¿Solo culpa de la ciudadanía? ¡Qué descaro!

Actualizado: jul 18

Jonathan Flores Mata

Criminólogo/ Directivo Nacional de ANEP

Sobra decir que, en este momento, prácticamente toda la población del país sufre la incertidumbre de lo que pasará con nuestro futuro inmediato, como pocas veces en la historia de nuestra patria. Las razones son más que obvias, las consecuencias de la pandemia por el covid-19, en todas las esferas que la propagación de esta enfermedad está afectando.


Encontrar un equilibrio entre los intereses de todos los sectores es una tarea más que difícil, es sencillamente imposible. Es por eso que, hasta países con acceso a una considerable cantidad de posibilidades económicas, acceso a recurso técnico, especializado e intelectual se han visto arrodillados ante la expansión del popularmente conocido coronavirus. Porque no han sido firmes con la defensa absoluta de la prioridad de defensa de la salud pública (sea con las medidas sanitarias o la falta de aplicación de un estado social).


No obstante, también se ha evidenciado como algunas naciones han soportado el furioso embate de esta terrible pandemia y conseguido mantener cifras bajas de víctimas mortales. Aplauso a quienes si comprendieron que el objetivo primordial es proteger la vida, por encima de cualquier otra cosa.


La diferencia entre el escenario de aquellos que sucumben y de los que, por el contrario, se convierten en ejemplo, radica en la toma de decisiones valientes, dejando de lado las presiones externas de los diferentes sectores y pensando en la salvaguarda de lo realmente prioritario (la vida).


En Costa Rica experimentamos la particularidad de estar en ambos lados de la acera. Con la salvedad de que aun guardamos la esperanza de no pasar por la dramática situación que significa un colapso del sistema de salud pública (y pensar que algunos majaderos continúan insistiendo en que hay que privatizar la Caja Costarricense de Seguro Social).


Esto nos permite captar data de este penoso laboratorio socio-político y aventurarnos a sacar algunas conclusiones. Veamos: nuestro país fue halagado a nivel internacional por la eficiente forma en que consiguió controlar la primera oleada de la pandemia y en como logramos achatar la curva de crecimiento de contagio (que nostalgia cuando el reporte diario nos decía solo 8, 4 o 3 casos).


En aquel momento la reacción fue inmediata, se ejecutaron las limitaciones de rigor, se ordenó la máxima implementación posible del teletrabajo, la restricción vehicular sanitaria, la clausura de eventos masivos, la preparación de los centros médicos (insisto: ¡Gracias CCSS!) y demás medidas necesarias. Es cierto, experimentamos una fuerte afectación económica, pero Costa Rica consiguió proteger a su población, su prioridad de entonces fue la vida del pueblo.


Luego de eso, cuando comenzaron a darse las fases de reapertura las cosas cambiaron, para mal de todos. Desde el manejo de la información, hasta las decisiones que dejaron de tener fundamento científico y fueron adquiriendo tintes políticos. Todo acaparado desde la casa presidencial, comandado por nuestro infame gobierno.


Cuando empezaron a subir de nuevo los casos, el mensaje del Poder Ejecutivo se podía resumir en: “eso es en el norte, aquí sigamos abriendo el comercio”. Como si en nuestro pequeño territorio nacional una persona no pudiera trasladarse de una provincia a otra en cuestión de pocas horas.


Se lanzó un mensaje casi xenofóbico contra los hermanos del vecino país del norte en el cordón fronterizo con Nicaragua, y “obviaron” que las colonias más numerosas de personas de esta nacionalidad se han establecido en el GAM. Lo que significaba que lógicamente estas personas buscarían refugiarse en dichos sitios.


Quienes le hemos dado seguimiento a las decisiones políticas de esta Administración testificamos, cientos de veces, como la presión de ciertos grupos empresariales (curiosamente los mismos que evaden y eluden impuestos) consigue distorsionar (por no decir dominar) los parámetros de “guía” expendidos desde la casa de cristal (sí, léase con ironía).


Se debe entender que las masas mayoritarias, en circunstancias como las que pasamos en el presente, actúan bajo preceptos de seguimiento de patrones. O, para entenderlo de manera más sencilla, el gobierno se convierte en una especie de figura paterna que extiende un ejemplo, que la mayoría de los ciudadanos va a seguir.


La analogía la invoco por una razón muy sencilla. Mientras Costa Rica experimentaba la entrada de la segunda oleada, desde el Poder Ejecutivo se seguían ordenando aperturas comerciales y se minimizaba el teletrabajo (ejemplo claro fue el personal administrativo del Ministerio de Seguridad Pública). El mensaje de retroalimentación, para una gran parte de la población era que, si el gobierno era permisivo y relajaba las medidas, sin importar que el número de casos continuara subiendo, entonces las personas también podrían hacer lo mismo.


Es innegable que, decir quédese en casa, y segundos después invitar a la gente a que vaya al cine, a la playa, o a visitar centros turísticos o comerciales es un mensaje contradictorio. Por supuesto que ante la confusión muchas personas, ya desgastadas por el encierro, iban a elegir actuar de la manera más conveniente para si mismas, y relajarían las medidas de seguridad personal y el distanciamiento social.

No podemos pecar de ingenuos, tampoco hace falta ostentar una gran capacidad de análisis para concluir que las presiones de algunos empresaurios irresponsables (si empresaurios), incidieron en la negativa del Poder Ejecutivo, de adoptar medidas restrictivas para controlar la segunda ola del virus, cuando estaba iniciando. (¿O creen que el gesto de hastío del Ministro de Salud era solo por el aumento de casos?).


Y ahora que el panorama se pone más oscuro, por la trasmisión comunitaria (que tenían días tratando de negar a toda costa), el incremento peligroso en el número de hospitalizaciones y que dejamos de ser ejemplo internacional, se atreven a decir que es culpa de la ciudadanía desobediente. ¿No se les está olvidando la cuota de responsabilidad de presidencia por mandar el mensaje tácito de que ya se podían relajar medidas, con su ejemplo de apertura a pesar del aumento progresivo de casos? Me disculpan el irrespeto, pero: ¡Qué descaro!


No vamos a tapar el sol con un dedo. Es cierto que la disciplina del costarricense falló, y cargamos con un enorme porcentaje de culpa, de que dejáramos de ser el prospecto de país ejemplar, para convertirnos en una nación más que falla en el intento por controlar la crisis del covid-19. Pero que el gobierno señale a la población como única culpable y no quiera admitir su cuota de responsabilidad por no tener claras sus prioridades y dejarse influenciar (de nuevo) por las presiones de algunos sectores que se preocupan más por el bolsillo propio, que, por la salud de la gente, es un absoluto acto de irrespeto y cobardía.


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