El Horventor

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Me propongo tomar prestado uno de los términos que forma parte del currículum del Curso de Liderazgo Político del Siglo XXI, que impartí durante varios años a los estudiantes de la Escuela de Capacitación Política del Caribe. Por lo curioso y significativo del mismo, permítanme compartirlo con todos y cada uno de ustedes hoy. Se trata de la extraña palabra: Horventor.

¿Y qué es Horventor?


Horventor (Antventor en inglés), es una expresión o vocablo que creé hace más de una década para definir y realzar una serie de cualidades y virtudes muy deseables en el comportamiento de todos los seres humanos. Lo anterior, como producto de mis observaciones durante horas de estudio y reflexión, después de las cuales, llegué a la conclusión de que, existen cualidades y actitudes excepcionales en ciertos insectos y en un puñado de seres humanos que son inherentes al éxito. Y, por lo tanto, son dignas de ser practicadas y emuladas para incorporarlas como parte integral de nuestro código de comportamiento diario. Sí, se trata de las condiciones excepcionales que se encuentran en algunos tipos de hormigas y en los inventores.


Sobre las hormigas


Existe cierta clase de hormigas que, en su duro trabajo en equipo, y, sobre todo, cuando están acarreando materiales o alimentos hacia su nido; si se les bloquea el camino, ellas siempre encuentran otra ruta alternativa; y, si se les vuelve a bloquear esa nueva vía, siguen buscando otra y no se rinden hasta encontrar cómo franquear todos los obstáculos para seguir adelante, sin ceder y sin cesar. O sea, no paran, ni aflojan nunca. Por lo tanto, la única manera de impedirles que sigan y que alcancen su meta, es aplastándolas, o sea, matándolas.


Además, estas maravillosas hormigas tienen una enorme capacidad de trabajo y para soportar grandes cargas, las cuales, frecuentemente superan su diminuto tamaño. Sí, ellas son asombrosas, portentosas y perseverantes.


Esta actitud de las hormigas es singular y digna de estudio; porque frecuentemente los seres humanos nos desanimamos y renunciamos al primer revés, al primer obstáculo en nuestro camino, o al primer “triquitraque” que explota a nuestro paso.


Sobre los inventores


Asimismo, los inventores tienen una serie de cualidades y virtudes dignas de estudiar, evaluar y de adoptar. Cuando conciben una idea, buscan sin cesar la manera de transmutarla en realidad. Y en ese esfuerzo y búsqueda, pueden “fracasar” o “fallar” las veces que sea; pero estos insisten y siguen escudriñando, y, en ese proceso, hasta suelen convertir sus “fracasos” en grandes lecciones de aprendizaje que los aproxima más y más a la ansiada solución.


Así pues, la poderosa visión de los inventores, y su gran perseverancia suelen desarrollar en ellos una enorme capacidad para soportar los supuestos “fracasos” en su indeclinable, inclaudicable e irrenunciable camino al éxito.


Los inventores saben que tarde o temprano, el fracaso huye despavorido ante su persistencia.


Los inventores y nuestro sistema de educación formal


Llama poderosamente la atención que, nuestro sistema de educación formal define como fracaso, a todo resultado que no alcance el nivel de desempeño mínimo de acierto del 60% o 70%, según sea el caso o método de evaluación establecido. Y de esta manera y sin proponérselo, este suele desestimular la curiosidad y el tan necesario método de prueba y error, y, por ende, crea en la psique de los educandos un temor (casi terror) al error, a la falla y al supuesto fracaso; cuando a menudo los reveses son parte integral del proceso que conduce al éxito. Por lo tanto, el sistema suele formar a los estudiantes con un horizonte profundamente condicionado por la marca mínima del 60% o 70% como el límite inferior o mínimo previamente fijado para escapar del fracaso.


Los inventores no están sujetados a ese horizonte del 60% o 70% de desempeño mínimo. Todo lo contrario, porque si tienen que fallar mil veces para llegar a la solución deseada, estos suelen celebrar dichas fallas o “fracasos” con gran entusiasmo, conscientes de las grandes enseñanzas que en ellos se encierran. Los inventores utilizan los “fracasos” como si fueran los andamios de una construcción, a sabiendas de que, una vez que dan con la solución, o, logran su invento, los “fracasos” se vuelven sencillamente irrelevantes.


Se dice que el famoso inventor, Tomás Alba Edison, “fracasó” diez mil veces antes de acertar el invento de la bombilla o lámpara eléctrica. De acuerdo con nuestro sistema educativo convencional, Edison sería un desastre como estudiante, reprobado con nota cero, sin posibilidades de presentar exámenes de recuperación, y, por lo tanto, seguramente sería expulsado del sistema educativo como un caso perdido. Sin embargo, tuvo éxito con alrededor de 1000 inventos, y la historia lo considera un genio y el más grande inventor de todos los tiempos.


Así las cosas, si asumimos la actitud de la hormiga y del inventor, el éxito nos acompañaría más frecuentemente en nuestros quehaceres. Por todo lo anterior, hace más de una década, tomé la decisión de crear el vocablo “horventor”, un término compuesto por la primera sílaba de la palabra hormiga y las dos últimas sílabas de la palabra inventor. Para inculcar esas virtudes en los alumnos de mis cursos de liderazgo político.


O sea, una o un horventor, es una persona persistente, perseverante en su esfuerzo por cumplir una tarea o llegar a su objetivo; para lo cual no se deja distraer en el camino, que se levanta todas las veces que cae, se sacude el polvo de encima, y sigue; salta todos los obstáculos en su senda hasta llegar a su meta.


Concluyo, exhortando a todos mis compatriotas, sin excepción alguna, comenzando por mí mismo, para que nos convirtamos en horventors (no digo horventores), o sea, para que sigamos adelante, esforzándonos para perseguir y alcanzar nuestros sueños; y así, no renunciemos ni desmayemos, sino más bien, para que templemos nuestro espíritu a fin de enfrentar con ventaja, los grandes retos y desafíos de nuestra vida.

Porque es esencial siempre recordar que:


Sólo se fracasa cuando se renuncia


Y, además, que:


“Los que triunfan nunca renuncian y los

que renuncian nunca triunfan”


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