“Trabajadores de otra categoría: el aplauso no basta”

Jonathan Flores Mata/ Criminólogo.

Directivo Nacional de ANEP


Precisamente en los momentos en que el contexto social en general, con todas las aristas que en él se incluyen, económicas, laborales y académicas, por mencionar solo algunas, se ve limitado debido a las circunstancias sobrevenidas por la propagación del covid-19; salen a flote aquellas necesidades, tanto individuales como colectivas, que trascienden en tan alto nivel de importancia, que se constituyen en indispensables para la vida misma. Con ello también nos damos cuenta de, en cuáles personas recaen, día a día, las responsabilidades más críticas que nos permiten seguir con nuestras vidas.


Y es que, cuando nacemos con alguna ventaja, derecho y/o facilidad, damos por sentado que ahí ha estado siempre, está y estará a nuestra disposición, a tal punto que incluso podemos exigir las condiciones de su cumplimiento. Es por ello que no nos detenemos a pensar, ni mucho menos a apreciar, las luchas, esfuerzos, trabajo y hasta sangre, que nuestros predecesores debieron sacrificar para obtener todo aquello que, para nosotros hoy es normal.


Ejemplos hay muchos, pero a fin de comprender un poco mejor la idea, ilustre lector (a), mencionemos algunos: recordemos esta cómoda jornada de 8 horas (si cómoda, si no me creen pregunten a los que trabajan 12 horas diarias), gracias a los mártires de Chicago que murieron por esta causa (y la huelga del 1920 en Costa Rica), otras garantías se consiguieron en escenarios menos dramáticos, pero igual costaron mucho sacrificio, estudio y trabajo, como la licencia por maternidad, o el aguinaldo. Derechos que hoy gozamos, y que la gente no solo ignora el método de cómo se consiguieron, sino que hasta critican a quienes siguen intentando conseguir, o al menos preservar, lo que con tanto esfuerzo otros obtuvieron para nosotros.


Saliendo un poco de la esfera laboral, tenemos otros beneficios que debemos agradecer en nuestra actualidad. Podemos entrar a nuestra casa y beber agua potable directo del tubo, en otras latitudes del mundo esto es impensable (y si, soy de los que piensan que la tercera guerra mundial será por agua, razón de más para apreciarla). Tenemos la facilidad de disponer de energía eléctrica para cargar nuestros teléfonos, ver televisión, usar las computadoras, aprovechar el wifi, mantener en buen estado los alimentos y cocinarlos luego… todo al mismo tiempo. Sabemos que como mínimo una vez por semana un camión se llevará nuestros desechos, lo que nos permite evitar enfermedades a nuestras familias. Cuando una situación nos haga temer por nuestra integridad, o la de nuestros los seres queridos, solo debemos marcar el 9-1-1, y de inmediato se activan los protocolos interinstitucionales para dar atención a la emergencia que se tenga que enfrentar, sea un incendio, un siniestro natural, o la amenaza de un delincuente. Imagino que ya suponen cuál situación dejé de última, por supuesto, nada más y nada menos que nuestra seguridad social, esa C.C.S.S. de la que nos quejamos a diario, es motivo de envidia en el orbe, en momentos como los que estamos atravesando. Así es damas y caballeros, cuando vemos dolorosas decisiones como la de Italia, de dejar morir a los pacientes mayores de 80 años, o la avalancha de críticas que enfrenta una potencia mundial como Estados Unidos, por su débil sistema de salud, es cuando comprendemos que en realidad somos afortunados.


Con este preámbulo reflexionemos: en los momentos apremiantes, ¿quién acude a nuestro auxilio? (y ojo, de manera eficiente) Así es, el Estado, gracias a las bases que tenemos de Estado Social, benefactor y solidario. En serio espero que esto sea una lección para esos ingenuos, de cerebro lavado por ciertos medios de comunicación, que insisten en la disminución del Estado y la tercerización (privatización). Solo veamos a nuestro alrededor: ¿Qué grano de “arena” ha puesto el sector comandado por los neoliberales? NINGUNO. Por el contrario, se han preocupado solo por salvaguardar sus patrimonios. También ellos apuestan a que el sistema que tanto atacan a diario junto con sus servidores, si, los funcionarios a los que tildan de vagos, bochincheros y “culpables” de la crisis fiscal (aunque ya esta hipótesis está más que desacreditada), saquen pecho y los salven.


Que suerte que no hemos permitido que instituciones como el ICE, FANAL, la Caja, AyA o el INS, hayan sido privatizadas, o, en situaciones como esta, el caos estaría imperando en este bello país. ¡DE NADA! Vamos a ver si siguen con su tozuda e ingenua cantaleta de todo mercado y nada Estado.


Ahora bien, observemos todo este panorama con otra óptica, curiosamente, salvo el personal médico, los demás servidores esenciales para nuestra sociedad son los que menos ganan, especialmente si consideramos, proporcionalmente, la importancia de su labor y el nivel de riesgo que afrontan con la remuneración percibida. Que injusto entonces que servidores como policías, recolectores de basura, fontaneros, electricistas, agricultores, rescatistas, personal de seguridad, custodios, cocineras de comedores escolares…y un gran etcétera, siendo trascendentales en nuestra vida, se les vengan desmejorando sus condiciones laborales y personales. Espero no topar con nadie que haga gala de una pronunciada estupidez, argumentando que estas labores no requieren de ninguna preparación técnica o experticia especializada.


En verdad espero a que una vez superada toda esta angustiante situación le demos más valor como país a todos esos abnegados servidores, que sacrifican tiempo, familia y su propia vida para que nosotros podamos seguir con nuestros derechos, facilidades y garantías, propias de este maravilloso Estado Social, que con todo y sus fallas (políticas en su mayoría), son la base de la identidad que tenemos como país.


Se ha visto un sencillo pero simbólico tributo a estos funcionarios, vía redes sociales, en el que las personas dedican un aplauso a sus labores, en señal de agradecimiento. Desde ANEP nos unimos a este aplauso, aunque pecaré de jactancioso, pues con orgullo puedo pavonearme de que, en nuestra organización, ese reconocimiento se los damos a diario, y la prueba de ello es labor responsable que como sindicato hemos sostenido en nuestras luchas, por preservar todo ese aparato social, que hoy, en tiempos de crisis, responde con fortaleza. ¡Para nosotros es un honor!


Un aplauso no basta. En serio espero que, al superar la crisis experimentada, en la retina e imaginario de la población quede la información de la grandeza de nuestra institucionalidad, y comprendan la importancia de defenderla. Que antes de criticar los movimientos de humildes trabajadores, que se juegan el pellejo a diario, para que los demás podamos conservar nuestras comodidades, piensen que en verdad ellos merecen estar mejor, y la verdadera solidaridad del tico salga a la luz. Un aplauso no basta, necesitamos de apoyo real para alcanzar una verdadera justicia social, ahora que ya comprobamos la inmensa importancia de estos trabajadores que son de otra categoría. ¿Los apoyaremos en el futuro, como se lo merecen, o seremos malagradecidos y les daremos la espalda?...


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