Un David sin Goliat

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


De ninguna manera podría ni quiero justificar la violencia física del Dip. David Gourzong en contra del asesor legislativo, Giancarlo Casasola el martes 12 de mayo pasado. Sin embargo, para que los costarricenses valoren el hecho en su verdadera dimensión, y, para que tengan mayores elementos de juicio, me permito señalar algunos ángulos poco conocidos de la cultura, educación y filosofía de las familias tradicionales limonenses que bien vale la pena revelar a propósito de ese incidente.


Resulta que, históricamente, en nuestros hogares fuimos educados con el concepto de que nuestras madres son sacrosantas. Lo anterior por el papel que juegan dentro de nuestras familias. Tanto así que, no está en nuestro vocabulario la frase que, por cierto, aún hoy, me cuesta pronunciar: “Hijo de puta” (hp).


Y me cuesta pronunciarla, porque la mayoría de los limonenses crecimos conscientes de que, dicha expresión representa un enorme irrespeto para toda persona, y más así para su madre, aún en el caso extremo de que esta fuera una prostituta. Por eso, y por el alto pedestal en que tenemos a nuestras madres, crecimos venerándolas, y a través de ellas, al sublime concepto de ser madre. De tal manera que, no es extraño que, en el transcurso de su vida, muchos limonenses nunca han pronunciado la frase “hp”, porque dicha expresión no se encuentra en su vocabulario. Lo anterior, ante su profundo significado despectivo y alienante, y porque la consideramos un insulto y una gran agresión a la dignidad de la persona; y, sobre todo, un inaceptable irrespeto a su madre, que no suele tener “velo en el entierro”. O sea, crecimos considerándola una de las peores afrentas que se le puede hacer a una persona.


Aclaro que nuestros papás han sido grandes héroes proveyéndonos, imponiendo disciplina en nuestro hogar, dando el ejemplo e impartiéndonos grandes enseñanzas, y mucho más; pero son nuestras madres, las que suelen colocar a sus hijos “sobre sus hombros y correr con ellos” las 24 horas del día.


Por eso, y por el permanente homenaje que rindo a Doña Perla, mi madre; casi todos ustedes la han llegado a conocer por medio de mis escritos o conversaciones sin haberla conocido.


En otro orden de cosas, en Limón crecimos en una sociedad en que las palabras siempre son importantes. Porque en cuanto a esta, la filosofía de nuestros padres se resume en la siguiente frase: “Es más fácil que niegue mi firma, que niegue mi palabra”. Y así con esos principios fuimos criados.


En mi caso personal, ya durante mi adolescencia y juventud, cuando empecé a tener mis primeros contactos con gente con otros valores, costumbres y paradigmas; pude escuchar con asombro la ligereza con que muchos festinaban con la frase “hp” en sus conversaciones cotidianas. Eso fue quizás el mayor choque cultural que experimenté en mi relación con otras gentes fuera del Caribe. Y confieso que aún hoy, no me acostumbro, ni quiero acostumbrarme a la liviandad con que se suele usar esa expresión cuyo significado real es profundamente afrentoso y lacerante.


Me ha tocado oír padres, madres e hijos; o sea, familias enteras llamarse o referirse los unos a los otros como “hps”; expresiones entre ellos tales como: “Ydiay “hp”, usted no entiende”. “No sé qué le pasa a tu “hp” madre que no hace caso”, etc., etc. Eso me contrista el espíritu.


Hace algunos años viví la siguiente experiencia; un socio y amigo que me invitó a su casa; tenía un niñito si acaso de año y medio; y ya sentado en la sala, se acercó el chiquillo aún en pañales y su padre le dijo: Bebé, saluda a don Clinton, y éste, mirándome fijamente y queriéndome impresionar con su recién aprendida capacidad de hablar me dijo: “hp”, “hp”, “hp”…; y no paraba de repetir la que quizás fue la primera frase que aprendió a pronunciar en su corta edad. Su padre se ruborizó de la vergüenza; y yo, ante ese momento tan incómodo, a fin de que mi amigo no se sintiera mal, le dije: ¡Wao, qué chiquillo más avispado!, se ve que es muy inteligente, deben canalizarle esa energía e inteligencia para que llegue a ser un gran hombre. Y mi amigo llamó a la madre del chiquillo para que se lo llevara, y cambiamos de tema.


O sea, entendí que una de las primeras palabras que aprendió a decir ese inocente niño, fue “hp”, porque esa era la palabra que con mayor frecuencia se pronunciada en esa casa. Y luego supe que así se trataban todos en esa familia.


Sobre los asesores de los diputados


Desde hace ya algunos años, he venido notando que muchos de los asesores de los diputados, especialmente los nuevos, se han llenado de ínfulas, y, en no pocos casos, tratan de “igualarse a los diputados”, desconociendo la siguiente NORMA NO ESCRITA que los rige: “Los asesores no somos el diputado porque ningún pueblo votó por nosotros para que estemos en la Asamblea Legislativa. Por lo tanto, no tenemos más que opiniones bajo el juramento de reserva, lealtad y confidencialidad”. Sin embargo, hoy, dicha norma es letra muerta para muchos asesores, y más aún para algunos de los noveles.


Ante el anterior despropósito y desatino, no quiero eximir a los diputados quienes en mucho son los culpables de alimentar dichas ínfulas; porque a veces suelen delegar en sus asesores, gran parte de sus propias responsabilidades que, como tales, se supone indelegables. Lo que explica en mucho, que no pocos asesores se “hinchen” sintiéndose “Diputados Virtuales”.

El respeto por la investidura de los diputados


Los que me conocen saben que no soy, ni seré nunca una persona anclada en el pasado; todo lo contrario, mi visión está siempre enfocada en el futuro; pero la verdad es que, otrora era impensable que un asesor se refiriera a un diputado como un “hp”, y mucho menos como en este caso, calificando así a casi la mitad de los señores congresistas actuales (26). Por lo que, permítanme cantinflear y decir, que entiendo que hoy, es hoy; y en ese sentido, nuevamente con la venia de cada uno de ustedes, tomo prestado la inolvidable advertencia del Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha, para decir: “Cosas veredes amigo Sancho”.


Concluyo subrayando que, el incidente Gourzong-Casasola, nos da valiosas enseñanzas a saber:


  1. Que las palabras son importantes y que, por lo tanto, nunca se debe involucrar a ninguna madre en nuestras diferencias, iras o enojos; porque existen aún muchas personas que darían su vida por defender la memoria de la suya.

  2. Que todos somos iguales ante la Ley, pero aún así, para preservar nuestro sistema de convivencia, es preciso que mantengamos en respeto a las investiduras.

  3. Que tengamos mucho cuidado de sólo condenar la violencia física como la única inaceptable en nuestra sociedad; porque existen otras formas de violencia y de agresión que pueden desatar reacciones impredecibles e insospechables en todos nosotros.

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