Un dogma peligroso

Luis Paulino Vargas Solís (*)

Economista/Director CICDE-UNED


Cualquier cuestionamiento a la ley 9635 -el famoso plan fiscal de Carlos Alvarado- es automáticamente descalificada como “defensa de privilegios”. Se elude así entrar a considerar si hay algo razonable, que merezca ser tenido en cuenta. Funciona como usualmente lo hace cualquier discurso dogmático: es innecesario demostrarlo, como imposible discutirlo. Simplemente es así porque es así.


Es inútil intentar un debate democrático y racional con toda esa gente -del ámbito empresarial, político y mediático- parapetada detrás del dogma. Se sienten omnipotentes y consideran que esto ha de resolverse a puro chilillo y garrote.


Y, sin embargo, la ley en mención tiene problemas nada despreciables. Es, primero, una concreción jurídica defectuosa, que en algunos aspectos es oscura (en lo de los “derechos adquiridos” es, como mínimo, ambigua), y en otros pone en tensión incluso normas de rango constitucional. No es poca cosa, y si hubiera un mínimo de sensatez y seriedad, se reconocería que ello representa un serio problema.


Pero, además, es una ley diseñada desde un criterio fiscalista sumamente estrecho. Se han aferrado al error de creer que el problema fiscal es un problema en sí mismo, y no una cuestión que tiene causas y ramificaciones mucho más amplias y complejas, y, además, insisten en verlo como un problema puramente contable, asunto tan solo de sumas y restas.


Ese enfoque es erróneo y peligroso. Puede que la propia ley 9635 no logre sobrevivir a sus fallas de origen, pero antes de llegar a ese punto ocasionará muchos estropicios.


(*) Economista, catedrático universitario,

director desde 2010 del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE-UNED).

Ha sido profesor en la UNED, UNA y UCR.

Ha publicado 12 libros, y Premio Nacional Aquileo Echeverria, categoría ensayo, en 2010.


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