Y en 2022: ¿Por quién votar?

Jonathan Flores Mata

Criminólogo

Directivo Nacional de ANEP


En medio de la desagradable experiencia de gobierno que nos ha obsequiado esta nefasta Administración: Alvarado Quesada, se nubla el panorama al volcar los ojos al futuro cercano y preguntarse: ¿Por quién votar en 2022?


Luego de 2 periodos del PAC al frente del poder Ejecutivo del país, con una clase trabajadora en el suelo, con el desempleo en las peores condiciones de la historia, la inseguridad creciendo desmedidamente y la estabilidad laboral cada vez más incierta que nunca; es difícil conservar esperanza de un cambio positivo.


Y esa es la historia reciente, los antecedentes históricos nos hablan al oído sobre una clase política proveniente de bases del PLN y el PUSC, enredados en temas de corrupción, tráfico de influencias, culpables de atrofiar la obra pública, no adoptar políticas claras en seguridad ciudadana y otra tonelada de situaciones reprochables.


Ahora bien, a diferencia de lo que acontecía antaño, donde las y los políticos se agrupaban según la afinidad de sus convicciones ideológicas, en la actualidad, esos preceptos fenecieron. A la clase política actual le da igual el basamento del partido que le acuna, pues el partido político al que pertenecen es solo el medio para conseguir sus ambiciones personales, o la de sus padrinos económicos.


¿Murieron las ideologías? No, lo que murió fue la utilización de las mismas como hoja de ruta y planificación de las y los políticos.


Sobre las “nuevas” opciones de partidos emergentes, es fácil darse cuenta de que no son realmente nuevas, al constatar que las figuras que le componen provienen justamente de estas bases bipartidistas de otra época. ¿Todos y todas vienen del mismo lado? Así es.


Eso explica que un día pertenecen a una agrupación política, al siguiente se declaran independientes, y luego figuran bajo los colores de otra bandera.


Mi mayor temor como ciudadano para el 2022 es revivir lo que sucedió en 2018. Un pueblo costarricense con el espejismo de ver una contienda electoral, cuando los hilos son movidos por la misma mano de guante blanco, en todas las “opciones” disponibles.


Me refiero a que al final, el verdadero poder de decisión lo tienen quienes pagan las campañas políticas, los banqueros con afinidades en medios de comunicación, esos dueños de la deuda pública, los “socios” de decenas de sociedades con enormes millonadas que en algunos casos se mueven al vals de la evasión, la elusión fiscal, el blanqueamiento de capitales y otras modalidades de crimen organizado.


En otras palabras, me refiero a los que hoy por hoy le dicen al presidente lo que tiene que impulsar, a la Asamblea Legislativa lo que debe aprobar, y a las y los Magistrados, cómo tienen que resolver los temas claves. O sea, el poder real, los autores verdaderos de la alineación política de los 3 poderes de la República.


Lamentablemente, la consternación me desborda, me es imposible extender al menos una recomendación de por quién votar en 2022, porque al final la experiencia me atemoriza con la premonición de que el resultado será el mismo, independientemente de cual bandera se corone con la victoria formal en las urnas. Por el momento, lo que puedo ofrecer con toda humildad es el consejo de que nos informemos bien, que abramos los ojos, identifiquemos y señalemos a los culpables de todo lo que sucede en el país, y con ello, de existir una opción diferente en el futuro, seamos capaces de detectarla e impulsarla.

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