La guerra de la tecnología 5G y el coronavirus

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A


A pesar de que trato de entender las verdaderas causas por las que el mundo está sufriendo las consecuencias de la terrible pandemia del COVID-19, confieso que se trata de una ecuación cuyas variables sigo sin poderlas resolver. O sea, las explicaciones siguen sin cuadrar ni encajarme. Y la velocidad y las dimensiones en que este fenómeno se está dando en Europa y en los Estados Unidos, habiéndose originado en la República Popular China, me ponen aún más chúcaro. Así las cosas, mi encierro forzado, pero de ninguna manera gravoso, me ha permitido pensar más profundamente en esa asimetría que me incomoda cada vez que veo las noticias o leo alguna información sobre el avance de la pandemia en nuestro país y en el mundo.


Por otro lado, entiendo que a pesar de las aparentes buenas relaciones que existen entre los presidentes Trump y Xi Jinping, mucho más allá de una simple rivalidad, existe una furibunda guerra no declarada entre sus respectivas naciones para convertirse en el primer país en desarrollar y posicionar la tecnología digital 5G o de quinta generación en el mundo.


Algunas palabras sobre la tecnología 5G


Se trata de la red de comunicación de banda ancha de quinta generación que, según los expertos, será entre 50 y 100 veces más rápida que las conexiones convencionales actuales. Además, facilitará la ansiada “Internet de las Cosas” que es la interconexión digital de objetos de la vida diaria o cotidiana mediante Internet. O sea, será una red que interconectará no solo teléfonos inteligentes y computadoras, sino también muchos otros objetos tales como: Vehículos autónomos, robots, casas inteligentes, ciudades inteligentes, y muchísimo más. Por lo tanto, todas las cosas se podrán interconectar y controlar de forma remota. Y así, el mundo cambiará dramáticamente y para siempre.


¿Y cuál es el umbral de tiempo para que todo esto acontezca?


El avance actual de la tecnología digital 5G ha sido impresionante al grado de que ya se están realizando algunas pruebas en pequeña escala en forma de planes piloto. Sin embargo, aún faltan algunos desarrollos fundamentales para llegar a la etapa plena de su implementación. Y el tiempo estimado para completar dichos desarrollos oscila entre dieciocho y veinticuatro meses.


Así las cosas, las dos superpotencias están en una lucha frenética para llegar de primero a la meta y ganar esta estratégica carrera, conscientes de que el que la gana, establecerá su hegemonía en el mundo por muchísimo tiempo. Por lo tanto, aunque muchos no lo adviertan, estamos viviendo una nueva y moderna guerra fría en este caso, entre los Estados Unidos de América y la República Popular China por la supremacía y el control del mundo por medio de la tecnología digital 5G. Porque quien controla las redes, controlará el flujo de información; y, quien controla la información, controlará el conocimiento; y, quien controla el conocimiento, controlará el mundo.

Y qué tiene que ver todo esto con el COVID-19


La guerra entre ellos es tan de vida o muerte que no se puede ni se debe descartar ninguna acción de ninguna de las partes en contra de la otra con tal de ganarla. Porque representa para los Estados Unidos la consolidación y extensión de su liderazgo mundial por muchísimos años más; y para la China, la extraordinaria hazaña de derrotar a su archirrival y establecerse como el nuevo líder global. O sea, por razones obvias, se trata de una guerra que ninguno puede darse el lujo de perder.


Por lo antes dicho y dado que, esta disputa está por definirse quizás en los en los próximos dieciocho a veinticuatro meses, o sea, en muy poco tiempo; es posible que el Coronavirus, aunque es una pandemia real, no sea más que una muy cara distracción, pero distracción al fin, de una de las partes para desconcentrar a la otra a fin de ganar el tiempo necesario para imponerse en esa crucial guerra.


Todos sabemos que las grandes potencias, no sólo tienen en su arsenal bélico, armas atómicas, sino también, armas químicas y biológicas. Y lo anterior es, sin duda alguna, una muy desafortunada realidad para el resto del mundo, realidad que se constituye en una especie de “Espada de Damocles” que pende permanentemente sobre la cabeza de la mismísima existencia del mundo. Y lo triste es que, las disputas geopolíticas de aquellas naciones con sus tensiones, y, guerras frías por su gran apetito hegemónico, constituyen “entierros en los cuales nosotros no tenemos vela alguna”.


El Coronavirus, sus curiosidades e inconsistencias


Como decíamos al principio, realmente llama poderosamente la atención, las innumerables curiosidades, por un lado, e inconsistencias, por otro, en todos los relatos y las justificaciones que se han dado alrededor de esta pandemia. Veamos sólo algunas:


  1. Todo parece indicar que el mundo fue advertido tardíamente del problema, o sea, varias semanas posteriores al inicio de la proliferación de la plaga.

  2. Se trata de captar nuestra admiración informándonos que China construyó una o dos hospitales debidamente equipados en sólo 10 días. Lo cual es materialmente imposible, salvo que de antemano se tuviera todo prefabricado, preparado y listo con anticipación para en 10 días sólo montar y armar todas las piezas. A semejanza de un rompecabezas con todas las piezas debidamente enumeradas.

  3. Que a pesar de que el virus puede durar tiempo sin que el portador se enferme, pero que este sí puede contagiar a otros; provincias y ciudades de muy densamente pobladas como Beijing, Shanghái y Cantón han sido muy poco impactadas a pesar del tráfico permanente que normalmente existe de y hacia esas importantes ciudades chinas. Sin embargo, curiosamente, la pandemia cruzó casi inmediatamente miles de kilómetros hacia otros continentes para activarse y expandirse rápida y severamente en Europa y en los Estados Unidos; tanto así que, los contagiados en este último casi duplica los de la China que es cuatro veces más densamente poblado que los Estados Unidos, además, de ser el país origen de la plaga.

  4. Asimismo, llama la atención que en tiempo récord prácticamente se libró la ciudad de Wuhan de la pandemia. Y que se anunciara en tan poco tiempo el desarrollo de una vacuna, cuando por razones obvias, todos sabemos que una vacuna toma tiempo no sólo para su desarrollo, sino, y muy especialmente por el período de prueba que es sumamente delicado por los aspectos de seguridad a observar de previo a su aplicación en seres humanos.


Por lo tanto, si la pandemia fue provocada con propósito de distraer y minar la capacidad y concentración de un adversario, la verdad es que, el mundo está pagando un precio demasiado alto por dicha distracción.

He tenido muy buenas relaciones e incluso, tengo un gran cariño y aprecio por el muy laborioso e industrioso pueblo chino; y, por eso, pocas veces he deseado tanto estar equivocado como en esta ocasión. Sin embargo, sigue sin cerrarme los números en todo este capítulo cuyas consecuencias para el mundo, y por supuesto para Costa Rica son insospechables.


Concluyo señalando que no es fácil aquilatar la verdadera dimensión y los alcances de la enorme crisis que sufre el mundo por esta terrible pandemia. Por eso, más vale que de tanto sufrimiento surja un nuevo estado de cosas, uno mucho mejor para todos; más vale que, al fin de esta crisis, renazca y retoñe la cultura del BIEN COMÚN y, consecuentemente, la SOLIDARIDAD para que, de esta terrible pesadilla pandémica, todos despertemos en un nuevo amanecer, un nuevo amanecer especialmente para los pueblos más vulnerables y pobres del mundo.

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