Las escuelas de gobierno y los partidos políticos

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


La extraordinaria explosión de innovación que se viene dando en casi todos los campos del quehacer humano, y, sobre todo, en el campo tecnológico; prácticamente no ha penetrado ni permeado el campo político, específicamente, en lo que se refiere a la capacidad de gobernanza.


Mientras la innovación científica y tecnológica ha alcanzado niveles insospechables, la actividad política, se ha mantenido prácticamente inalterada, y, consecuentemente, seguimos gobernando con los mismos rudimentos del pasado, y, muy remoto.


O sea, la eficiencia de los servicios que reciben los ciudadanos de la actividad política contrasta totalmente con los crecientes y extraordinarios servicios y beneficios que reciben de la innovación científica y tecnológica en otros campos.


Una clara consecuencia de lo anterior es que, la admiración del mundo por los científicos e innovadores es creciente, muchos de los cuales son tratados como héroes, mientras a diferencia, los políticos son crecientemente odiados, repudiados, vilipendiados y tratados como villanos.


Los que de una u otra forma estamos inmersos en la actividad política, tenemos la obligación de repensarla a profundidad, a fin de buscar y encontrar formas innovadoras para que la política responda a las crecientes demandas y aspiraciones de un pueblo desencantado no sólo con los políticos, sino, y lo que es más preocupante, con nuestro sistema político y con la política misma.


Hoy, casi todos los partidos políticos mantienen una estructura básica, heredada o copiada de modelos de mucho tiempo atrás, mientras el mundo en general, y, nuestro país en particular, han cambiado dramáticamente. Por lo tanto, hagámonos las siguientes preguntas: ¿Es la organización actual de los partidos políticos la más adecuada para enfrentar los retos y desafíos de la Costa Rica del Siglo XXI?, ¿Cuál es la forma de organización que estos deberán de adoptar a fin de responder a dichos retos y desafíos?


Uno de los problemas políticos más serios, que, en general, viene padeciendo nuestro país, es la falta de preparación de sus jerarcas para el desempeño de los distintos cargos de gobierno para los cuales son electos o nombrados.


Es inaceptable que no contemos con un sistema para la formación y capacitación de nuestros jerarcas de gobierno. Y que los criterios para que éstos sean nombrados sean: por amistad, trabajo proselitista, compromisos políticos, contribución económica a las campañas políticas, entre otros; sin tomar en cuenta su capacidad ni idoneidad.

Lo anterior se ha convertido en el gran “Talón de Aquiles” de nuestro sistema político. Y como tal, es sin duda alguna, la más importante fuente de ingobernabilidad que hoy sufre nuestro país. No puede ser que, al más alto nivel gubernamental, haya jerarcas que una vez en el poder, en reconocimiento de su falta de preparación e incapacidad política, tranquilamente declaren que: “No es lo mismo verla venir que bailar con ella”; cuando los ciudadanos esperan que los que ocupen cargos de tanta envergadura, no sólo tengan la capacidad de “Verla venir, sino también, la de bailar con ella”.


Por todo lo anterior, y dado que la capacitación política es una de las principales tareas de los partidos políticos, y que, de ésta depende la buena gobernanza; propongo que, a lo interno de los partidos, se establezca una verdadera “Escuela de Gobierno”, cuya principal misión sea, la capacitación permanente de sus miembros para la gobernanza.


Asimismo, los partidos políticos deberán incorporar en sus estatutos, la obligatoriedad de todos sus miembros de tomar y cumplir satisfactoriamente con los programas de capacitación que imparte dicha Escuela de Gobierno, como requisito para aspirar a cargos políticos o de gobierno a todo nivel.


La anterior disposición tiene muchas ventajas, entre las cuales subrayo las siguientes cuatro:

  1. De antemano se ofrece a los miembros de cada partido, y especialmente a los jóvenes, la posibilidad de prepararse para ocupar cargos de gobierno en representación de su respectivo partido político.

  2. El país y especialmente los ciudadanos obtendrían una muy justificada mejora en la calidad de la gobernanza, y del servicio que reciben, y que tanto añoran.

  3. La Escuela de Gobierno podría ser un factor ideal para volver a atraer a los jóvenes hacia la actividad política.

  4. La Escuela de Gobierno sería un excelente filtro para eliminar a los arribistas que suelo llamar “Mercenarios de la Política”, y, asimismo, para evitar que gentes sin capacidad ni vocación de servicio, ocupen cargos para los cuales no reúnen las condiciones.


Señalo para recordar, que los mejores años y gobiernos del Partido Liberación Nacional se dieron justamente producto de la gran vocación de capacitación que tuvo este partido en el pasado. Y que, sin duda alguna, fue esa vocación la que encendió el faro que iluminó el camino de aquellos extraordinarios líderes que otrora éste formó y puso a disposición del país.


Termino diciendo que, sea que se crean las Escuelas de Gobierno que aquí se propone, o se crea alguna otra figura a fin de capacitar a los miembros de los partidos políticos para la gobernanza; lo cierto es que, dejo subrayado para enfatizar que en esta época de tanta complejidad y de una Costa Rica tan compleja, necesitamos líderes y gobernantes capaces de repensar el país, y, preparados para la complejidad. Y la única manera de obtenerlos, es que los partidos políticos cumplan de una vez por todas, con una de sus más importantes tareas, cual es, la formación y capacitación de sus miembros; para así, convertirlos en líderes para la gobernanza.