Experiencias y vivencias para compartir.

Adriana Ross Madrigal

Productora y Presentadora


En estos días que estamos con la entrada a clases de escuelas y colegios se me vinieron a la mente muchos recuerdos y en especial situaciones que viví en mi infancia. Cuantas mujeres recordamos alguna experiencia en nuestra época de escuela cuando fuimos víctimas de bullying como se dice ahora. Creo que muchas como yo vamos a contestar que sí, pero nunca lo compartimos o lo dejamos pasar tratando de olvidarlo y borrarlo de nuestros recuerdos. En la actualidad muchos casos que vimos se siguen dando, pero con una gran diferencia que ahora se da la importancia a los derechos de los niños y niñas y existen protocolos para casos de bullying, es más fácil denunciar y enfrentar estas situaciones.


Mi época de escuela terminó en 1986, y eran otras circunstancias en muchos aspectos, otra forma de educar a pesar de que nos trataban de inculcar buenos hábitos y el respeto siempre a nuestros mayores, pero tengo que ser honesta, el respeto entre nosotros niños y niñas no era un tema de importancia, jamás como lo es ahora. Quiero compartir una experiencia que viví y no me da pena ni vergüenza contarla, al contrario, entre más pueda compartir sabiendo que no soy la única, que muchas mujeres y hombres se puedan sentir identificados y en algún momento de su vida hasta contar su experiencia, compartirla para evitar situaciones así hoy en día.


En mi último año de escuela cuando iniciaba sexto grado, en mis vacaciones de tres meses me vino mi primer período menstrual, empecé sexto grado con grandes cambios que se podían notar en mi cuerpo, me crecieron un poco más mis bustos, se me marcaban más mis caderas, nunca me avergoncé y más bien me sentía feliz porque sabía que me veía muy diferente a otras niñas. Era de las muy pocas que mes a mes tenía que estar al pendiente de cambiarme la toalla en la escuela y en esa época era como un tema prohibido. Que no se te pasara nada a tu short, mi uniforme fue un jumper y debajo un short, o para educación física. Me había dado cuenta de que mis compañeras no lo iban a entender. Siempre fui cuidadosa y precavida y núnca tuve un mal momento de tener que ver que hacer porque se me había pasado a mi ropa.


El que empezara a cambiar mi cuerpo me llevó a una situación donde pasé de usar brassiere con elástico a brassiere con una copa pequeña, y había momentos dónde se me notaba más como cuando recibía clases de educación física. Varias compañeras y una que recuerdo en particular se sorprendieron al verme, claro porque ellas en ese momento no habían desarrollado como yo, me señalaban y hablaban entre ellas con cara de asombro sin disimular, recuerdo que ese día después del recreo se me acercó una de mis grandes amigas de la escuela y me comentó que algunas niñas estaban criticándome y diciéndole al resto de mis compañeros y compañeras que yo me ponía algodón y medias para que mis bustos se vieran más grandes, en ese momento sentí vergüenza, traté de taparme porque todas las miradas estaban en mí como resolviendo si era cierto o no. En ese momento hubo compañeros y compañeras que no le dieron importancia y otros que hicieron bromas y se rieron creyendo que era cierto. Lo más importante era como yo me sentía, por varios días iba con un suéter, trataba de taparme, como si hubiera hecho algo mal, como si el haber desarrollado fuera malo, como si tuviera que sentirme avergonzada, y en esa época no se acostumbraba a hablar de esos temas en la casa y menos en la escuela. Recordando casos de compañeras donde eran víctimas de bullying o acoso escolar por compañeros y recuerdo que les decían a las profesoras lo que ocurría y la reacción era decirles es “su culpa”, “no los provoquen” o simplemente “ignórelos y no les haga caso”.


El capítulo simplemente pasó y vino otro tema y olvidaron el mío. Esto me pone a meditar que en mi época y en la actualidad esos y otros casos se dan, simplemente que ahora hay más formas de parar el acoso escolar o el bullying. Lo primero es en nuestros hogares en los valores y educación que le inculcamos a nuestros hijos e hijas, a respetar a todos por igual, el valorar a las personas por lo que son, y enseñarles que si algún día son víctimas de este tipo de situaciones a contarlas y no callar. Tenemos que abrir puentes de comunicación en nuestros hogares para que nuestros hijos sientan la confianza de contar con nuestro apoyo siempre en cualquier situación.


Otro aspecto importante en la actualidad es la forma de las escuelas de abordar todo tipo de problemas de acoso escolar o bullying. El niño o la niña deben de sentirse seguros y respaldados en sus escuelas, es donde comparten la mitad de su día. Cuando yo tuve mi capítulo la poca confianza de acercarme a alguna profesora a contarle lo sucedido o saber que alguien iba a hacer algo por mí era casi imposible. Como era costumbre lo mejor era callarse y dejarlo pasar. Los profesores y el personal del centro educativo tienen la responsabilidad de proteger a una víctima de estas circunstancias, a buscar una solución al problema, y nosotros como adultos la responsabilidad de escuchar si alguien se nos acerca con este tipo de problemas.


Lo más importante es el poder compartir experiencias, vivencias porque no soy la única, que se identifiquen con situaciones reales y decirles que si les pasó no están solos. Tenemos la oportunidad de ayudar y si está en nuestras manos hacer un cambio, hagámoslo.



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