Portuaria y del Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA), como una institución que se encargaría de dos aspectos fundamentales en el Caribe. Por un lado, la administración portuaria cuya ineficiencia generaba un verdadero caos para el país, y, por otro lado, impulsaría el desarrollo de la región.


JAPDEVA una historia de éxito y de fracaso


En más de 65 años de existencia, JAPDEVA tuvo un gran éxito en una de sus dos tareas fundamentales: el desarrollo portuario en que, su eficiencia en precios y desempeño la situó por años entre los primeros doce puertos más eficientes de entre más de 120 de la América Latina. Sin embargo, fracasó en su segunda tarea, el desarrollo de la región, porque después de más de medio siglo, el ansiado desarrollo de la región caribeña sigue pendiente.


El fantasma de la Mamita Yunai


Siendo JAPDEVA un puerto exitoso y competitivo tanto en precio como en eficiencia, y que, labora durante 24 horas diarias y 365 días al año, salvo casos excepcionales; inexplicablemente, por años se le vilipendiaba presuntamente por caro, ineficiente y poco competitivo.


Es así como se justificó la traída de una compañía internacional, supuestamente mucho más eficiente tanto en precio como en desempeño. Se trata de la empresa Terminales APM.


Con dicha empresa se firmó quizás el contrato más entreguista de la historia de nuestro país. Y lo más increíble es que, con saña y alevosía el actual gobierno interpretó un artículo de dicho contrato antojadizamente para entregarle toda la carga contenerizada a la transnacional; todo con el propósito de “liquidar a JAPDEVA” en vez de poner a ambos puertos a competir como lo hicimos con los bancos, los seguros y las telecomunicaciones. Así, increíblemente hemos creado un monopolio privado en una de las actividades más críticas, sensibles y estratégicas para el país.


De tal manera que Costa Rica en pleno Siglo XXI, tristemente volvió a la infame época de la Mamita Yunai, con la diferencia terrible de que la “nueva bananera” no tiene compasión ni misericordia, porque su política es: No me importa mis vecinos ni nada, lo quiero todo para mí.


Hoy muchas de las voces que vilipendiaban a JAPDEVA, la añoran y con lágrimas de cocodrilo la lloran, y claman por su regreso. ¡Qué pena!


En estos días, y ante tanta traición y falta de patriotismo, no me canso de repetir: Pobrecito mi país, y, permítanme agregar: Pobrecita mi provincia.