El Hostigamiento es un Delito

Carolina Delgado Ramírez

Ex Diputada

Como personas debemos aspirar a cumplir nuestros sueños y metas, pero especialmente a ser respetada como persona, en todos los extremos.


Es una lucha permanente, no sólo de las mujeres, sino de los llamados grupos “minoritarios” y hasta “mayoritarios”; pero bueno para eso existen reglas sociales aceptadas, que conocemos como leyes y que generan acciones a favor de cambios en beneficio de la sociedad, como un todo.


Entonces la pregunta es; ¿A quién debe resguardar el Estado? ¿A favor de quien se debe legislar? Deberíamos pensar en aquellas personas que son y han sido víctimas de comportamientos socialmente no aceptados (robar, matar, acosar, estafar, entre muchos otros).


Para mí es obvio, el resguardo es para aquellas personas que han sufrido o sufren un daño y no para aquellas personas que lo han cometido.

Por eso la larga discusión de que, si las Universidades o Instituciones del Estado deben o no hacer público los nombres de las personas que han cometido el delito de Hostigamiento, regulado en la Ley contra el Hostigamiento Sexual en el Empleo y la Docencia, Ley 7476 del 3 de febrero de 1995 y sus reformas, me parece inerte y poco productivo, más parece la complicidad de una sociedad machista, que se resiste a ver en ese tipo de conducta algo malo.


La justificación de un Rector de una universidad, de no hacerlo público para que la familia del hostigador no “siga” siendo afectada y por ende el mismo hostigador, no me satisface. Entiendo que ellos son “otras víctimas” del comportamiento antisocial y que su vida también fue afectada, pero cuantas otras serán afectadas al no conocer el nombre de aquellos que tienen “malas costumbres” y cometen delitos.


Lo peor de todo, ante el silencio y la complicidad social en este tema, las víctimas han tenido que hacer públicos los hechos, han tenido que ver expuesta su vida diaria y ser cuestionadas. Surgen comentarios como: “quien sabe cómo iba vestida”, “seguro lo está inventando” o “esa mujer es una fácil”.


Me preocupa que ante el escrutinio social hacia la víctima y su estigmatización, que menos mujeres decidan denunciar y sigan aceptando ser hostigadas o acosadas.


Que nos pidan favores sexuales por la razón que sea y a cambio de algo, que nos pasen diciendo “piropos” o enviando mensajes escritos o videos que nos desagradan y comprometan, que nos “toquen” o “manoseen” o más, sin nuestro consentimiento, o tener miedo de regresar o estar en el trabajo o centro de estudio, que en lugar de ser lugares de aprendizaje y crecimiento personal se convierta en un martirio diario, es un comportamiento antisocial de quienes lo hacen, no de quienes lo sufren.


Dejemos de defender lo indefendible, dejemos de ser cómplices de estos actos repudiables y de los delincuentes que los cometen; seamos solidarios con las verdaderas víctimas y hagamos públicos los nombres de los hostigadores y acosadores.