Muy bonitas las campañas, pero: ¿Para cuándo las políticas de verdad?

A propósito del día Internacional de la Mujer

Jonathan Flores Mata/ nieto, hijo, esposo y padre…

Directivo Nacional de ANEP


Lamentablemente, igual al resto de naciones del orbe, históricamente en Costa Rica, día a día, nuestra población se ha encontrado inmersa en diferentes contextos de violencia, de tan vil frecuencia que en algún momento estas conductas fueron de carácter obligatorio a nivel social. Posteriormente, con el paso del tiempo la población les aceptaba como normales y dejaba pasar sin mayor sobresalto. Y es hasta ahora, que, en algunas latitudes, se comienza a hacer conciencia sobre la verdadera naturaleza despreciable de estas situaciones. Dos claros ejemplos de estos repudiables escenarios, para materializar mejor la idea, son: la “educación” de los hijos mediante la agresión física, y la violencia contra las mujeres. En esta ocasión me detendré a reflexionar un poco sobre la segunda circunstancia mencionada; le invito estimad@ lector(a) a seguir el mensaje de mis líneas, y, como siempre, incito a que construya usted su propio criterio.


Si ante el simple hecho de leer la introducción ya frunció el ceño, entonces, antes que nada, se torna menester aclarar el punto sobre la forma en que nuestra sociedad llegó a normalizar la violencia contra la mujer; veamos: Primeramente, es necesario suprimir de nuestra mente aquella concepción de que violencia es solo el ataque hacia la integridad física de una persona. Recordemos que el ciclo de violencia se puede configurar con cualquiera de sus tantas modalidades: patrimonial, psicológica, sexual, física, laboral y hasta obstétrica, por mencionar solo algunas aristas. De manera que, me refiero a la violencia en cualquiera de sus asquerosas presentaciones. Con este preámbulo analicemos: en pleno año 2020 aún siguen los varones ostentando mayores salarios que las mujeres, en trabajos con iguales funciones y responsabilidades; es cosa de todos los días escuchar a un sujeto dedicándole palabras indecentes a modo de “piropo” a alguna dama; y no hay ni un solo día, en que una mujer no sufra golpizas a manos de su pareja. Espero el mensaje se vaya entendiendo, estas deplorables situaciones que suceden a cada rato, todos los días, son formas de violencia que se volvieron tan “normales” en la sociedad, que ahora debemos hacer conciencia, y luchar para erradicar conductas, que en primer lugar nunca debieron haberse permitido.


Si esta aclaración le fue insuficiente, ahondo con un poco más de detalle mi argumento. Desdichadamente para las mujeres, en la historia de la evolución de este ser que mezquinamente se hace llamar civilizado; el ser humano, siempre se ha cometido el pecado de no dar a la mujer el trato igual que merece. Y es que, desde las épocas de las cavernas se presentó este rol sexual en el que el macho se aprovechó de una ventaja fisiológica, por su fuerza, y confinó a la mujer a hacer solo los quehaceres que él autorizaba. Con el paso de los siglos esta situación empeoró cada vez más, hasta el punto en que los varones eran los dueños de la riqueza, los espacios de poder (político, militar y religioso, por mencionar algunos) y la toma de decisiones; subyugando al género femenino a un segundo plano de menor importancia, sin contar con ninguna justificación para ello (por supuesto, pues no existió, existe, ni existirá nunca). Si, ha sido como un bucle de la teoría de las ventanas rotas.


Hoy en día parece increíble que las mujeres debieron entablar diversas luchas para poder tener derechos básicos como el sufragio, remuneración salarial o a decidir por sí misma con quien formaría una familia. ¿Por qué? En serio parece absurdo que a lo largo de la historia se les haya rebajado como si fueran seres de menor categoría a los hombres.


Entonces llegamos a esta era “moderna” en la que reflexionando un poco nos damos cuenta que seguimos siendo una especie primitiva de mentalidad simplista. Y aunque la situación ya no es tan extrema como antes, (al menos en este lado del charco, del medio oriente ni hablemos), y tenemos a mujeres en curules legislativas, en importantes cargos políticos, judiciales, deportivos y hasta dirigiendo cuerpos policiales (por primera vez en Costa Rica); hay que comprender que todavía nos encontramos increíblemente lejos de alcanzar el ideal de equidad e igualdad, que debió imperar desde el inicio en la sociedad humana.


