La Estrella de David: “Las cosas que cambian y las que nunca cambian”

Actualizado: jul 18

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


En esta época de continuos cambios, en que se hizo popular la famosa frase de Heráclito, filósofo griego del siglo VI antes de Cristo: “Nada es permanente a excepción del cambio”; permítanme hacer las siguientes consideraciones a propósito de nuestra obligada convivencia con los asombrosos y cada vez, más acelerados cambios actuales.


Estoy consciente de que, este planteamiento va a desafiar a no pocas personas, y, en el fondo, creo que cabalmente de eso se trata. Porque tengo la profunda convicción de que, en este mundo, o si se quiere, en el universo, ciertamente existen muchas cosas que cambian; pero igualmente, existen las que nunca cambian.


1. ¿Y cómo enfrentamos los continuos cambios del mundo de hoy?


Todos sin excepción tenemos que enfrentar continuos cambios a lo largo de nuestra vida. Y de esos cambios, algunos son favorables, y otros no tanto. Además, todos ellos, sean estos buenos o malos, siempre son una fuente de incertidumbre humana.


Y, por otro lado, son cada día más frecuentes, rápidos y acelerados. Por ejemplo, los cambios que se dieron en los últimos 25 a 35 años, fueron más rápidos y profundos que los que se dieron en los anteriores 100 a 200 años de la historia de la humanidad.


Por lo tanto, el ser humano ha sido sometido a una mayor incertidumbre en los últimos años, que en los 100 o 200 años anteriores.


1.1. ¿Y cuál debe ser nuestra actitud ante los continuos cambios?


Llama poderosamente la atención como muchas personas, en nombre de la modernidad, suele dejarse arrastrar por cuanto cambio aparece y se asoma a la puerta de su vida. Y, asimismo, cómo suelen calificar o etiquetar de viejo, anticuado y pasado de moda a todas las cosas que no cambian. Lo anterior explica el ¿Por qué?, muchas de ellas suelen vivir y comportarse como barcos de vela, sin ancha ni timón, que son arrastrados o lanzados para acá y para allá, según la fuerza e intensidad del viento de los cambios que soplan.


Por otro lado, desde el punto de vista de los cambios, todas las cosas se clasifican en dos grupos:


  1. El de las cosas que cambian, y

  2. El de las cosas que nunca cambian.

1.2. Veamos cuáles son las cosas que cambian:


En el mundo existen tres categorías de cosas que cambian, a saber:


  1. La Tecnología

  2. La Ciencia y

  3. La Medicina


Ahora, los invito a pensar en esas 3 categorías de las cosas que cambian como un “Triángulo Equilátero Invertido” con una punta o pico hacia abajo, en donde colocamos la “Tecnología” en ese vértice inferior, la “Ciencia” en el vértice superior izquierdo y la “Medicina” en el vértice superior derecho.


1.3. Veamos cuáles son las cosas que nunca cambian:


Asimismo, existen en el mundo 3 categorías de cosas que nunca cambian a saber:


  1. Dios y su mundo espiritual

  2. Los principios que rigen el comportamiento humano, y

  3. Las leyes físicas de la naturaleza.


Y de nuevo los invito a pensar en esas tres categorías de las cosas que nunca cambian como otro “Triángulo Equilátero” pero esta vez con punta o pico hacia arriba y con Dios en ese vértice superior, los “principios que rigen el comportamiento humano” en el vértice inferior izquierdo y las “Leyes físicas de la naturaleza” en el vértice inferior derecho.


Y listos, si sobreponemos ambos triángulos, el uno sobre el otro, obtendremos una sólida, robusta, masiva y poderosa estructura que es la Estrella de David. Y noten entonces, como las cosas que cambian están firmemente sostenidas, sujetadas o agarradas a las cosas que nunca cambian.


Todo lo anterior significa que entre más cambian las cosas, más debemos depender, sostenernos y agarrarnos de las cosas que nunca cambian.


Es de notar asimismo que ambos triángulos sostienen juntos todo lo que tiene que ver con la existencia humana. O sea, el triángulo de las cosas que nunca cambian (Dios, el comportamiento humano y las leyes naturales), refuerza y sostiene el triángulo de las cosas que sí cambian (la Tecnología, la Ciencia y la Medicina).


Por eso, la única manera de desenvolvernos adecuadamente en este mundo sin ser zarandeados por los continuos cambios es, aferrándonos a las cosas que nunca cambian; y, en especial, aferrándonos de Dios.


Asimismo, concluimos que existen dos tipos de conocimientos en el mundo:


  1. Los conocimientos que cambian, y

  2. Los conocimientos que nunca cambian.


Hoy sabemos más de Tecnología, de Ciencia y de Medicina de lo podrían soñar nuestros abuelos. Sí, sabemos más de electrónica, computadoras, Internet, de naves espaciales, aviones, etc., etc.


Pero la trampa en que estamos cayendo, es que cada día tenemos menos conocimiento y entendimiento de las cosas que no cambian, que son por mucho, las más importantes. Porque mientras el conocimiento de las cosas que cambian va in crescendo porque éstas aumentan con el tiempo; el conocimiento de las cosas que nunca cambian es la misma en el tiempo. O sea, esos conocimientos son los mismos ayer, hoy y siempre; porque nunca cambian.


El problema de la mayoría de las personas es que están deslumbrados por las cosas que cambian, y, conocen muy poco o nada de las cosas que no cambian. Y, consecuentemente, muchos se han olvidado de Dios, quien es el fundamento de todo.


Concluyo, para enfrentar los continuos y acelerados cambios de hoy, es preciso que nos aferremos a las cosas que nunca cambian. De lo contrario podremos vernos atrapados y arrastrados por cada viento que sopla, o sea, por cada cambio que se asoma al barco de nuestra vida.


El desconocimiento de las cosas que nunca cambian, especialmente de Dios, es lo que hace que muchos por indiferencia, acepten y se dejan arrastrar por todos los cambios del mundo de hoy.


Aferrémonos a las cosas que nunca cambian y tendremos el discernimiento y la fortaleza necesaria para salir adelante ante las cosas que siempre cambian.


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