La intervención educativa con el objeto de frenar y erradicar la delincuencia juvenil

Lic. Benjamín Sevilla García

Secretario Nacional de Juventud, ANEP


Uno de los temas que más preocupa a la sociedad costarricense tiene que ver con la delincuencia juvenil, los daños que le producen a la sociedad, a sus familias y a ellos mismos. Me parece que la educación viene a ser un elemento de mucha utilidad, tanto en materia de prevención como en el tipo de justicia penal juvenil que se les debe aplicar a estas personas. Es decir, como mecanismo que les proporcione herramientas para el progreso y que, a la vez, les persuada de elegir una vida en contrariedad con los valores de la sociedad; pero, pensando también, en los efectos adversos de aplicar un tipo de justicia penal similar al de adulto.


Para que la sociedad pueda comprender que las personas jóvenes no tienen el mismo grado de madurez emocional, intelectual y físico, requiere más que un Código Penal, necesariamente debe estudiar el fenómeno criminal, las exclusiones sociales, el modelo de desarrollo del país, la empleabilidad y el efecto criminógeno del encierro. Por mucho tiempo se creyó que estos temas eran altamente técnicos y de manejo exclusivo de abogados y autoridades de policía. Sin embargo, hoy se comprenden como un tema que debe ser analizado desde los mismos centros educativos.


Desde los centros escolares y colegiales las personas jóvenes deberían conocer no sólo la reducción de las penas por hechos delictivos, sino el tratamiento diferenciado que las leyes del país deben darles a aquellas personas que cometen delitos desde temprana edad. Tome nota que, cuando las personas tienen conocimientos del fenómeno criminal, la pena y sus efectos adversos para la sociedad y, esta información la reciben desde temprana edad, existe una mayor probabilidad de ejercer una influencia positiva para que las generaciones en desarrollo elijan un rumbo distinto, uno separado de la actividad delictiva.


Una persona joven y en los sistemas de educación, tiene mayor facilidad de comprender lo que implica la prevención general y la prevención especial. Se muestra más anuente a aplicar la lógica de una justicia restaurativa que las rancias políticas del populismo punitivo. Personalmente me parece que la población estudiantil joven tiene mayor receptividad de la prevención general positiva, en el tanto podría mostrar mayor compromiso y credibilidad respecto del sistema de justicia nacional y los mecanismos de justicia, por otra parte, respecto de la prevención general negativa, una persona joven desde las aulas podría ir generando conciencia de las consecuencias de optar por las actividades delictivas o violentas –una especie de conducta ejemplarizante-.


En el mismo orden de ideas, respecto de la prevención especial, una persona joven que se encuentre en el sistema de educación tiene más probabilidades de aprender lo que implica la reinserción social y se aparta con mayor facilidad de las lógicas de venganza estatal. Además, por su propia experiencia logra ver que la educación es el mejor camino para hacerle frente a una serie de aspectos sociales que son nocivos.


Es importante señalar que hasta los propios Estados tienen como finalidad procurar que todas las personas jóvenes tengan acceso al estudio, que aquellas personas menores que tienen problemas con la justicia puedan tener la alternativa de inmiscuirse en programas de formación y capacitación. De hecho, parte de la remisión es evitar que las personas menores delincuentes sean institucionalizadas (que vayan a la cárcel) en su lugar, los juzgadores podrían fijarles un plan de estudio, mandarlos a inscribirse en una institución educativa y de esta manera, no sólo con la reinserción sino, con la propia reeducación procurar una transformación en ellos.


Razón lleva Raquel Guzmán Ordaz al mencionar que: “la educación se torna como una vía de intervención necesaria para la prevención puesto que facilita canales y herramientas para prevenir problemas estructurales como los distintos tipos de desigualdades que, desafortunadamente pueden tornarse en acciones violentas y delictivas.”


Lo dicho por Guzmán tiene sentido si se analiza la violencia y la propia actividad delictiva de las personas jóvenes como un problema social producto de las violencias estructurales, de esas desigualdades que presenta la sociedad; como la falta de oportunidades y de empleo, otros.


Finalmente, me permito coincidir con la expresión del benemérito de las Américas Benito Juárez, quien mencionaba que: “la educación es fundamental para la felicidad social, es el principio en el que descansa la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.


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