Unificación de Cuerpos Policiales: ¿Mejora de la Efectividad o Involución de la Técnica?

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional de ANEP


Con el reciente anuncio del operativo de seguridad ciudadana de diciembre, y la idea de todos los cuerpos policiales laborando bajo una sola vos, como lo indicaron algunos mandos medios de diversas instituciones, saltó a la palestra, una vez más, el tema de la posibilidad de unificar en un solo órgano a todos los cuerpos policiales. Este planteamiento, que no es para nada novedoso, ya se ha escuchado dentro de las recomendaciones de figuras que han tenido importante participación en el ámbito de la seguridad, sea desde la posición de exministros o se asesores “expertos” en seguridad, (aún me pregunto cómo se consigue ese título, pero eso es otro tema). Es importante mantener el cuestionamiento de cuántos de los que apoyan esta iniciativa han sido policías, y no responden a intereses políticos o populistas.


No hace falta tener mayor preparación académica para comprender que el ser humano posee un desenvolvimiento multidimensional en la sociedad, por lo que, cada uno de los factores a los que se expone ostentan la posibilidad de ahondar cada vez más en la búsqueda de la mejor comprensión de los mismos. Es justo bajo esta premisa que se da la especialización de las ciencias, y es gracias a estos preceptos que ramas trascendentales para la humanidad, como la medicina, han mejorado y evolucionado considerantemente. Ni qué decir lo que ha acaecido en otros campos profesionales, como la tecnología o el derecho. En pocas palabras, parte de la evolución del ser humano y de la optimización de los servicios de los que diariamente hace uso, es gracias a la especialización.


Aglutinar a todos los cuerpos policiales bajo un mismo poder de dirección, disponiéndoles a ejecutar todos los objetivos legalmente establecidos en cada bloque normativo que exige nuestro marco jurídico vigente, no es otra cosa más que una involución total en materia de seguridad. En lo que compete a los temas técnico-policiales, al igual que las demás áreas profesionales, existe una innegable demanda de personal, que se especialice en el abordaje de problemas específicos. En virtud de ello, es que contamos con equipos que mantienen funciones asignadas previamente, para las cuales fueron capacitados con énfasis en sus propias áreas, como la armería, comunicaciones, análisis de situación, coordinación táctica operativa, coordinación logística, capacitación, legislación específica del campo de la justicia…entre muchas otras.


Se debe comprender que, si a lo interno de un solo cuerpo policial se fragmentan todas estas áreas; ¿Cuántas labores distintas y específicas se requieren, ante las obvias particularidades de cada función policial? Quienes se desempeñan en la atención del tránsito vehicular y vías terrestres requieren de una formación y experticia completamente distinta de la que se necesita al custodiar a personas que cumplen una pena por sus acciones delictivas. Es distinto el trato de servidores públicos avocados a la atención de la seguridad de una terminal aeroportuaria, a la de aquellos que se juegan su integridad en operaciones encubiertas, por el bien de una investigación contra un presunto traficante de sustancias ilícitas. El equipamiento y experiencia que requieren aquellos que protegen las zonas fronterizas de la nación, es, por amplio margen, distinto al que necesitan quienes se dedican a la seguridad de zonas turísticas o el control de contrabando de especias. Y así, se puede continuar extendiendo un sinfín de ejemplos, sobre las diferencias y la necesidad imperiosa de fortalecer la especialización de cada cuerpo policial. Juntarlos a todos y darles las mismas potestades, es sinónimo de destruir los avances históricos de un área técnico-policial, que en sí misma, aún se encuentra en pañales en Costa Rica. ¿Vale la pena arriesgar eso con un experimento carente de verdaderos estudios científicos que lo respalden?


Es comprensible que el proyecto de fusionar a todos los cuerpos policiales surja como una medida paliativa para la falta de recurso humano, empero, esta posición posee más tintes de populismo, que de verdaderas soluciones para el país. “Mejorar” la presencia a vista de los ciudadanos no soluciona los retos a los que se enfrenta cada ente policial, que, acorde a su naturaleza, también, se deben enfrentar a problemas muy particulares, porque damas y caballeros, la delincuencia si ha apostado por especializarse, una de las tantas razones por las que siempre van un paso por delante.


Si lo que se ambiciona es una coordinación de ensueño entre las policías, y se piensa que la idea de unirlas todas bajo un mismo mando puede mejorar la comunicación y pronta atención de una escena, se entiende la buena voluntad en la teoría. Sin embargo, basta con un poco de experiencia para comprender que arreglar el tema de la coordinación entre cuerpos policiales, a partir de una desmejora en las bases históricas de cada institución, es un precio muy alto a pagar, para un, reitero, experimento, que no se tiene certeza vaya a dar lo réditos esperados. Y eso dejando de lado el riesgo que significa el colocar el mando de todas las funciones policiales sobre una sola figura, expone a que los errores de la misma tengan secuelas en diversas dimensiones de la seguridad ciudadana, y todo lo que ello conlleva.


En conclusión; antes de pensar en experimentos locos o medidas desesperadas, se debe apostar a la mejora de condiciones laborales, de capacitación, especialización y fortalecimiento de cada cuerpo policial. Todo ello incluido como un acápite base de una propuesta de política de seguridad ciudadana y criminal, que nuestro país sigue adeudando frente a la población, pese a los macabros escenarios que estamos testificando. ¿Cuándo el tema de seguridad será tomado con seriedad por la clase política?