Ni la Educación garantiza mejor Calidad de Vida a las Mujeres

Carolina Delgado Ramírez

Ex Diputada

Un objetivo fundamental de las sociedades actuales y de los gobernantes debe ser mejorar la calidad de vida de los habitantes, y especialmente buscar eliminar las barreras que generan brechas entre los diversos sectores de la sociedad.


Uno de los factores importantes para mejorar la calidad de vida está en relación directa de la posibilidad de acceder a ingresos económicos y a empleos dignos. Ya se ha dicho en más de una oportunidad, que tener empleo es la diferencia entre ser pobre o no.


Las brechas existentes en relación al empleo e ingresos de las mujeres con respecto a los hombres, en pleno siglo XXI, generan todavía una disparidad en las sociedades actuales y Costa Rica no se escapa a esa realidad.


Ya la Encuesta Continua de empleo (ECE) del primer trimestre de 2019, establece una tasa de desempleo de las mujeres de un 14.2%, corresponde a un 4% más que de los hombres, adicionalmente tiene mayores niveles de subempleo con un 12.5% duplicando la cifra de los hombres.


Pero el problema no es sólo que nos cuesta conseguir empleo o empleo de calidad, sino que hoy existe una diferencia de casi el 19.2% en ingresos entre hombres y mujeres, según el Informe de Salarios 2018-2019 de la OIT, es decir, que para las mismas funciones o similares, las mujeres reciben menos remuneración que un hombre, por cada ¢100.000 que recibe un hombre una mujer recibe ¢80.800; a pesar de que muchas personas no crean que esta realidad persiste no sólo en Costa Rica, sino en el mundo.


Fue necesario realizar una reforma a la Ley de Promoción de la Igualdad Social de la Mujer (Ley N°7142), con el objetivo de lograr igualdad salarial entre hombres y mujeres, detrás de países como Islandia, quien fuera el primero en aprobar una legislación en este sentido.


A pesar de que entre un nivel más alto de educación de las mujeres, mayor posibilidad de obtener un empleo, una profesional duplica a una mujer bachiller y una mujer que completó primaria tiene solo un 23% de posibilidades que tiene una profesional de obtener empleo.


Como país tenemos un reto complejo, ya hoy las mujeres estudian y se preparan más que los hombres en todos los niveles hasta en el universitario, lo que podría generar una posibilidad de más fácil acceso a un trabajo pero no a un salario igualitario, y las mujeres que se quedan rezagadas con menores índices de educación o con mayor trabajo doméstico no remunerado, acceden mayoritariamente a actividades bajo la modalidad del “subempleo”, es decir, actividades económicas no a tiempo completo y con remuneraciones por debajo del salario mínimo.

Avocarse a seguir con una “Estrategia” clara que garantice que más mujeres continúen en el sistema educativo, al menos concluir la secundaria, complementada con el fortalecimiento de la Red Nacional de Cuido, de niños y adultos mayores, generarían mayor facilidad de acceso a un empleo de calidad y urge que la fiscalización que debe realizar el Estado en relación al salario igualitario, se implemente lo antes posible y se adopten las medidas pertinentes para eliminar esa discriminación.


Hacer mejor las cosas, estudiar más y prepararse más, no garantiza que como mujeres tengamos mejor calidad de vida, las barreras estructurales siguen siendo tan altas que parece que ni con garrochas podemos superarlas.


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