La destrucción silenciosa de la democracia costarricense

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.



Los costarricense somos muy buenos para ir de un extremo a otro. Pareciera que nos cuesta encontrar las verdaderas causas de los problemas y enfrentarlas; por lo que nos es muy fácil ir al otro extremo de las cosas. Veamos el siguiente ejemplo: hace algunos años cuando un grupo de malos costarricenses, hacían su agosto de enero a diciembre con el negocio de introducir orientales en nuestro país, tramitándoles rápidamente su estatus de residentes, e incluso de ciudadanos, sin que pudieran hablar nuestra lengua; nuestro país tomó la decisión extrema de prohibir la entrada de orientales a Costa Rica.


Y sucedió que, por esos años que, ante el inminente traspaso de Hong Kong del Reino Unido a la República Popular China, un grupo de más de una docena de millonarios “hongkoneses”, huyendo del sistema comunista que tomaría control sobre ese protectorado, llegaron a Costa Rica para visitarlo como el posible destino para su nuevo hogar y para sus inversiones; y ¿Saben qué? Sí, los devolvimos del aeropuerto, porque había una disposición extrema que prohibía la entrada de orientales a Costa Rica. Y así, los devolvimos y ni siquiera les permitimos conocer nuestro país. Eso fue una verdadera vergüenza. Y claro, decididos a evitar el régimen comunista, escogieron a otro país para su residencia y para sus inversiones.


¡Cómo nos ha perjudicado esa actitud!


Esa actitud que parece más de pereza mental que no nos permite buscar la solución adecuada para enfrentar los verdaderos problemas en vez de tomar la decisión contraria; a través de los años, nos ha hecho muchísimo daño como sociedad y como país.


El caso de la Asamblea Legislativa, el asiento de nuestra democracia


Por años, sea por ignorancia o por sensacionalismo, un sector de la prensa nacional ha venido convenciendo a los costarricenses de que los diputados son vagos, que no producen, que se roban el sueldo, etc., porque no producen muchas leyes.


Porque se vendió la idea de que una asamblea se mide por la cantidad de leyes que dicta. De ahí que, en los últimos años, la mayoría de los diputados han tratado poner a despacho decenas de iniciativas, pretendiendo así “ser buenos diputados” y de esa manera, tratar de complacer y aplacar la crítica de prensa nacional. Lo que por cierto no han logrado, ni lograrán porque el problema es otro.


De país más pobre a país más próspero del área centroamericano


Desde antes de la Fundación de la Segunda República, Costa Rica ha contado con excelentes legisladores. Prueba de ello es la copiosa normativa que ha tenido el país, la que nos hizo pasar de ser el país más pobre del área, a ser uno de los más prósperos de la América Latina.


Nuestros congresistas fueron construyendo una robusta Red de Protección y Solidaridad Social que ha sido la envidia de muchos países del mundo. Porque siempre entendieron que, nunca se trató de la cantidad de leyes; sino que, siempre se trató de la calidad y la relevancia de las mismas.


Sin embargo, en los últimos años, los diputados se han dejado persuadir de que es más bien la cantidad de leyes que ellos mismos inician y que el congreso dicta.


Ya hace rato sobran las leyes en Costa Rica


Me ha tocado oír a más de un diputado al final de sus 4 años declarar con gran satisfacción que él propuso más de 100 proyectos durante su gestión. ¡Qué horror!


Hoy es claro que si algo sobra en nuestro país son leyes. Porque hoy estamos inmersos en la nueva cultura de crear una ley para todo.


Y desgraciadamente, para sostener y validar dicha cultura, hemos hecho todo lo necesario para que nuestro congreso se convierta simple y llanamente en una máquina para “parir” leyes. Y en ese esfuerzo, hemos atropellado la esencia misma del congreso, y, consecuentemente, estamos acabando con nuestra democracia. Y es grave porque este atropello a la democracia se está dando justamente en la institución que se supone, es la quintaesencia misma de nuestra democracia, la Asamblea Legislativa.


Los diputados se han autoimpuesto un “bozal”


Justamente ayer, estuve observando la dinámica de la comparecencia del señor Ministro de Hacienda ante el Plenario de la Asamblea Legislativa. Y en verdad da pena lo viene pasando, no sólo ayer, sino, la tónica que hoy prevalece en el congreso en los últimos años con respecto a la posibilidad de profundizar la discusión de los temas, especialmente los fundamentales.


La comparecencia de ayer, fue quizás la más importante de un ministro de gobierno los últimos tiempos. Lo anterior, dada la muy seria situación del país, la gran frustración en que se encuentran los costarricenses y las respuestas que necesitan para alimentar la esperanza de salir de la crisis.


En el pasado, ante la posibilidad de que un solo diputado pudiera frenar el avance del congreso, impidiendo la votación de un proyecto (ese era un extremo); ahora, a fin de aligerar los asuntos, los diputados no disponen del tiempo necesario para realizar razonamientos de fondo en temas fundamentales.


Hoy, se abusa de los debates reglados, que es una forma de cubrir los temas con el código del silencio. Y por eso, se reparte muy poco tiempo a cada fracción. Y, ese tiempo muy limitado se reparte a unos cuantos diputados. O sea, relativamente pocos diputados tienen la oportunidad de intervenir en los debates. De tal manera que cuando se le da 3, 4 o 5 minutos a un diputado y dos minutos al ministro para que responda; los diputados más serios y más estudiosos, no disponen del tiempo suficiente para fundamentar su intervención, ni el ministro de responder adecuadamente. Y frecuentemente es penoso ver que en medio de una pregunta o respuesta se silencia el micrófono dejando tanto a diputado como a ministro hablando solos.


Viendo esa dinámica repetirse una y otra vez, me pregunto: ¿Con esa limitación permanente y absoluta de tiempo, con qué profundidad se puede discutir los temas fundamentales? Después de todo la esencia del parlamento es parlar, y los diputados se han arrebatado esa esencia, auto-imponiéndose un terrible “bozal”. Lo triste es que es a la voz del soberano al que en el fondo se le está imponiendo dicho “bozal”.


Concluyo, invitando a todos a que abramos los ojos ante la terrible ligereza con que venimos tratando los grandes temas nacionales. Así, una vez más, pasamos de un extremo a otro: De la época del bloqueo que hacían unos cuantos diputados a las deliberaciones en el Congreso, a esta época en que se destinan las leyes sin el rigor necesario que exigen las circunstancias y las necesidades del soberano que es, sin duda alguna, el pueblo costarricense.