La Nueva Revolución Costarricense: “El Trabajo bien Hecho”

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.



En estos días de fin y principio de año, he tenido la oportunidad de conversar e intercambiar con una serie de amigos y amigas sobre una gran variedad de temas de interés global, y, especialmente de interés nacional. Y producto de esos intercambios, casi siempre han surgido ideas y propuestas útiles para resolver y abordar viejos problemas con soluciones nuevas.


Hace pocos días conversaba con mi amigo, el Ing. Juan Francisco Montealegre Martín, un hombre de luces, de gran experiencia, pragmático, con ideas poco ortodoxas y con una preocupación permanente por el país y su futuro. Permítanme subrayar para reconocer que siempre es más que un gusto compartir con él.


En medio de nuestro último intercambio, y dado lo que conversábamos sobre las posibilidades de nuestro país durante este año 2021 ante la creciente incertidumbre del COVID-19. Y aún, dando por sentada, nuestra naturaleza optimista; nos preguntábamos, ¿si habrá un destello o rayo de esperanza, dada la cruda realidad que enfrentamos? Hicimos un sobrevuelo de algunas de las grandes ventajas y desventajas que tenemos como país, y de nuestra creciente dependencia de factores ajenos a nosotros; y llegamos a la conclusión de que, con todo y todo, existe una luz de esperanza que podría sacarnos adelante, si estamos dispuestos a proceder con algunos cambios que precisan de todos y cada uno de los costarricenses.


Existe, sobre todo, un aspecto que debemos comenzar a trabajar de inmediato; tanto como individuos, como sociedad y como nación para hacer brillar dicha luz de esperanza. Se trata de un aspecto que podría amortiguar en el corto-mediano plazo, muchos de los efectos de nuestras desventajas, y más bien, potenciar nuestras ventajas y llevarnos hacia nuevos niveles de eficiencia y desarrollo, y consecuentemente, de bienestar general.


EL TRABAJO BIEN HECHO


Se trata de un concepto nada nuevo y más bien deseable y lógico, pero que, como sociedad, nunca lo hemos perseguido con determinación, ni procurado seriamente; por lo que casi se trata de una nueva revolución. Me refiero al concepto general del Trabajo bien Hecho.


¿Y qué es el Trabajo bien Hecho?


Es una manera de definir la excelencia con que se debe realizar toda tarea, faena, labor, acción, actividad, ocupación o quehacer que nos corresponde. Juan Francisco y yo, coincidíamos en que este es el momento justo; precisamente en medio de la crisis en que nos encontramos todos; que debemos comprometernos con esta nueva manera de enfrentar nuestros compromisos. O sea, se trata de enfrentarlos con una nueva actitud, un nuevo proceder en nuestro comportamiento individual y colectivo, se trata de la nueva cultura del Trabajo bien Hecho.


¿Y cómo lograrlo?


Decíamos y reconocíamos, asimismo, que, si bien es cierto, que dicho cambio de actitud representa una profunda transformación que no iba ser ni fácil ni inmediato; que el mejor momento para lograrlo es ahora, aprovechando el “ecosistema psicológico” en que nos encontramos todos los costarricenses en estos días. Porque es importante recordar que es casi siempre durante las épocas de grandes turbulencias, adversidades y tropiezos en que, el ser humano suele ser capaz de elevar su espíritu para alcanzar grandes metas u objetivos.


También señalamos la necesidad de organizar, orquestar y comprometer a los distintos sectores del país, para que participen activamente en este proyecto que representa una transformación profunda y vital para el futuro de nuestra nación.


Las grandes ventajas del “Trabajo bien Hecho”


El que avancemos como sociedad hacia el nuevo paradigma del Trabajo bien Hecho, sin duda alguna, comenzará a dar extraordinarios frutos en el corto-mediano plazo. Veamos algunos de los subproductos más importantes que lograremos como individuos y como sociedad si desarrollamos la filosofía y cultura del Trabajo bien Hecho:


  • Nos elevará hacia un nuevo nivel de excelencia en todo lo que hagamos.

  • Aumentará significativamente nuestro nivel de desempeño.

  • Nos volveremos una sociedad mucho más productiva, y, consecuentemente, más próspera.

  • Nos convertirá en una sociedad mucho más disciplinada.

  • Seremos una sociedad que desperdicia menos.

  • En fin, volveremos a ser una sociedad más igualitaria y más justa


Los anteriores resultados sin duda alguna justifican sobradamente el cambio de cultura propuesto.


¿Y qué hace falta para empezar?


En realidad, hace falta muy poco, casi nada. Y, además, el costo de implementar este programa del Trabajo bien Hecho es prácticamente insignificante cuando se compara con los enormes beneficios que nos traerá.


Aprendí de Doña Perla, mi madre que, por difíciles y sufridos que sean los momentos que estamos atravesando, estos no serán para siempre, que vendrán mejores días; y, por lo tanto, siempre debemos aprovechar los tiempos difíciles para realizar los ajustes y cambios que precisan en nuestra vida; a fin de que, cuando vengan mejores tiempos, podamos salir adelante e incluso, superar nuestra situación anterior a la crisis.


Concluyo, exhortando a todos y a cada uno de ustedes, amigas y amigos, para que, mientras podamos obtener el apoyo de las autoridades, y ojalá, de todos los sectores de nuestra sociedad para la implementación de esta filosofía del Trabajo bien Hecho; que, de ahora en adelante, cada uno de nosotros hagamos un pacto con templanza con nosotros mismos, el compromiso de realizar con excelencia todo lo que nos toca realizar. O sea, cumplamos el pacto de realizar todo, de acuerdo con la filosofía del Trabajo bien Hecho; y, en poco tiempo, veremos resultados sorprendentes y espectaculares que no sólo nos beneficiarán, sino que traerán nuevas satisfacciones a nuestra vida.

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