“Supervisemos lo Importante”

Jonathan Flores Mata/ Criminólogo.

Directivo Nacional de ANEP


Circunstancias excepcionales, como las que está experimentando el mundo entero, producto de la emergencia sanitaria generada por el virus covid-19; requieren, sin lugar a dudas, que se tomen igualmente medidas excepcionales. Por ello apoyamos aquellas decisiones enfocadas a orientar y culturizar, con un poco de potestad de imperio, a quienes no acatan las necesarias medidas externadas por los entes rectores de salud pública. Aplaudimos igualmente las campañas de concientización para el constante lavado de manos, y la recomendación por antonomasia del momento: “quédese en casa”. Pero: ¿Todos estos esfuerzos externos del Gobierno, se están viendo reflejados y aplicados también a nivel interno de nuestra institucionalidad?

Debemos recordar que desde ANEP se atienden servidores públicos provenientes de todos los estratos, entre ellos los que se desempeñan en las funciones de primera línea de acción en estos momentos de crisis. Sí, esos trabajadores que nunca nos cansaremos de aplaudir, cruz rojistas, recolectores de basura, personal médico y policías (por mencionar solo algunos). Y bueno, estas personas nos comentan la realidad de las situaciones que se viven-sufren desde la acera de cada una de sus labores.

Topamos con reportes de sitios en los que aún se obliga a personal administrativo, que puede hacer sus funciones completamente por teletrabajo, a asistir a la oficina 2 o 3 veces a la semana, la razón: porque al jefe se le da la gana, sí, exposición de la salud por voluntad jerárquica. Se nos informan de centros de trabajo en las que mandos medios se aprovechan de su posición para echar mano de los implementos de limpieza difíciles de conseguir, como alcohol en gel, o desinfectantes en aerosol. Lugares en los que se reparten mascarillas y guantes, pero no se instruye al personal sobre los momentos en que se deben utilizar, cómo ponerlos o cómo quitarlos, o si, hasta para quitarse los guantes se requiere de una técnica correcta.

Y es que, además de las medidas de contención a nivel de la población, el propio aparato estatal necesita hacerse una autoevaluación, retroalimentarse y reacomodarse en aquellas áreas y lugares específicos, en los que sus mismos representantes infringen las recomendaciones externadas, una y otra vez.

Tenemos a los Cuerpos Policiales trabajando en la calle, en búsqueda y persecución de las personas que siguen visitando espacios públicos como las playas, haciendo fila para dejar un paquete en la Reforma, y ni se diga de los exhaustivos dispositivos para sancionar a quienes transgredan la restricción vehicular sanitaria. No obstante, curiosamente vemos fotos en las redes sociales de conglomeraciones de los mismos policías, sin guardar la debida distancia entre ellos, hacinados en cuartos pequeños. Personal policial que encaja en el perfil de riesgo, que son adultos mayores, diabéticos, hipertensos y asmáticos, exponiéndose en las calles, cuando deberían readecuar sus funciones mientras pasa esta situación, si es que les importa cuidar a ese ser humano. Pero no, siguen enviándolo a la calle, como si estuviera hecho de un material invulnerable, mientras el mando a cargo y su equipo de confianza inmediato (la argolla) que está en mejores condiciones de salud, se resguarda cómodamente en la Delegación, dirigiendo por control remoto todo. Tampoco podemos dejar de mencionar a los encargados que niegan el permiso a la patrulla para ir a lavarse las manos constantemente. Si, damas y caballeros, estas situaciones se están presentando, en algunas (resalto la palabra y véase que no generalizo), repito, algunas unidades policiales, que cuentan con jefaturas tozudas, prepotentes y hasta ignorantes.

Y si, sabemos que esto también se da en otras instituciones, donde no se implementa ni siquiera una forma alterna de registrar las entradas y salidas, distinta al reloj marcador con huella digital; así como otro sinfín de situaciones, que tardaríamos horas en mencionarlas todas.

¿Qué proponemos entonces? Como se indicó antes, una autoevaluación, supervisión excepcional en estos momentos excepcionales. Por ejemplo, que ese director regional de Fuerza Pública no salga a fijarse si el policía anda barba o se puso bien la gorra, sino que pregunte si le permitieron lavarse las manos, tiene uniformes suficientes para lavar a diario, o si su salud está viéndose comprometida. Se requiere que las cúpulas ministeriales no se conformen con enviar una simple directriz y le deleguen todo a sus jefes, sino que se establezca supervisión del cumplimiento estricto de las medidas y recomendaciones sanitarias, según las máximas posibilidades de cada centro de trabajo.

Necesitamos que se proteja al personal que más se está exponiendo, y que se supervise, se exija y hasta sancione si es necesario, como con la restricción vehicular, a aquellos jefes y/o encargados que siguen haciendo ir sin motivo de peso a los trabajadores, que no protegen al personal de alto riesgo, ni han levantado las investigaciones pertinentes, cuando los suministros de desinfección e higiene no se han distribuido equitativamente.

Supervisemos lo importante, no ponemos en tela de duda la buena intención del accionar del gobierno en las medidas de prevención tomadas (aunque si algunas decisiones políticas que dejan ver la preferencia por la clase más poderosa a nivel económico, pero eso es otro tema). No obstante, si exigimos un mejor control de la aplicación de las medidas auto impuestas en los centros de trabajo gubernamentales, y mano dura contra quienes juegan irresponsablemente con la integridad de los demás. El mejor tributo que pueden hacerle a las y los servidores que más se arriesgan es su labor, es verificando que tengan las condiciones más seguras para hacer su trascendental labor.

Para ustedes que siguen en pie de lucha y lo dan todo día a día, nos quitamos el sombrero y nos ponemos a su disposición…


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