Venas antisindicales en el Gobierno del Bicentenario

Actualizado: nov 9

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional de ANEP


Poco tiempo de esta Administración autodenominada “gobierno del bicentenario”, fue suficiente para que se dieran a conocer sus verdaderos ideales. Rápidamente, salió a relucir una agenda enfocada en proteger a los grandes acumuladores de la riqueza, y con ello, un ataque desmedido contra la clase obrera y otros sectores vinculados.


Claramente, la defensa férrea de las organizaciones sociales no se hizo esperar, especialmente, en aquellos acostumbrados a establecer oposición a las condiciones desventajosas de la clase trabajadora; los sindicatos. El rechazo público de las estrategias gubernamentales, manifiestamente enfocadas a salvaguardar los intereses de los poderosos neoliberales, reincidentes usuarios de la evasión e ilusión fiscal, dicho sea de paso, fue sinónimo de firmar la declaratoria de “guerra” (imaginemos una especie de mini guerra fría).


Me disculpo anticipadamente si la fatua afirmación que haré a continuación, y que, me hincha el pecho de orgullo, afecta alguna sensibilidad. Pero, es un hecho ineludible que, es ANEP el sindicato de más incidencia política, mediática y de mayor diversidad representativa en nuestra sociedad, y por ello, se convirtió en el enemigo número 1 del poder real y los esbirros gubernamentales que le sirven.


De esa manera, las y los líderes de las bases con las que ANEP entabla su incansable defensa pro clase obrera, se convirtieron en objetivos a los que apuntan inmisericordemente con el vil afán de afectarlos negativamente y debilitar la estructura.


Con este panorama, los dos poderes, el real y el formal, aplicaron sus vetustas estratagemas, clasificadas en: la división (con ayuda de los medios de comunicación que son parte de este grupo) y el ataque individual para vulnerar personas específicas (infundir temor en sus opositores).


Así fue como nacieron los montajes que hemos presenciado. Situaciones específicas de personas acusadas incluso a nivel penal, para amedrentar a los demás, intentado quitarles la libertad y hasta el sustento, propio y de sus familias. Recordemos los casos del joven de RECOPE, el trabajador de la Imprenta Nacional, algunos comunicadores y comunicadoras independientes, y, por supuesto el mismo secretario general de ANEP. Ahora, más recientemente, se viene experimentando el uso de la propia institucionalidad (esa con la que tanto se enjuaga la boca el gobierno) para acosar con causas disciplinarias a dirigentes de usual labor de denuncia, como en la Seccional ANEP-Policía Profesional de Migración y Extranjería.


A todo esto, se le deben sumar los miserables intentos orquestados en algún momento en mesas de trabajo del mismo grupo neoliberal, por diluir a la ANEP. Así como, los fracasados proyectos de ley que han intentado penalizar, criminalizar y erradicar (ni en sus sueños más húmedos), las huelgas y actos de manifestación pública.


Afortunadamente, el tiempo y la justicia nos ha venido dando la razón, y librando paulatinamente a las personas injustamente acusadas. El mensaje es claro, espero que los marionetistas y sus títeres, tanto en la casa de cristal como en el gabinete, lo comprendan: los luchadores sociales no le temen a ser chivos expiatorios, eso solo da más fuerza y motivación al movimiento de oposición.


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