El poder de las palabras.

Adriana Ross Madrigal

Productora y Presentadora


Siempre me he preguntado que tanto pueden afectar o marcar la vida de una persona las palabras que expresamos o escribimos. En discusiones en el hogar, entre esposos, hermanos, familiares, amigos, cuando se tiene una relación, en redes sociales. A veces no medimos lo que decimos y pensamos que no es importante o que se le olvidará a la otra persona y lo dejará pasar sin consecuencias. Todos y todas hemos sido víctimas en algún momento de palabras ofensivas que hieren, o hemos sido los que las decimos. Con todos estos ejemplos también quiero sumar uno, cuando se tiene al alcance una forma de humillar, ofender, o denigrar a una persona y es por medio de un medio o espacio de comunicación.


La semana pasada fuimos testigos de una situación donde un presentador de un programa de un medio nacional hace burla y ofende a una mujer. Estas situaciones han pasado muchas veces, pero no siempre nos enteramos porque no se exponen o deciden no compartir su experiencia.


Un presentador utiliza palabras despectivas para referirse hacia una mujer joven, lo cual me parece muy mal cuando se tiene un espacio en un medio de comunicación y se aprovechan para decir lo que sea a quien sea. Cuando se tiene esta oportunidad de trabajo por más que el formato sea de vacilón o poco formal no se puede ser tan irresponsable de utilizarlo para ofender. Un acto así debería de traer consecuencias, pero a veces la persona afectada no lo quiere decir o comentar, y otras veces como este caso la mujer se sintió ofendida y lo expuso públicamente; me sorprendió mucho leer mensajes donde hombres y mujeres estaban de acuerdo con lo sucedido y apoyaban el actuar del presentador, pero lo bueno es que eran más los comentarios de molestia hacia el hombre de lo que había ocurrido. Tengo que mencionar que la reacción de la joven de contar lo que había sucedido y su posición sobre un ejemplo de machismo les molestó a otras personas y como pasa a veces para algunos ella tuvo la culpa y lo provoco, es increíble ver como todavía se señala a la mujer víctima de maltrato verbal y hasta físico como si lo mereciera o la frase de “ella se lo busco”.


Definitivamente todavía hay mucho que aprender y prácticas que se tienen que erradicar. El morbo, la burla a una mujer es un cambio que urge en nuestra sociedad, y mucho de este cambio se tiene que dar en la educación, en las escuelas, en nuestros hogares desde que nuestros hijos o hijas están pequeños para que crezcan con una educación donde se les enseñe el respeto por las mujeres y cualquier persona, pero en este caso en las mujeres, crecer viendo abusos y agresiones como algo normal que el hombre puede hacer con la mujer, eso es lo que va a llegar a hacer en cualquier momento de su vida, en la escuela, el colegio, universidad, trabajo, en sus relaciones amorosas.


Una parte muy importante es la educación que le demos a las mujeres, a nuestras hijas, el inculcarles valores para sí mismas, el que sepan que bajo ninguna razón no deben permitir faltas de respeto, que si dicen no están en todo su derecho, tienen el derecho a decidir, a dar su opinión, a estar en un lugar seguro donde estudien o trabajen, tienen el derecho a caminar tranquilas por las calles, que sepan y conozcan las leyes que nos protegen. Los tiempos cambian y tenemos más acceso a la información, a saber, que decisiones tomar si sufren de acoso o de agresión tanto física como verbal. Si está en nuestras manos el poder compartir toda esta información con otras mujeres que no tengan claro cuáles son sus derechos y opciones en caso de pasar por estas situaciones, háganlo no permitamos que haya más víctimas y decirles que están en todo su derecho de defenderse, denunciar y levantar nuestras voces.


Es increíble que en estos tiempos todavía se den estos casos de agresión verbal, por eso les dejo saber mi molestia desde el primer día cuando leí lo que le había sucedido a Johanna Villalobos y le aplaudo la forma en que nos compartió como se sintió y su experiencia. A veces algunos que ocasionan este tipo de incidentes se les olvida que en sus familias hay mujeres y no creo que permita que algo así le sucediera a una de ellas, me imagino que la apoyaría y defendería a capa y espada. El señor compartió una disculpa pública reconociendo su error, me pregunto si Johanna no hubiera compartido lo sucedido, su molestia y se hiciera de conocimiento público ¿lo hubiera seguido haciendo, lo haría con otras mujeres? Lo más importante que el medio de comunicación no lo permita.


Como este caso hay muchos, si nos damos cuenta de que algo así sucede apoyemos a esa mujer, déjenle saber que no está sola, que sepa que es una decisión valiente el denunciar cualquier tipo de agresión, y recuerden no es normal estas situaciones, hay patrones de conducta que están mal, nuestra integridad física y mental deben de estar seguras siempre, que no te digan lo contrario, el poder de las palabras de otra persona te ayuda o te lastima. No lo permitan, y si han pasado por estas situaciones compártanlo, no es malo cuidarnos entre todos y todas.


Los artículos y comentarios expresados en las columnas de opinión de esta Revista son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la posición de La Pluma CR

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