Una solución a la pobreza: “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A


Todos nos preguntamos ¿por qué con tantos programas e instituciones para combatir la pobreza en nuestro país, esta sigue siempre en aumento? Por supuesto que la respuesta no es sencilla. Por un lado, se puede argumentar la ineficiencia de esas instituciones a la hora de enfrentar lo que se supone su principal objetivo, y otras mil razones más para explicar dicho fracaso. Sin embargo, creo que el problema está en el génesis mismo de la visión, y consecuentemente, de las ideas y soluciones que por años hemos planteado para dar respuesta a la que por mucho es la principal función de todo estado democrático: promover e impulsar políticas para disminuir la pobreza; mientras dicta y fomenta políticas para aumentar la riqueza entre la mayoría de sus ciudadanos.


Las tres visiones para enfrentar y derrotar a la pobreza


Existen básicamente tres visiones para enfrentar y derrotar la pobreza; algunas funcionan y otras son un completo fracaso. Y desgraciadamente, la mayoría de los países son atraídos por las que no funcionan y más bien, tienden a aumentar el mal que pretenden eliminar. Veámoslas:


  1. La visión de un estado asistencial.

  2. La visión de que cada uno debe jugársela como puede para resolver sus problemas., y

  3. La visión que se basa en el concepto de “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”.


La visión de un estado asistencial


Este es el caso típico en que se crea una serie de instituciones y programas para asistir a los pobres con la esperanza de rescatarlos de las terribles garras de la pobreza. Este es el caso costarricense, y si bien es cierto que pasamos de entre el 40% y el 50% de nivel de pobreza entre principios hasta mediados del siglo pasado, para estancarnos para gravitar en alrededor del 20% en los últimos 30 años (sin contar el COVID-19), la verdad es que esa disminución no se debe a los programas asistenciales, sino al acceso a salud, educación, agua potable y a una serie de servicios que vinieron a mejorar significativamente la condición general de los costarricenses.


La visión de un estado asistencial, lejos de solventar el problema de la pobreza, ha venido a perpetuarla y aumentarla, por cuanto dicha visión se basa en dádivas que terminan postrando a sus receptores y creando una terrible dependencia entre ellos y el Estado. O sea, el asistencialismo más bien suele victimizar a sus receptores volviéndolos inútiles.


Por eso suele pasar que gente que se la está “jugando” ciertamente con dificultades, terminan perdiendo su capacidad de “jugársela” al ser atraídas por la aparente comodidad de sentarse y recibir la ayuda del Estado.


Por eso, el asistencialismo sin ninguna contraprestación de servicio es como un “Tobogán de Descenso Social” hacia la pobreza extrema y la dependencia. Y de esta manera, esta visión en la práctica se ha convertido en una enorme incubadora de pobreza y de dependencia entre muchas familias costarricenses.


La visión de que cada uno debe jugársela como puede para solventar sus problemas


Este no es el caso específico de nuestro país, pero si el de muchos países en que el estado está secuestrado y consecuentemente, comprometido con los intereses de un pequeño grupo que constituye la élite nacional. Por lo tanto, no se ocupa ni tiene políticas para auxiliar a los más vulnerables e indefensos. Estos tienen que ver cómo se las agencian para subsistir junto a sus familias. Asimismo, suelen tener limitado acceso a servicios de salud, educación, agua potable y a otros servicios fundamentales.


Sin embargo, en los últimos años, este esquema o visión de un estado indolente e indiferente frente a las necesidades de sus grandes mayorías, ha venido siendo sustituido por el estado asistencial en la mayoría de nuestros países. Claro con las terribles consecuencias señaladas anteriormente. O sea, son sociedades que dan un salto del fuego hacia la sartén caliente, pretendiendo encontrar alivio. O sea, están sometidos a prácticamente las mismas limitaciones, y se mantienen en una gran pobreza y dependencia.


La visión de ayudar a la gente a ayudarse a sí misma


Desde hace ya algunos años, venimos proponiendo la visión cuyo epicentro es: “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”. Y seguimos creyendo que es la mejor manera de atacar y disminuir considerablemente la pobreza y la dependencia que son dos caras de la misma moneda de la injusticia.


No se trata de dar dádivas ni de ignorar a las grandes masas de población débiles y vulnerables. Se trata de convencerlas de que sí pueden y que tiene un estado que está presto para darle una mano. Se trata de crear en esos costarricenses la ilusión y la esperanza de un futuro mejor para ellos y sus familias, siempre y cuando están dispuestos a hacer lo propio esforzándose. Este concepto de: “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”, abre todo un mundo de anhelos y de optimismo; de promesa y de confianza; o sea, y como se dijo antes, un mundo de ilusión y de esperanza de un futuro mejor para todos.


Hemos podido comprobar una y otra vez que ni el más pobre desea permanecer en el terrible círculo de la dependencia; por el contrario, que su mayor anhelo es recibir un empujón que le permita salir adelante con su propio esfuerzo y sobre todo con dignidad.


El mayor avivador y preservador de la dignidad que tenemos dentro todos los seres humanos es la ayuda que nos permite ayudarnos a nosotros mismos.


El diseño del sistema y sus componentes


Para avanzar hacia la concreción de la visión de “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”, será necesario una verdadera revolución mental o una operación quirúrgica en el corazón y la mente de toda la sociedad, empezando por los políticos y gobernantes, pasando por la sociedad misma y por supuesto por nuestros conciudadanos. Será preciso que eliminemos nuestra vieja manera de hacer las cosas para comenzar a pensar en las ideas, propuestas y soluciones que viabilicen todo un nuevo modelo de ser y de comportarnos todos, a fin de adoptar la nueva filosofía de: “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”.


Concluyo señalando que como todo lo nuevo y valioso, no será fácil, pero la verdad, por ahora no encontramos otra alternativa frente a la creciente desigualdad, marginación y exclusión social que son los principales promotores de la pobreza y dependencia que crece día con día frente a nuestras propias narices.


No hay duda alguna de que la visión de un nuevo modelo de convivencia sustentada en el maravilloso concepto de: “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”, no sólo es atractiva, sino que nos llena de ilusión. Y Costa Rica, una vez más puede ratificar su excepcionalismo como país y como nación al construir un nuevo modelo de convivencia práctico y sobre todo funcional que puede ofrecer al mundo.


Por eso invito a todos mis compatriotas para que trabajemos juntos para construir la nueva sociedad costarricense del Siglo XXI, que gravite en derredor del simple concepto de “Ayudar a la gente a ayudarse a sí misma”.

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