Justo en este punto es donde la politiquería me revuelve el estómago, puesto que aún se observa a agrupaciones político-partidarias poniendo a mujeres como relleno en ciertos campos, solo para cumplir una cuota impuesta. Igual que los mensajes gubernamentales celebrando algún logro de una dama, resaltando la frase: “y es mujer”. No sé ustedes, pero esto a mí me enferma, el simple hecho de darle énfasis es en sí mismo una forma de discriminación. ¿No les parece?


Imagen: Jonathan Flores/ANEP

También tenemos las instituciones llenas de actividades pro mujer, reportajes, convivencias, protocolos y fotos, enfocando el papel de las chicas en el entorno laboral. Pero cuando preguntamos por el trato diario que experimentan en sus centros de trabajo, resulta que estas funcionarias han sido discriminadas, acosadas sexualmente, aisladas y cuando han pedido ayuda para una u otra situación importante, les dicen NO (compañeras policías identificadas en 3,2,1…). Aunado a ello se anuncia la implementación de situaciones como el protocolo contra el acoso callejero, donde se aseguró a la ciudadanía que todos los policías han sido capacitados en su implementación. ¡AJÁ! Recordemos que en ANEP contamos con la digna representación del personal de Fuerza Pública, y, de primera mano, sabemos que esto no es cierto. A saber, en cuantas cosas más nos han estado mintiendo, solo para cumplir con el fin populista que demanda un sector del electorado.


Debo ser honesto, no pienso que las actividades, protocolos y demás actos sean nocivos, por el contrario, me parece que son parte del proceso de sensibilización, solo demando que se debe ser consecuente con el discurso presentado al público, y abordar con calidad humana a quien requiera un poco de ayuda en un momento dado. Más allá de todo eso, el punto importante al que deseo llegar es establecer la reflexión: ¿Qué se está haciendo realmente, fuera de la esfera del populismo, para cambiar esta situación? Porque, veamos nuestra realidad actual: el desempleo sigue afectando más a las mujeres, el salario percibido sigue siendo más bajo para ellas, la mayoría de las muertes registradas en mujeres se dan por su condición de mujer, las víctimas de violaciones y acoso sexual siguen siendo, por mayoría aplastante, mujeres y el incidente policial más atendido a lo largo y ancho del territorio nacional es la violencia intrafamiliar, en la enorme mayoría en la modalidad del hombre cobarde que agrede a la mujer. Sin dejar de lado los delitos más dramáticos que convierten a las personas en verdaderos artículos del putrefacto mercado negro, tales como la trata de personas (la actividad ilícita más lucrativa en el mundo) y la pornografía infantil. Virulentos negocios en los que, también, la mayoría de sus víctimas son mujeres.


¿Preguntémonos, es suficiente lo que se está haciendo? Porque el día en que veamos resultados que podamos celebrar tiene un horizonte borroso e indeterminable.


Necesitamos de verdaderos planes de atención, a mediano y largo plazo, destinados a eliminar para siempre ese gen maldito de la sociedad que se empeña en tratar distinto a las mujeres. Actitudes como el machismo, que irónicamente a veces es extendido por las mismas madres de familia, al hacer distinción en la asignación de tareas entre los niños y las niñas, deben ser atacadas y erradicadas mediante la educación, tanto desde casa, como la formal que garantiza el Estado. Claro está, invocando siempre la equidad, y teniendo el cuidado de no caer en radicalismos que puedan desbalancear injustamente la situación. Fenómenos sociales como el aprendizaje de modelos negativos, comunidades anónimas, dificultades en la resolución de conflictos de manera pacífica en la convivencia diaria, son tópicos preventivos que desde hace años deberían estar siendo abordados con fiereza en nuestro aparato estatal (incluso para la prevención general del delito). Pero no, seguimos viendo publicaciones en redes sociales de contenido populista y sin contenido efectivo de fondo.


Ya es momento de dejar de estar posando para la foto, y ejecutar programas impartidos en la educación formal, desde edades tempranas, apuntando al fortalecimiento verdadero de las instituciones asistenciales, políticas para procurar la integración de las diferentes agrupaciones sociales, y, sobre todo, apostar por un cambio cultural general, para que, al fin en un futuro no muy lejano, podamos corregir el enorme error que por siglos cometimos sostenidamente en el tiempo…


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