La justicia un gran patrimonio de la humanidad

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Comienzo señalando que estoy consciente de las múltiples acepciones del término “justicia”, de acuerdo con los distintos enfoques y connotaciones que tiene. Sin embargo, este ejercicio no pretende realizar elucubraciones alrededor de sus distintos significados, más bien aquí trataré el concepto de justicia de acuerdo con su sentido común, habitual o universal.


No obstante, lo anterior, permítanme acotar que, aunque la justicia es una de las cuatro virtudes cardinales del hombre, por su especial trascendencia en relación con la convivencia social, y, por lo tanto, en la política; lo trataré como un gran patrimonio humano. Patrimonio que ha de ser el epicentro en derredor del cual debería gravitar todo sistema de convivencia humana.


Porque en donde reina y florece la justicia, esta se convierte en tierra fértil para la buena convivencia; cuyo fundamento son la comprensión y la tolerancia que, a su vez, son los cimientos de la pluralidad, y la cooperación. Y quizás, lo más importante es que la justicia promueve el reconocimiento de las necesidades de los demás; y, consecuentemente, suele crear y fomentar una mayor cohesión y paz social.


Siendo cierto lo anterior, y dado que la política es el principal instrumento para la construcción de toda sociedad civilizada, entonces, una de las principales misiones de la política debe ser la construcción de una sociedad que garantice la justicia en todas sus dimensiones como un gran bien común.


La Justicia y la desigualdad


Creo que todos estamos de acuerdo en que la desigualdad engendra marginación y exclusión social que son las hermanas mayores de la pobreza y la miseria. Pero a la vez, la desigualdad no es en su origen una causa en sí misma, sino, un efecto o consecuencia de la falta de justicia. En otras palabras, la desigualdad social es la hija mayor o primogénita de la injusticia.


¿Cuál es la principal misión de la política?


Por mucho tiempo, se ha definido la política en su esencia como “el arte de hacer el bien y de combatir el mal” en una sociedad. Sin embargo, permítanme proponer la siguiente definición que, a mi criterio, en su esencia, debe ser la política: “el arte de asegurar la justicia” en una sociedad. Lo anterior por cuanto para asegurar la justicia, es preciso hacer el bien y combatir el mal, y consecuentemente, no tendrán cabida la desigualdad ni ninguna de su descendencia, o sea, ni la marginación y ni exclusión social.


¿Y cómo entronizamos la justicia en una sociedad?


En primer lugar, debemos señalar para recordar que el ser humano no nace ni egoísta ni altruista, estos sentimientos que producen actitudes adquiridas a muy temprana edad. Sin embargo, por alguna razón que no es objeto de este ejercicio, el egoísmo más que el altruismo suele ser el sentimiento que más frecuentemente se desarrolla en las personas, lo que es muy desafortunado. Por lo tanto, es justo reconocer que el ser humano desde siempre tiene una inclinación casi natural al egoísmo que es el mal que suele desatar la mayoría de los otros flagelos del hombre. Sin embargo, el egoísmo es una aberración tratable y corregible. Y en ese esfuerzo, tanto la familia como la escuela están llamados a jugar un papel fundamental. Que será fácil, por supuesto que no. Sobre todo, tomando en cuenta que hoy muchos hogares están despedazados y, por lo tanto, son disfuncionales.


No obstante, lo anterior, es preciso que, como colectividad hagamos el propósito de construir una nueva sociedad, una nueva Costa Rica cuyo sistema de convivencia tenga como nervio vital y epicentro la justicia. Y para eso, será preciso enfrentar todos los obstáculos que se encuentran en el camino, uno de los cuales es el egoísmo.


Por eso, si de verdad deseamos convertirnos en una sociedad en donde reine la justicia, entonces, tenemos que asumir el reto y desafío de, en primer lugar, crear una nueva visión compartida entre los costarricenses de hacia dónde queremos ir como país; se trata de un nuevo destino, de una “Tierra Prometida” al que aspiramos llegar como sociedad; y luego, diseñar un conjunto de instrumentos, de políticas que nos ayude a enfrentar los obstáculos en el camino hacia ese nuevo destino, hacia esa “Tierra Prometida”; o sea, hacia la construcción de esa sociedad de justicia.


Algunos escépticos dirán, que ningún otro país lo ha hecho; a ese cuestionamiento de antemano respondo con la siguiente pregunta: ¿Y qué país había abolido su ejército cuando recién finalizada la Segunda Guerra Mundial y aún inmerso en un gran trauma, el mundo se armaba hasta los dientes ante la posibilidad de otro conflicto similar, mientras Costa Rica tomó la sabia, insólita, e histórica decisión de abolir su ejército, y de desarmarse unilateralmente?


Nuestro país tiene incorporado en su ADN, la osadía de ser primero en muchas decisiones históricas y fundamentales, las cuales son las responsables de nuestro excepcionalismo como nación. Y es a esa larga historia a la que debemos recurrir para inspirarnos y reafirmar con confianza que podemos asumir los retos y desafíos extraordinarios de estos tiempos, a fin de perfeccionar nuestro sistema de convivencia para que los costarricenses nos beneficiemos de las inconmensurables ventajas de convertirnos en una sociedad firmemente cimentada en la justicia.


A educar para la justicia


Nuestro sistema educativo suele hacer énfasis en materias tales como ciencias, matemáticas, historia, etc., que sin duda alguna son asignaturas fundamentales. Sin embargo, es preciso que agreguemos a esa lista, otras disciplinas que son estratégicas para la construcción de una sociedad más justa; o sea, de una sociedad en donde reine la justicia. Pero para lograr lo anterior, es preciso que incorporemos a ese currículum, materias con fuerte contenido humanista a fin de educar para desarrollar conductas pro-sociales como parte de nuestro modus vivendi; conductas tales como: el altruismo, la solidaridad, la empatía, el voluntariado, etc., que constituyen los bastiones en que se asienta la justicia.


Las ventajas de una sociedad de justicia


Son incalculables las ventajas de convertir a Costa Rica en una sociedad de justicia. Porque una nación en donde reina la justicia tendrá entre otros atributos, el ser:


  1. Una sociedad de oportunidades para todos

  2. Una sociedad de ilusiones y esperanzas

  3. Una sociedad solidaria y más igualitaria

  4. Una sociedad de mayor dignidad humana.

  5. Una sociedad menos discriminatoria y más inclusiva.

  6. Una sociedad menos corrupta y más íntegra.

  7. Una sociedad de ilusiones y esperanzas y de menos angustias y frustraciones. etc.


Concluyo señalando que, los costarricenses debemos darnos una oportunidad de construir una robusta sociedad de justicia, porque ese es el sistema de convivencia al cual legítimamente tenemos derecho a aspirar como pueblo y como nación. Tenemos casi todas las condiciones para lograrlo, y, sinceramente creo que lo merecemos. Pero para eso, necesitamos líderes con una visión clara y dispuestos al sacrificio; líderes honestos, confiables y predecibles; condiciones necesarias e indispensables para reconquistar la confianza del pueblo costarricense para que juntos emprendamos el camino hacia esa “Tierra Prometida”, tierra en que “fluye leche y miel” para todos.



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