Migración: ¿La Cenicienta de los cuerpos policiales?

Jonathan Flores Mata/Criminólogo

Directivo Nacional de ANEP


Cuando volcamos la vista a la estructura de las políticas públicas que han impulsado históricamente los gobiernos de turno, nos es posible identificar que, en lo que refiere al tópico de seguridad ciudadana, la atención ha sido nula, o absolutamente populista, y, por tanto, tremendamente deficiente.


Consecuentemente, las condiciones de los cuerpos policiales se han visto negativamente afectadas por ello. Las pruebas se evidencian en la falta de planificación, de inversión de recursos, pésima infraestructura, estructuras jerárquicas improvisadas, capacitación mediocre, y cientos de millones que el Estado ha debido pagar por sentencias judiciales, que una y otra vez, le dan la razón a las y los oficiales, que han sufrido violación de sus derechos laborales.


Y cuando creemos que el asunto no puede ser peor, la realidad se estrella en nuestra cara con cruda gracia irónica. Por cuanto, hace falta dialogar e investigar MUY POCO, para testificar las diferencias odiosas, irracionales e injustas entre los cuerpos policiales, que por sí mismos, ya constituyen un gremio subyugado.


Todo recae en la atención que los políticos pongan a las funciones de uno u otro cuerpo policial, y en razón de ello, los jerarcas se mueven en pro de solucionar, para brindar un mejor servicio, (no para dignificar condiciones, de eso estamos a años luz). Posiblemente, por ello, por lo fundamental, vistoso, y políticamente útil, resulta la Fuerza Pública como la agrupación que más se ha fortalecido en los últimos años.


En contraposición con esto, vemos una Policía Profesional de Migración que carece de todos los aspectos básicos que ya fueron superados hace años en otros cuerpos policiales. En su convivir interno, para algunas cosas les dan trato administrativo, y para otras, de oficiales de policía, demostrando que la gestión administrativa en esta entidad simplemente improvisa en su día a día, y se encuentra carente de capacitación. Una enorme cantidad de personal que asiste a operativos no cuenta con el curso básico policial (eso es similar a dar un auto a una persona que no sabe conducir). Adolecen por completo de estudios en áreas como salud ocupacional, para entablar horarios, roles y disposiciones para asuntos tan básicos como excluir a las mujeres en estado de gravidez de situaciones peligrosas, o funciones riesgosas para su embarazo.


Y lo antes indicado son solo unos pocos ejemplos, del cúmulo de fallas insólitas que sufren las y los compañeros que ejecutan la demandante labor del control migratorio en Costa Rica. Si, esos que algunos medios de comunicación se dedican a señalar con el dedo y criticar cuando las filas en los aeropuertos se convierten en largas serpientes constrictoras de la paciencia de los usuarios; o contra los que escupen veneno por la filtración de algunos indocumentados que realizan acciones indeseables en nuestro territorio. Ah, pero nunca han sacado a la luz las carencias e incertidumbre con las que deben hacer frente a tan fundamental labor.


En estos días pasados observamos como la Dirección de Migración ha comunicado a sus oficiales el congelamiento de algunos dispositivos, así como el hacinamiento de las y los servidores, que debieron desalojar algunos edificios, en motivo de que ya no se podrá pagar el alquiler de los mismos, todo por la falta de presupuesto para el año 2021. Estamos hablando de afectaciones operativas graves, en un cuerpo policial que ya se encuentra ridículamente mancillado.


Desafortunadamente, como el accionar del control migratorio no resulta tan atractivo para politiquear y pasar el trapito del populismo en los discursos, la Policía de Migración está huérfana de defensores. Luego del letal golpe por el recorte presupuestario, nos hemos quedado con las ganas de observar a una Directora de Migración, o un Ministro de Seguridad, exigiendo los recursos mínimos para operar como se debe, como si lo hicieron con otros cuerpos policiales. Y de resolver los millones de problemas que enfrentan los y las oficiales ni hablamos, eso es un sueño de opio, no les interesa, es más que evidente. Doña Raquel nos ha quedado debiendo mucho; y de don Michael Soto ya nos esperamos nada, ya sabemos que el caballero solo aparece para tomarse foto a la par de los kilos de droga, que el narco deja que le decomisen.


Solo queremos dejar en claro que, cuando el tema migratorio se vuelva incontrolable, o el Estado se vea comprometido por la pésima administración de las jerarquías del viceministerio de Gobernación y Policía, o el desinterés del ministro de la cartera, no aceptará la ANEP, ni los servidores policiales de esta policía, que sean tan desvergonzados de querer inculpar a quienes en realidad son las víctimas de todo esto, las y los oficiales.


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