Estamos destruyendo la flor de nuestra democracia

Ing. Clinton Cruickshank S. M.B.A.


La flor de nuestra democracia fue desde siempre la magia y la pasión en nuestros procesos electorales. Y es así como por años nos hemos distinguido por la singularidad de nuestras elecciones y campañas políticas.


Los signos externos


Otrora era tan hermoso observar cómo los costarricenses nos identificábamos abiertamente con el partido y el candidato de nuestra preferencia. Esta identificación era notoria, se manifestaba con banderas en los techos de las casas; calcomanías en los autos, motocicletas y bicicletas; rótulos en paredes, postes, mástiles, etc. Asimismo, se manifestaba en la organización espontánea de caravanas de vehículos, de jornadas de perifoneo por los barrios, de piquetes de niños y jóvenes repartiendo signos externos tales como calcomanías, minibanderas, banderas, panfletos, etc.


Es justamente la gran espontaneidad de nuestras campañas electorales la que encantaba y seducía, y la que las hacían emocionantes, atrayentes, envolventes y espectaculares. Sí, es esa espontaneidad la que lograba atraer y llamar la atención a nuestros compatriotas, especialmente, a los jóvenes.


Los extranjeros se asombraban de ver como los costarricenses sin temor alguno, nos identificábamos abiertamente con el partido y con los candidatos de nuestra preferencia.


Por ejemplo, les llamaba poderosamente la atención encontrar en el techo de una misma casa, dos o más banderas de diversos partidos, las cuales representaban el apoyo de los miembros de una misma familia a distintos partidos y candidatos en contienda. Eso sin duda alguna, reflejaba nuestra extraordinaria tolerancia, que es el principal sostén de nuestro sistema de convivencia.


Alguna vez me tocó estar en período de campaña electoral en Europa y en los Estados Unidos, en donde pude constatar, que, a no ser que alguien me informara que estaban en campaña electoral, e incluso en elecciones; jamás lo hubiera sospechado, porque los días transcurrían con normalidad como cualquier otro día.


Por cierto, me daba el lujo de “rajar” orgullosamente sobre la gran magia y maravilla de nuestras campañas políticas, y consecuentemente, nuestro Sistema Electoral.


Pues bien, hoy, en nuestro país, las elecciones se asemejan cada vez más y más a las de otras latitudes. Porque perdieron aquella magia, todo aquello que las hacía únicas y diferentes; singulares y típicamente costarricenses. O sea, al igual que casi todo en nuestro país, mediante una serie reglas, regulaciones, trámites y prohibiciones, se les ha puesto una enorme camisa de fuerza.


¿Y por qué cambiamos?, ¿Qué nos pasó?


Bueno, por un lado, algunos medios se empeñaron en acabar con el embanderamiento y con una serie de signos externos que representaban una excelente inversión en nuestra democracia, pero de la cual ellos no recibían ningún beneficio.


Pregonaban que esos signos externos eran un gran despilfarro, y que representaban un desperdicio de recursos para el erario. Que era mejor que nos ahorráramos esos dineros. Y ¿Adivinen qué? Sí, se eliminaron esos supuestos “gastos superfluos” en signos externos de los partidos políticos. Sin embargo, curiosamente, el costo de las campañas políticas siguió creciendo. Y esos fondos fueron a dar a los medios, especialmente a las cadenas de televisión.


Hoy esas poderosas cadenas lograron su propósito de eliminar los gastos en signos externos y aumentarlos significativamente en sus propios medios los cuales, suelen llevarse una enorme tajada de la deuda política financiada por todos los costarricenses. Lo anterior explica, asimismo, y sin duda alguna, la pérdida de la magia y singularidad de nuestras elecciones.


Las campañas políticas, la “tramitomanía” y las arbitrariedades


Aunado a lo anterior, resulta que el T.S.E., para hacerse sentir, comenzó a prohibir todas las actividades espontáneas que generaban la magia en nuestras campañas políticas. O sea, y me explico, ya no se puede espontáneamente organizar piquetes, caravanas, caminatas, etc., porque para realizar cualquiera de esas actividades, hay que pedir permiso al órgano electoral, y su trámite tarda mucho como casi todo en nuestro país. Es así como, aquello de que un grupo de entusiastas seguidores, estando en su club político, y como en el pasado, decidían espontáneamente organizar una caravana, hoy eso no es posible. Esa espontaneidad es castigada severamente por el Tribunal Supremo de Elecciones.


Otrora, el TSE era como un excelente árbitro de fútbol en quien nadie reparaba durante el desarrollo del juego, porque los protagonistas del espectáculo eran los jugadores. Sin embargo, hoy, ese órgano regulador decidió ser ellos los protagonistas. Es así como actualmente se asemejan a un mal árbitro que, con sus acciones y arbitrariedades, pretende ser el protagonista del partido de fútbol, y convertirse en el centro de atención en la cancha. Es una verdadera pena de verdad, porque así, están liquidando la esencia de nuestras campañas políticas.


Y ese papel de exceso de protagonismo, de “Showman” que ha asumido el T.S.E., en los últimos años, está atentando seriamente en contra de la idiosincrasia de nuestro Sistema Electoral, tal como fue concebido; y en contra del éxito que ha tenido desde la fundación de la Segunda República.


De esta manera, la burocracia, y su hermana mayor, la tramitomanía que tienen postrado a nuestro país, ya invadieron y se enseñorearon de nuestro Sistema Electoral, eliminándole su magia, volviéndolo cada día más frío y aburrido, metiéndolo en una gran camisa de fuerza, eliminando su espectacularidad, y, sobre todo, la pasión que es la responsable de su singularidad.


Hoy, nuestras campañas políticas son muy parecidas a las de aquellos países fríos: sin emoción, sin entusiasmo, sin vida; campañas en donde el abstencionismo es sumamente alto. Por eso, todo parece indicar para allá nos quiere llevar nuestro T.S.E. ¡Qué pena de verdad!

Es así como, venimos destruyendo la esencia de nuestro Sistema Electoral, y con él, “la flor” de nuestra democracia.


Durante las elecciones municipales de antier domingo, hubo muchas quejas y molestias por la necedad y las continuas arbitrariedades de los miembros del T.S.E. Sucedieron cosas increíbles en algunos centros de votación, cosas como las siguientes:


  1. No permitieron que los toldos se instalaran enfrente de las escuelas.

  2. No permitieron que las guías entraran a las escuelas acompañando a los electores

  3. No permitían gente dentro de las escuelas, etc., etc.


Por ejemplo, la Licda. Laura Hernández Monge quejándose amargamente de ese órgano, escribió en un chat lo siguiente:


“Hemos vivido un total atropello a la democracia en nuestro centro de votación Joaquín García Monge, Desamparados. Una pena realmente que el TSE no deje vivir esta fiesta cívica, lo que nos dice que estamos cerca de una dictadura.


No han dejado que hagamos nada, el reunirnos 4 o 5 personas en la explanada del interior de la escuela “es peligro de piquete”, y de una vez se acercan para que nos retiremos

Es increíble que ahora que llegaba don Gilberth, la comparsa se puso al frente de la escuela y no los dejaron tocar…”


Otra compañera igualmente se quejó y escribió lo siguiente:


“Todo el día han estado en eso. Hasta me dijeron córrase 25 metros de la entrada, si no, llamamos a la fuerza pública para que los corra; y yo sólo estaba esperando a Doña Laura Chinchilla para recibirla. Me sentí triste de ver, por la actitud de esta gente. Al final me mantuve al margen”.


Así es como últimamente y durante los anteriores procesos electorales, fueron aumentando las quejas sobre la impertinencia, la necedad y el deseo de figurar de los representantes del T.S.E.


Quizás esa actitud deriva del hecho de que ellos presumiblemente no han tenido la experiencia personal de participar realmente en una elección, y que, consecuentemente, nunca han sometido su nombre en un proceso electoral. Por lo tanto, en el fondo no tienen la más mínima idea de “la cultura” que está inmersa en la actividad que están regulando.


Esperemos que estas actitudes y arbitrariedades, así como, el exceso de regulaciones y trámites innecesarios que viene imponiendo el T.S.E. en nuestro Sistema Electoral, cesen; para que no sigan atentando en contra de uno de los “ethos” del ser costarricense, que, sin duda alguna, es la columna vertebral de nuestra democracia y su sistema de convivencia.

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