Los tiempos cambian

Adriana Ross Madrigal

Productora y Presentadora


Se pueden escribir muchas cosas que nos suceden en el diario vivir como mujeres, soluciones que existen actualmente, opiniones, hasta enfoques de diferentes temas. Pero me parece importante escribir basándome en experiencias personales, situaciones por las que he pasado y que sea referencia de lo bueno y de lo que podemos esperar hoy en día. Quiero ser sincera y dejar saber que, si a mí me han pasado malas experiencias, no soy ni la primera, ni la última en contarlas y superarlas.


Quiero compartirles una experiencia que viví en mi preadolescencia, obviamente no mencionare nombres, experiencia que aún recuerdo y el tiempo que dure en entender lo que había sucedido. Estaba desarrollando, mi cuerpo cambiando, bailaba ballet y eso me ayudo a tener una figura esbelta y bien definida en esa época, crecía en estatura, empecé a usar mis primeros brasieres, me sentía feliz conmigo misma por los cambios físicos que estaba teniendo. En esa época de los ochenta mi madre divorciada, ella y yo vivíamos con mi abuelita materna, en un barrio donde crecí feliz con muchos amigos y amigas que aún están en mi vida. Había una vecina que, hacia un pan riquísimo, mi abuelita me pidió que lo fuera a recoger porque ella siempre compartía con sus vecinos y vecinas. Tenía varios hijos y entre ellos, uno ya mayor de edad, llegué a recoger el pan la mama no estaba me dijo que entrara a la sala mientras el traía el pancito de la cocina, me lo da, pero cuando me lo entrega y lo tome con mis dos manos el aprovecho y puso sus manos en mis senos. Mi reacción fue quedarme fría, inmóvil, no lo podía creer, fueron segundos cuando reaccione vi su cara con una sonrisa de satisfacción, a como pude con todo y pan lo empuje, abrí la puerta y salí de ahí.


Llegué a mi casa le entregué el pancito a mi abuelita, bajé la mirada me fui a mi cuarto y me sentí avergonzada. Cuando llegó mi madre trate de contarle lo sucedido, pero no tenía el valor, me daba vergüenza, porque lo que siempre escuchaba en esas épocas era que las mujeres no tenían que provocar a los hombres, si un hombre hacia algo incorrecto era porque seguro la mujer le daba razones, no se podía andar en minifaldas, ni shorts, porque era provocar, me pasaban mil cosas por mi mente, me llegue a sentir culpable si yo había provocado esa situación. Me crie en una época donde si un hombre dejaba a su esposa por otra mujer, era porque la otra mujer era una sometida, “se lo robo a la esposa” y el hombre no tenía culpa de abandonar a su esposa y su familia, había sido tentado. Obviamente nunca más regresé a esa casa, si me decían que fuera a recoger pan o repostería ponía excusas, y pocas veces por dicha me volví a topar al sujeto.


Conforme fui creciendo, leyendo, escuchando situaciones, más experiencias, me di cuenta de que yo no había hecho nada malo, que el hombre se había aprovechado de mí, de mi vulnerabilidad, y si yo hubiera dicho algo no me hubieran creído, o me hubieran dicho ¿qué hiciste? Muchos años después escuche más historias que este mismo sujeto le había hecho a otras jóvenes, y como si fuera poco de actos obscenos hasta en la ventana de la casa de él.


Me case muy joven, tengo dos hijas grandes, y en mi crecimiento como mujer muchos me dicen que soy una rebelde, porque siempre me he defendido, hablo cuando tengo que hablar, y creo en los derechos de las mujeres. Los tiempos han cambiado, y me siento satisfecha de ver que cada día contamos con más protección, con más garantías. Y un ejemplo de ello es la Ley contra el Acoso Sexual Callejero, en mi época de joven había que soportar lo que quisieran decirle a uno en la calle, y dejar pasar esta experiencia que les conté. No soy una santa debo de ser sincera y contarles que conforme fui creciendo cuando me decían algo en la calle me volvía y les contestaba, pero siempre con frases sin malas palabras y haciendo burla de su ego masculino.


Les compartí una experiencia porque sé que muchas mujeres han pasado por situaciones similares hace varios años como en mi caso, y en la actualidad. El actuar de hoy en día es diferente. Tenemos que saber y conocer con que herramientas contamos para defendernos, y creo que la más importante es contar si algo nos sucede, no tener miedo ni callarnos si somos víctimas de cualquier tipo de acoso, hay que denunciarlo. Las mujeres que han dado la lucha por nuestros derechos decidieron hacer un cambio, pero la única manera es ser parte de las soluciones y ser parte de esos cambios, si nos callamos y dejamos pasar las cosas, no sucederá nada.


Me siento tranquila de ver que mis hijas y ahora mi nieta crecen en una sociedad donde nuestros derechos cada día valen más. Faltan muchas luchas, más leyes, pero no perdamos la voluntad, la fuerza y la valentía para hacer una diferencia. No sientan vergüenza de compartir experiencias porque de cada situación siempre hay aprendizaje, un mensaje para alguien más, una forma de decir que las cosas han cambiado.


No me da vergüenza contar mis experiencias, vergüenza deberían de sentir los que las provocaron.


Los artículos y comentarios expresados en las columnas de opinión de esta Revista son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la posición de La Pluma CR

153 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo