¿Y ahora, qué hacemos?

Ing. Clinton Cruickshank S., M.B.A.


En el pasado, y con una serie de grandes líderes políticos y estadistas como don Pepe, logramos crear lo que vengo llamando “las escaleras de ascenso social” para que fueran aprovechadas por las familias costarricenses, especialmente por las más humildes, para salir de la pobreza y pasar a formar parte de la frondosa clase media del país. Dichas escaleras representan oportunidades de acceso a salud, educación, agua potable, electricidad, nutrición, y más. O sea, una robusta Red de Seguridad y Solidaridad Social construida a partir de la promulgación de las Leyes de las Garantías Sociales del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, y, potenciada y consolidada por la inédita visión-país de los grandes patriotas constituyentes que fundaron la Segunda República; plataforma que promovió y facilitó la creación del extraordinario conjunto de instituciones de servicio ciudadano que vino a construir y viabilizar dicha Red.


Hoy no cabe la menor duda de que, ese conjunto de esfuerzos patrióticos son los responsables de que Costa Rica, en menos de 35 años pasara de ser el país más pobre de Centroamérica a convertirse en uno de los más prósperos de la América Latina. Sin embargo, por descuido y a falta de medición del desempeño de la labor y eficiencia de dichas instituciones, la gran mayoría de ellas, presas del flagelo de la ineficiencia, fueron apartándose de su verdadero compromiso y razón de ser. Y lo anterior sumado a otros factores no menos importantes, nos desvió del camino trazado originalmente y, en los últimos años lanzándonos al enorme precipicio de la desigualdad cuyos principales hijos son la marginación y la exclusión social.


Por lo tanto, la pregunta que procede hoy es: ¿Y ahora qué hacemos? para volver a tomar la senda que nos lleve a la “Tierra Prometida”.


Es importante señalar para subrayar que hoy necesitamos de dos niveles de respuestas. Por un lado, una respuesta de emergencia que nos rescate del precipicio en el que nos precipitamos peligrosamente; y, por otro lado, una serie de propuestas, acciones y soluciones que nos permita retomar el camino al desarrollo y de la construcción de una sociedad más igualitaria y de mayor bienestar para todos los costarricenses.


Requisitos para responder a la pregunta: ¿Y ahora qué hacemos?


Para responder a la pregunta: ¿Y ahora qué hacemos?, es fundamental tomare en cuenta varios aspectos a saber:


  1. Que esa pregunta la estamos haciendo nosotros como ciudadanos.

  2. Que, aunque nosotros somos el soberano, eso no quiere decir que nuestras propuestas van a ser necesariamente atendidas y tomadas en cuenta.

  3. Que lo anterior depende no sólo de nuestro gobernante, sino y muy especialmente de su humildad, disposición y capacidad de escuchar y atender el llamado de sus conciudadanos a quienes se supone representa.


Hicimos las anteriores aclaraciones por cuanto, curiosa y paradójicamente, en los últimos años los gobernantes suelen ser presa de dos de los peores enemigos de los políticos: La ignorancia y la arrogancia. Dos enemigos que juntos constituyen un coctel o una pócima que hace muy difícil que estos escuchen y acepten ayuda de sus representados, o sea, del soberano. Porque curiosamente, la ignorancia y la arrogancia suelen provocar en los gobernantes que las padecen, un sentimiento de inferioridad por creer que el aceptar el concejo y apoyo de sus gobernados los demerita, cuando, por el contrario, involucrar a sus conciudadanos y aceptar sus valiosos aportes para mejorar la gobernanza no sólo constituye un gran homenaje a la democracia, sino que, es la esencia misma de esta. Y, por cierto, es la tendencia hacia una donde esta encamina; porque la única manera de canalizar el nuevo activismo ciudadano del Siglo XXI será avanzando hacia una Democracia de Alta Intensidad, dicho más claramente, hacia una democracia más ciudadana, si me permiten la tautología.


Por lo tanto, si nuestros gobernantes de turno no tienen ese claro entendimiento y permiten que la ignorancia y la arrogancia los ciegue, entonces la pregunta: ¿Y ahora qué hacemos?, sólo sería una pregunta retórica porque no tendría respuesta útil, lo cual sería muy desafortunado para nuestra democracia.


Por todo lo anterior, es que una de nuestras mayores insistencias con nuestros estudiantes del “Curso de Liderazgo Político del Siglo XXI” ha sido siempre: Es indispensable que hagan el más mayor esfuerzo por eliminar la ignorancia y la arrogancia de sus vidas, porque estos son los peores enemigos de los líderes políticos. Porque los líderes políticos que se dejan invadir por la maleza de la ignorancia y la arrogancia, suelen llevar más del 50% de la guerra perdida desde el inicio mismo de su gestión gubernamental en cualquier nivel de gobernanza.


¿Y por qué la Ignorancia y la arrogancia son tan determinantes en la vida los líderes políticos?


La verdad es que la ignorancia y la arrogancia son grandes enemigos de todas las personas en general; sin embargo, subrayamos el caso de los líderes políticos por lo que ellos significan para la vida presente y futura de todos los ciudadanos.


Ahora bien, en el caso de los políticos, dichos flagelos son determinantes porque, por un lado, nadie va a seguir a un ignorante cuya falta de conocimiento y de cultura suelen ser obvias y proverbiales. Y porque, además, tampoco van a seguir a un soberbio o arrogante que suele ser un gran “cae mal”. Así que esas simples razones deberían ser suficientes para que los aspirantes a convertirse en líderes en cualquier campo, pero singularmente en el campo político, se desvelen por desarraigar ambos flagelos de su vida.


Concluyo señalando que, estos tiempos dramáticos que estamos viviendo, no sólo justifican, sino que, requieren del aporte de todos los costarricenses para “desatascar la carreta de la patria” del lodazal en que se encuentra para re-enrumbarla hacia la senda del desarrollo y bienestar de todos los costarricenses. Y ante estas circunstancias, quiera Dios que nuestros actuales gobernantes entiendan que sólo trabajando juntos, en un gran equipo nacional constituido con ellos como nuestros líderes y gobernantes y nosotros como sus conciudadanos, podremos llegar a nuestra “Tierra Prometida” en donde fluye leche y miel para todos.

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