El fenómeno de la globalización frente a la criminalidad

Lic. Benjamín Sevilla García

Secretario de Juventud ANEP


Es importante señalar que la globalización ha propiciado que sólo unas pocas personas se vean afectadas positivamente por los beneficios del crecimiento económico, lo cual genera exclusión. La exclusión tiene un ligamen directo con el desarrollo de la criminalidad, únicamente que, en esta ocasión, el tipo de delitos es más complejo y adopta formas distintas. Es decir, tiene que ver con tráfico internacional, con formas de negocio ilegales, con evasión sofisticada, con delitos migratorios e internacionales muy diferentes a los que se tenían hace algunos años; y, con la estigmatización de ciertas poblaciones en estado de vulnerabilidad.


Respecto de este tema, José Arostegui señala que la globalización sólo ha beneficiado a un número reducido de países y de personas, lo que supone un desencadenamiento en la exclusión, que tiene su eco en el sistema penal. Por tanto, al haber personas apeadas del desarrollo económico, promovido por la globalización, se han convertido en marginales, inmigrantes, desempleados, y son personas que son vistas a los ojos de otras como peligrosas, diferentes, y esto conduce a un ambiente de inseguridad, lo que a su vez provoca por parte de los legisladores unas reacciones excesivas en los programas de Política Criminal.


El Derecho Penal producto de la globalización está sufriendo constantes modificaciones, actualmente se concibe como un mecanismo para defender bienes jurídicos. No obstante, la globalización hace que se le dé una nueva concepción, enfocándose en la persecución de las personas delincuentes y no tanto en fortalecer las políticas de prevención o en invertir regionalmente en programas con enfoques sociales.


La globalización da paso al Derecho Penal Simbólico: esta nueva forma de concebir el Derecho Penal se aleja de la lucha contra la persecución del delito y la prevención del mismo, y se enfoca más bien en mandar mensajes que prometen “resoluciones mesiánicas” ante las demandas de una población que siente que los niveles de criminalidad son muy elevados. El problema es que, algunos medios de comunicación con mensajes populistas distribuyen la idea de que todo está mal y con argumentos sensacionalistas, muestran una realidad basada en apreciaciones subjetivas. Esto provoca en las personas un incremento en el sentimiento de inseguridad y que reclamen al Estado medidas punitivas más duras. También, se busca castigar con penas severas aquellas faltas que no llegan a delito o incluso, los delitos de poca monta.


Lo anterior, da paso al Derecho Penal de Riesgo. Interpretando al reconocido penalista José Arostegui, deducimos que la globalización ha tenido que crear nuevas formas de imputación, atendiendo a la gravedad del ataque al bien jurídico, entre las que se encuentran: la imputación de los delitos de lesión, de peligro concreto y de peligro abstracto, de donde se concluye que la lesión no es más que la producción de un perjuicio al bien jurídico, el peligro concreto es la probabilidad de la lesión y el peligro abstracto es la probabilidad de un peligro concreto.


La globalización trajo consigo, además, el Derecho Penal del Enemigo que justifica el endurecimiento de las penas. Se enfoca en una concepción del delincuente como enemigo de la patria y, por consiguiente, un justo merecedor de los castigos más elevados.


Algo así, como la idea que sostiene Jakobs que en el Derecho Penal del enemigo el autor del delito persigue con su actuación destruir el sistema político, jurídico e institucional. Tan elevado es el desvalor de estas acciones, que en estos casos el autor de tales hechos no puede por menos, según este especialista, perder su condición de ciudadano. Y dada la alta peligrosidad de su persona para el sistema social y político no tendría los mismos derechos fundamentales que en el ejercicio de la defensa se le concede a un delincuente común.


Por su parte, Eugenio Raúl Zaffaroni, hace referencia a una serie de características de la globalización que tienen su impacto en el desarrollo de la criminalidad: la revolución tecnológica sobre todo en el tema comunicacional; reducción del poder regulador económico de los estados; aceleración de la concentración del capital, con predominio del financiero; se desplazan los capitales con costo cero, hasta donde se hallan mayores rentas, por lo general a costa de reducción de costo por recorte de personal y de menor tributación; el poder político compite por atraer esos capitales.


La idea de Zaffaroni es que el uso del empleo, del salario y de la tributación como variable de ajuste, provoca creciente desempleo y deterioro salarial. Y que, una deficiente recaudación fiscal imposibilita la inversión social. Lo anterior hizo que los Estados perdieran su capacidad de mediación entre capital y trabajo; los sindicatos carecen de poder para reclamar contra esa situación; la especulación financiera adopta formas que cada vez tornan más borrosos los límites entre lo lícito y lo ilícito; los refugios fiscales para capitales de origen ilícito son conocidos por todos y nadie los obstaculiza; el sistema tributario se invierte, tratando de compensar la menor tributación del capital con mayor tributación del consumo, que recae sobre los de menor renta.


Finalmente, se podría concluir que, la principal característica o consecuencia social de la globalización es que genera exclusión sobre todo en el sector de la economía, también se habla de una tendencia a la explotación, entonces, no sólo tenemos personas que quedan por fuera de los beneficios del crecimiento económico, sino de un grupo significativo de personas que son explotadas en sus trabajos. Esto es lo que incentiva y orienta el desarrollo de la criminalidad. En el campo de la política, se puede asegurar que los políticos están perdiendo poder frente a la economía globalizada, entonces no tienen posibilidades reales de legislar en materia penal, si no es en el marco de lo que le dicte las reglas del mercado.