La formación y capacitación política una deuda esencial de los partidos políticos

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Es preocupante que en los últimos años han surgido casi tantos partidos políticos como abejones de mayo, si me permiten la hipérbole. Sin embargo, estos no cumplen en lo mínimo con su razón de ser frente a las tareas fundamentales de todo partido político; y, lo preocupante es que actualmente no existe manera de exigirles dicho cumplimiento.


Señalo para recordar que tres son las tareas fundamentales de todo partido político que en su orden son los siguientes:


  1. Organización

  2. Capacitación y

  3. Acción Política o gobernar


Por la trascendencia de estas tres tareas, permítanme realizar un ligero sobrevuelo sobre cada una de ellas:


I. Organización


Todo partido político debe ser capaz de darse la organización adecuada de acuerdo con las circunstancias de cada época por la que atraviesa el país; en este caso, para las condiciones de las primeras décadas del Siglo XXI. Porque ante el dinamismo, los explosivos cambios y los grandes retos y desafíos de este nuevo siglo; la organización de un partido político no puede seguir siendo la misma que para las condiciones más estáticas y convencionales del pasado Siglo XX.


II. Capacitación


Nunca perdamos de vista que, por medio de la Constitución Política, el pueblo de Costa Rica delegó en los partidos políticos su gobernanza, y, por lo tanto, su responsabilidad mínima es prepararse para responder a dicha delegación y confianza. Sin embargo y paradójicamente, nuestros partidos no se preparan para responder a esa confianza depositada en ellos por los ciudadanos. Y esto es relevante especialmente en esta época en que el mundo y, consecuentemente, nuestro país se ha vuelto sumamente complejo. Complejidad que requiere y demanda de líderes formados, capacitados y preparados para la complejidad.


III. Acción Política o gobernar


Curiosamente, aunque la tercera tarea fundamental de un partido político es la acción política o gobernar; actividad que depende en mucho de las dos tareas anteriores, o sea, de la adecuada organización de los partidos y de la capacitación de sus cuadros dirigentes; nuestros partidos políticos no se preocupan por darse la mejor organización posible a como lo demandan los tiempos actuales, y mucho menos, por capacitar y formar a sus miembros y cuadros de dirigentes; sino que, se saltan las dos primeras etapas que son el fundamento de la tercera, y pasan directamente a acción política o gobernar. Esto explica en mucho las terribles deficiencias actuales de los partidos políticos y su falta de capacidad para responder a los retos y desafíos actuales y futuros del país.


Los partidos políticos y su escuela de formación y capacitación


Es inaceptable que los partidos políticos le den la espalda a una actividad esencial para la política como es la preparación de sus cuadros, y más aún si se toma en cuenta que una parte significativa de la deuda política está destinada a dicha tarea.


Dado que la preparación es esencial e indispensable para la buena marcha de las organizaciones políticas, todo partido político debería necesariamente tener y tratar como parte estratégica de su organización, una Escuela de Formación y Capacitación Política que se encargue consistente, responsable y permanentemente de la preparación de todos y cada uno de sus miembros.

La verdad es que la formación y capacitación política son tan claves y estratégicas para nuestro sistema político y, consecuentemente, para nuestra democracia, que, sin duda alguna, los partidos políticos que no cumplen esa vital y esencial tarea, son partidos irresponsables y, por lo tanto, no se les debería permitir presentar ninguna oferta ante los ciudadanos, dado que, dicha oferta constituye una farsa y un flagrante engaño para los pueblos; y más aún, tomando en cuenta la confianza que estos depositan en ellos al otorgarles la exclusividad de su gobernanza.


¿Cómo asegurar que los partidos políticos sean más responsables?


Contrario a lo que mucha gente cree, es importante aclarar que no son las escuelas de ciencias políticas de las universidades las que forman los líderes políticos. Aunque ciertamente la academia cumple un extraordinario papel en la formación general de los ciudadanos en los distintos campos del saber, en el caso particular de los líderes políticos, estos se incuban, se nutren, se forman y se desarrollan en el seno de los partidos políticos. O sea, los responsables de la actividad más estratégica de un país que es su gobernanza, son los partidos y sus líderes políticos. Por eso deberíamos ser exigentes e inflexibles con los partidos políticos que no preparan a sus miembros ni cuadros dirigentes para la gobernanza.


Pensando en la forma de exigir que los partidos políticos cumplan su función formadora; aunque la siguiente propuesta no me acaba de satisfacer del todo, por ahora propongo que sea el Tribunal Supremo de Elecciones el que supervise y exija el cumplimiento de esa tarea, teniendo a su disposición una serie de reglas muy claras, simples y puntuales.


Para garantizar la eficacia y eficiencia de lo anterior, es preciso establecer una serie de parámetros para asegurar que los partidos políticos cumplan fielmente con su responsabilidad formadora. Tanto así que no se debería permitir a ningún partido presentar oferta a los ciudadanos, si este no cumple con su vital misión de formar y capacitar sus cuadros para la gobernanza.


Concluyo señalando que el prohibir a los partidos políticos la participación en las contiendas electorales si estos no forman ni capacitan a sus miembros puede parecer muy duro, pero es más duro y cruel para la ciudadanía ser engañada y tener que aceptar que les gobierne partidos políticos que irresponsablemente piden el voto a los ciudadanos con engaños y mentiras, solo porque les da pereza cumplir con una de sus tres principales tareas y razón de ser a saber: prepararse para la gobernanza. Además, es importante señalar para recordar que es monstruosa la cantidad de recursos que invierten los ciudadanos en los partidos políticos como para dejarlos a la libre y no exigirles un mínimo de compromiso y el cumplimiento de la responsabilidad que les corresponde.


Permítanme finalizar con una de mis principales máximas políticas la cual constituye una alerta permanente para los partidos, sus líderes políticos y muy especialmente para los pueblos del mundo:


“El poder político es el instrumento más poderoso para el progreso de los pueblos, pero este, en manos perversas o inexpertas, suele convertirse en su peor azote”.



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