¿Es la era digital el fin de los sindicatos?

Lic. Benjamín Sevilla García

Secretario Nacional Juventud ANEP


Nadie ignora que la revolución digital promete cambiar la economía y generar transformaciones sociales de gran envergadura. Se dice que dos tercios de los empleos que actualmente conocemos se perderán y muchos otros serán desplazados por nuevas actividades de innovación, como la sustitución de empleos humanos por robots. Algunas personas hablan de una “sociedad con crecimiento económico, pero sin Trabajo humano”.


Hay quienes plantean que la gran promesa de la revolución industrial 4.0 al respecto, es la de eliminar aquellos trabajos insalubres y peligrosos, pero procura la desaparición del prototipo clásico de trabajo decente, seguro y de calidad; y, de la propia organización sindical, buscando nuevas formas de representación de aquellas personas que hasta hoy conocemos como trabajadoras. Indican a su vez, que se procura cambiar esa connotación proteccionista del Derecho del trabajo.


Algunos cambios que se están promocionando hay que verlos con sumo cuidado, pues no todos los aspectos que se presenta en la era digital o en la industria 4.0 le son propios. Hay asuntos que responden a políticas que se venían gestando desde mucho tiempo atrás. Así, por ejemplo, el cambio en el concepto de persona trabajadora por colaboradora, o bien, el de trabajador asalariado por “prosumidor” no es un planteamiento nuevo.


De cualquier manera, lo cierto es que, si en la era digital se da un cambio vertiginoso en las actividades productivas, nuevas formas de trabajo; si se le resta valor a la hoja de vida de las personas y se maximiza el valor de aquellos individuos que muestran mayor capacidad de adaptación a la tecnología; si se les da prioridad a los “nómadas del conocimiento” a esos que tienen máxima movilidad para trasladarlos a cualquier lugar y que están a disposición de cualquier empresa sin objetar el arraigo familiar, vínculos estables o “derecho de desconexión”, la organización sindical tendrá serias dificultades, salvo que logre readecuar sus áreas de acción.


Es verdad que las personas, por las nuevas formas de trabajo, muestran una tendencia más al individualismo que al trabajo en grupo y hay un cambio importante que va de los trabajadores tradicionales, que normalmente se concentraban en grandes grupos, a uno más independiente. Sin embargo, el interés por el reconocimiento de la dignidad y por mejorar las condiciones de vida está vigente, de ahí que el rol de los sindicatos es tan válido como en otros momentos.


Las nuevas necesidades y exigencias de una generación distinta no desaparecen el papel de los representes de los trabajadores de ahí que, la era de la digitalización no implica el fin de los sindicatos, sólo una transformación en las nuevas maneras de asumir la defensa de las personas trabajadoras. Por más que se analice el cambio en los elementos objetivos del Derecho del trabajo, la seguridad social y la protección social se deben seguir protegiendo, así como, las jornadas de trabajo, las remuneraciones, los aspectos de salud ocupacional, entre otros.


Finalmente, coincido absolutamente con don Óscar Rodríguez León, de la ISP, se debe “transitar el modelo de sindicato actual a uno más organizativo y dinámico de cara a estas transformaciones, con miras a seguir impulsando un sindicalismo propositivo, vanguardista, previsor y luchador, que sea capaz de evolucionar con una más eficiente gestión hacia un sindicalismo 2.0.”