Nuestro gran error histórico luchar contra de la pobreza

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


Es frecuente oír a nuestros líderes políticos, pregonar durante las campañas electorales, su compromiso indeclinable de luchar contra de la pobreza. Y aceptémoslo, se trata de un propósito noble, sumamente atractivo y políticamente “sexi”; pero que no funciona. Porque dicha lucha no sólo es estéril, sino, contraproducente, dado que, en vez de disminuir la pobreza, la suele aumentar.



… Sorprendido, sí, lo sé; ya veremos ¿Por qué?


El desempeño de Costa Rica en materia de pobreza


Nuestro país logró bajar la pobreza general de entre 50 y 60% en que se encontraba en la década de los años 40 del siglo pasado, a entre 20 y 25%, rango entre el que viene fluctuando en los últimos 35 años.


Contrario a lo que algunos creen, la anterior reducción no se debió a las políticas de lucha contra la pobreza, sino a la creación de una serie de instituciones de servicios tales como, la CCSS, el ICE, el CNP, el INVU, el SNAA (luego AyA), el INA, el Hospital Nacional de Niños, entre otras; las cuales propiciaron una mejora sustancial en las condiciones generales de vida de los costarricenses, y, particularmente, en su situación sanitaria; lo que elevó nuestro Índice Bienestar Humano (IDH), y, consecuentemente, bajó significativamente el nivel de pobreza en nuestro país.


Llama poderosamente la atención, cómo a pesar de la creación de más de docena y media de instituciones, y, más de tres docenas de programas dedicados a la lucha en contra la pobreza, ésta sigue estancada en alrededor del 20% en los últimos 30 años.


Y lo preocupante es que la misma no sólo no ha bajado, sino, incluso, ha aumentado significativamente en términos absolutos. Porque, por ejemplo, en la década de los años 70 del siglo pasado, teníamos unos 460.000 pobres, mientras hoy son alrededor de 1.100.000, y, ese número sigue aumentando peligrosamente día con día.


Sobre nuestra estrategia de luchar contra de la pobreza


La gran cantidad de instituciones y de programas que hemos creado para luchar contra la pobreza, obedece a una visión y a una estrategia equivocada de cómo enfrentar ese terrible flagelo. Porque dichos programas lo que hacen en esencia es, subsidiar la pobreza. Por eso, llegó la hora de cambiar de estrategia, o sea, de dejar de luchar contra de la pobreza vía subsidios; dado que, el mecanismo del subsidio se comporta como una ley natural, y, por lo tanto, todo lo que se subsidia aumenta.


Urge sustituir los programas que hoy subsidian la pobreza, por programas que subsidien la creación de riqueza, especialmente entre los pobres y la clase media, si pretendemos aumentar el nivel del bienestar de nuestras grandes mayorías, y, consecuentemente, disminuir la pobreza en el país.


El subsidio como ley natural


Ya dijimos que el mecanismo del subsidio se comporta como una ley natural. Ahora bien, ¿Y qué es una ley natural? Para efectos prácticos, podemos decir que es una ley física que, bajo las mismas condiciones, siempre se cumple, o sea, siempre da el mismo resultado. Y por eso, todo lo que se subsidia aumenta. Lo anterior explica el ¿Por qué?, cuando subsidiamos la pobreza, la pobreza aumenta.


Veamos unos cuántos ejemplos de subsidios en positivo


En mi artículo “el Péndulo del Bienestar Social”, señalé cómo el subsidio a las exportaciones con Certificados de Abono Tributarios (CAT), aumentó significativamente nuestras exportaciones; y cómo el subsidio a la conservación y a la reforestación de nuestros bosques mediante Certificados de Abono Forestal (CAF), aumentó dramáticamente la cobertura boscosa de nuestro país. Y así, en todos los casos, como se dijo antes, todo lo que se subsidia aumenta.


La lucha contra la pobreza es una lucha negativa


Las “luchas en contra” son luchas negativas, por eso, en vez de luchar en contra de lo que no queremos, enfoquemos nuestro esfuerzo para luchar a favor de lo que queremos. Porque las evidencias nos indican que cuando se lucha en contra de lo que no se quiere, lo activamos y le damos vida; lo energizamos y lo alimentamos; y, consecuentemente, se resiste a desaparecer o a morir.


Permítanme el siguiente ejemplo doméstico u hogareño que explica y ejemplifica el resultado de luchar en contra de lo que no se quiere. Se trata del caso en que unos padres empiezan a luchar en contra de la relación de su hija con un novio al que no quieren para ella. Esa lucha en contra de dicha relación suele unir y ligarlos aún más fuerte que antes, produciendo el efecto diametralmente opuesto al que quieren los padres. E incluso, dependiendo de la fuerza e intensidad de esa lucha u oposición, ésta puede crear y alimentar un capricho muy fuerte entre los jóvenes, y empujar a la muchacha a escaparse con el novio. Todo porque los padres lucharon en contra de lo que no querían, o sea, en contra de ese noviazgo.


Pues resulta que hemos venido subsidiando la pobreza, por ejemplo, mediante dádivas de instituciones como el IMAS con sus programas de caridad, el BANHVI con su famoso Bono Gratuito de la Vivienda, y otras instituciones y programas afines.


Los efectos que han venido causando muchas de esas dádivas en las familias costarricenses, son similares a los causados por el famoso programa Welfare (bienestar), que condenó a casi tres generaciones de familias y millones de estadounidenses a vivir sin opción alguna que no fuera la caridad del Estado norteamericano.


Ese programa Welfare, al igual que todos los planes de asistencia basados en limosnas, los cuales no exigen a cambio, ninguna contraprestación de servicio, sin duda alguna, tienen muy buenas intenciones; sin embargo, estos constituyen un subsidio a la pobreza y consecuentemente, tienden a aumentarla, en vez de crear bienestar y prosperidad a sus destinatarios.


Incluso, se han dado casos en que, muchas familias que se encontraban librando importantes batallas para salir adelante; ante la posibilidad de recibir dichos subsidios, optaron por abandonar su lucha para plegarse y acogerse a las limosnas, y acabaron en una especie de atrofia o invalidez crónica, producto de su ulterior estado de dependencia. Y, de esta manera, perdieron su capacidad de lucha, de trabajo; y lo que es peor, terminaron perdiendo su dignidad.


Señalo para aclarar, que reconozco la conveniencia de “tender la mano” para dar un empujón a los sectores más débiles y vulnerables que se encuentran rezagados. Pero de ninguna manera esa mano misericordiosa debe convertirse en su azote, en el objeto de su frustración ni mucho menos, en su fuente de indignidad. Por el contrario, debe ser un incentivo para que se incorporen, se sacudan el polvo, levanten la cabeza, miren hacia adelante, renuevan sus sueños y esperanzas, y, prosigan su lucha hacia un destino promisorio.

Todo lo anterior explica el ¿Por qué?, las asistencias públicas o privadas, deben ir asociadas a una contraprestación de servicio, a fin de preservar la autoestima de las personas, y, sobre todo, para salvaguardar el activo más valioso de todo ser humano: su dignidad.


Si tomáramos solamente una fracción de la enorme cantidad de recursos que desperdiciamos año con año en programas de subsidio a la lucha contra la pobreza, y, la dedicáramos a subsidiar programas de lucha a favor de la creación de riqueza; estaríamos camino a reducir nuestro índice de pobreza a niveles insospechables.


Finalmente, que nuestras luchas como país, comunidad, familia y como individuos; sean siempre luchas positivas, o sea, a favor; y nunca en contra, porque éstas son luchas negativas.