Seguridad Ciudadana-Parte de la Estafa Política del PAC

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional, ANEP


En diversas oportunidades y espacios, desde ANEP hemos retransmitido el sentimiento de miles de ciudadanos costarricenses, quienes abiertamente, inmersos en el arrepentimiento e indignación, aducen haber sido víctimas de estafa política. Y es que, el hecho de haber apoyado mediante el sufragio al hoy presidente de la República (o haber demostrado su repudio al contrincante de la otra acera), significó para los votantes un importante haz de esperanza. La promesa de una revolución en el actuar de la clase política, liderada por un joven impetuoso, proveniente de un partido político cuyas raíces emergieron en el caldo de cultivo de la lucha social, henchía el corazón de los sectores que creyeron que al fin el país daría sus primeros pasos en la dirección correcta, alejándose del poder económico y encaminándose hacia la utópica búsqueda de la disminución de la desigualdad.


Muy poco tiempo le tomó al ocupante de la silla presidencial demostrarle al pueblo que pecó de iluso, convirtiendo a más de un millón de personas en víctimas de la mayor estafa política jamás antes vista. El resabio de la enorme brecha de desigualdad que se creyó disminuiría, lo que en realidad hizo fue crecer, gracias a las decisiones tomadas por el señor Alvarado y su equipo. Los trabajadores del sector público perdieron poder adquisitivo de manera considerable. La imposición de impuestos regresivos a golpeado inmisericordemente a las personas con menos ingresos. Y mientras se manipulan los parámetros para pintarle al país la mentira que hay menos pobreza, son cada vez más las familias que no tienen siquiera para hacer tres comidas al día.


Este gobierno ha despilfarrado cantidades exorbitantes para alcanzar el capricho de pertenecer a la OCDE. Mientras a los pobres se les incrementó el costo de la canasta básica, a grandes empresas se les otorgaron amnistías de cientos de millones de colones. Los salarios están congelados. Las frías cortinas metálicas de los negocios que cercenan con su cierre los sueños de su impulsor, son cada vez más abundantes, sin olvidar todos aquellos locales con el rotulo de:” se alquila” que se reproducen en las zonas comerciales. ¿Y así se atreven a hablarnos de reactivación económica?


También es importante indicar que, quien porta la cinta presidencial no ha sido dueño exclusivo de la estafa política del PAC, para decirlo de manera analógica, en este partido el equipo de gobierno tiene una alineación cuidadosamente elegida, dirigida por el presidente, quien a su vez es manejado por la junta directiva llamada poder real (los neoliberales que son los que en verdad mandan). De este equipo, hay también clarísimos ejemplos de estafas políticas en áreas específicas, una de ellas, la más decepcionante, al menos para este servidor, es la concerniente a la seguridad ciudadana.


Veamos, esta línea de trabajo del gobierno ha incrementado el desempleo, la desigualdad, la falta de oportunidades, las brechas sociales, la inequitativa distribución de la riqueza, y todos estos elementos tienen algo en común. ¿Sabe cuál entendido lector? Que todos son causas de origen de la comisión de actos delictivos.


Ya es más que sabido que la guerra contra las drogas se perdió para esta generación, por ello, lo mínimo que se espera son acciones preventivas para que a las próximas generaciones no les suceda lo mismo. Pero en su lugar, se está exponiendo a la juventud a situaciones más vulnerables, en las que, con más facilidad serán reclutados por el crimen organizado, bajo la promesa de satisfacer sus necesidades, sean básicas o de consumismo puro, a través de una estructura criminal.


Con la enorme expectativa que se tenía de esta administración, al menos en el tema de la seguridad ciudadana, ahora pregunto:


¿Se ha declarado el tema de las drogas como un asunto de salud pública?


¿Se han establecido programas preventivos que orienten con seriedad a la niñez en estos temas? (Una mejenga en barrios marginados es solo un acto hipócrita para salir en una foto).


¿Se mejoró la gestión del gasto del presupuesto en seguridad pública para estar mejor equipados ante el narco?


¿Se han implementado concursos en la institución policial que permitan que sean las personas más idóneas quienes acceden a los puestos de mayor responsabilidad?


La respuesta a todo es la misma: NO. En cambio, si nos preguntamos:


¿Bajó la calificación de la seguridad aeroportuaria del país?


¿Bajó la calificación de seguridad del país como destino turístico?


¿Siguen presentándose femicidios? (Y ojo que la violencia doméstica es el incidente que más aborda la policía a diario)


¿Han muerto niños por la falta de protocolos institucionales para la atención de su seguridad e integridad?


¿Sigue Costa Rica dentro de los niveles de pandemia por la cantidad de homicidios? (el actual reloj criminal marca un homicidio aproximadamente cada 13 horas).


Ahora, por el contrario, la respuesta a todas las preguntas es: SI.


Entonces no hay mucho que discutir, tenemos una orquesta que solo compone en pro de los intereses económicos de un sector específico. Pero lamentablemente, como “daño colateral” están lesionando, aún más, la vulnerabilidad de una ciudadanía cada vez más proclive a quebrantar la normativa para cubrir sus necesidades (cualesquiera que estas sean). Y es que ni siquiera se observan advertencias de los jerarcas en seguridad ciudadana, sobre lo caro que este camino les costará a las generaciones que están creciendo en este momento. Si clase política estafadora, con el tiempo les señalaremos como grandes responsables de la inseguridad, corrupción y derramamiento de sangre. ¡Hermoso legado, gracias!


La jerarquía de seguridad pública sigue haciendo las cosas igual, obsequiando asensos por afinidad, gastando sin planificar, tomándose fotos en eventos vacíos de verdadero contenido preventivo, profesando una cosa mientras el maltrato al policía sigue igual… Diría que cuando todo se hace igual se obtienen los mismos resultados, pero en materia de seguridad, las estadísticas, y lo sufrido a nivel social, e internacional, me ha demostrado que no es así, es peor; si las cosas se siguen haciendo igual, los resultados serán cada vez más dramáticos, como ya lo estamos viviendo. En conclusión, lamento afirmar: Damas y caballeros, ustedes que dirigen la seguridad ciudadana en esta Administración: ¡Son la peor parte de esta repudiable estafa a Costa Rica!

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